Tema: “Recomendaciones para una buena cobertura social y ejercicios para conseguirlo”
(Relatoría de desayuno con María Teresa Ronderos)
Apuntes de Paloma Alcántara, Nayeli Roldán y Marcela Turati
Archivo de Mayo 2007
SE VENDE MUJER PARA MATRIMONIO
In General on Mayo 10, 2007 at 10:11 amEn La Montaña de Guerrero, las parteras acuñaron una tarifa en pago a sus servicios: si nace varón, cobran 800 pesos; si es mujer, 300 pesos, en consolación a la familia.
El dato es un reflejo de lo que vale la vida de las mujeres en la zona más pobre del país, en el México que tiene niveles de pobreza equivalente a países africanos y registros brutales de violencia que no raras veces terminan en feminicidios.
EL DRAMA DE EPIFANIO LABRA (UN ASUNTO DE USOS Y COSTUMBRES)
In General on Mayo 10, 2007 at 10:08 amEL DRAMA DE EPIFANIO LABRA (UN ASUNTO DE USOS Y COSTUMBRES)
En las comunidades mixtecas que viven en la sierra que comparten Oaxaca y Guerrero, los matrimonios son negociados en una transacción comercial, llamada dote, en la que la novia no interviene. El precio por una esposa puede ser de 25 litros de aguardiente o hasta de 50 mil pesos, y se pueden tener tantas mujeres como se pueda pagar y mantener
Por Marcela Turati/Publicado en el diario Excélsior
El drama de Epifanio Labra comenzó aquel día de octubre en que unos policías neoyorquinos golpearon la puerta de su departamento del Bronx y lo encontraron a medio episodio de violencia conyugal. El encorajinado mixteco se resistió a ser arrestado. Argumentó que tenía derecho de pegarle a su mujer, Eleuteria Margarito, de 15 años, porque era una inmadura y le hablaba a otro hombre.
“Yo pagué por ella 20 mil pesos y dos guajolotes”, alegó en valía de sus derechos sobre Eleuteria, pero estas palabras terminaron por hundirlo.
El Distrito de Nueva York lo culpó de compra y tráfico de una menor de edad con el fin de prostitución y violación, violencia doméstica e introducción ilegal al país. El castigo propuesto para el guerrerense de 33 años, por practicar en Estados Unidos los usos y costumbres de su pueblo, fue de 25 años de cárcel.
Durante el juicio “United States of America vs. Epifanio Labra”, el campesino milpero no atinaba a entender su culpa. Él sólo había hecho lo que hicieron sus bisabuelos, abuelos y padres: aunque estaba casado con otra mujer arregló el precio de Eleuteria con la madre de esta, sin consultarla si lo quería por marido, y la golpeaba cuando quería.
No entendía que su error fue haber hecho en Nueva York lo que acostumbraba hacer en Alcozauca.
El caso movilizó a la cancillería mexicana, la comisión nacional para pueblos indígenas, organizaciones sociales, funcionarios de la ONU y preocupados antropólogos. Incluso, una misión de defensores de derechos humanos viajó a la sierra mixteca para entrevistar a los abuelitos de Epifanio.
En Estados Unidos el jurado vio el video en el que los ancianos, desde su rancho, explicaban que la pareja estaba casada bajo las costumbres de la mixteca baja, que Eleuteria lo había aceptado como esposo y lo había extrañado mucho cuando migró a Estados Unidos, que en México habían tenido una relación cariñosa y que su nieto era un hombre bueno.
Luego, los abuelos Labra explicaron eso mismo, en vivo, a un grupo de abogados estadounidenses que los visitó para constatarlo.
En Nueva York, mientras tanto, Eleuteria declaraba en calidad de testigo protegido que ella había sido vendida y que Epifanio la sometía a golpes cuando quería tener relaciones sexuales.
Este caso que dejó boquiabiertos a los estadounidenses, porque avala prácticas que atentan contra la dignidad de la mujer, no es raro en México.
En las comunidades mixtecas que viven en la sierra que comparte Oaxaca y Guerrero, los matrimonios son negociados por una costumbre, llamada dote, en la que la novia no interviene. El precio por una esposa puede ser de 25 litros de aguardiente o hasta de 50 mil pesos, y se pueden tener tantas mujeres como se pueda pagar y mantener.
En ese accidente montañoso que es La Mixteca los niveles de vida son equiparables a los de África Subsahariana, la mayoría de los indígenas no sabe leer y escribir y la violencia contra las mujeres es tan normal que su inclusión hace disparar las estadísticas nacionales.
En lugares como este es normal encontrar a muchos epifanios y a muchas eleuterias.
“EUA VS. EPIFANIO LABRA”
El destino de Epifanio se amacizó a finales de 2001 o principios de 2002 –no recuerda la fecha exacta–, cuando acompañó a su hermano a una fiesta en el vecino pueblo San Antonio de las Mesas, Oaxaca, tras lomita de su natal Alcozauca.
Ahí se encontró con Eleuteria. La niña ya estaba casadera, ya tenía 12 años, la edad ideal para matrimoniarse, la que garantiza que no ha agarrado “mañas” ni ha sido tocada por otro hombre. Pronto, se apersonó con los futuros suegros, negociaron la dote y acordaron que la pagaría al regresar del viaje que haría a Estados Unidos.
Al día siguiente se la llevó de fiado. Él regresó a Guerrero con Eleuteria; su hermano con otra de las hermanas Margarito. Vivieron en la casa del abuelo por unos días y tuvieron sus primeras relaciones sexuales: pronto, él la dejó a cargo de sus dos hijos y se fue a Estados Unidos a reunirse con su primera esposa, otra mixteca, con quien llevaba seis años casado.
En el gabacho trabajó como albañil. Al año regresó a San Antonio de las Mesas a pagar la deuda contraída con los suegros. En menos de un mes, arregló con un coyote para que los cruzara a los dos la frontera, por 3 mil dólares, y en Estados Unidos pagó otros 100 dólares por una identificación falsa que permitiera a Eleuteria volar a Nueva York.
En el Bronx, la pareja procreó a Sergio y a Tania. En octubre de 2005, Epifanio fue detenido golpeando a su esposa.
“Where are you from?… When did you get married?… What is the relation that you have with them?”, preguntó en inglés un policía a Epifanio, al encontrarlo con una quinceañera y dos niños; sus hijos.
Detenido en el Departamento de Policía, Epifanio narró su historia. Entre más detalles daba, más se autoinculpaba sin saberlo.
“Labra dijo que él había golpeado a la Víctima en un par de ocasiones (…) Labra alegó que él nunca golpeó a la Víctima por resistir a sus avances sexuales, que ella sólo la golpeó por ser inmadura y por hablarle a otro hombre”, escribió el agente especial Keith Kolovich, del Departament of Homeland Security Inmigration and Customs Enforcement, en el expediente 05MAG1739, tras escuchar el relato.
Desde una casa de seguridad, Eleuteria narró también su versión de la historia. No queda claro si contaba con traductor del mixteco al inglés.
“ La Víctima dice que Labra regularmente la forzaba a tener relaciones sexuales con él (…) el tipo de fuerza que usó incluía patadas, golpes en las piernas, cuerpo y cabeza”, redactó Kolovich.
Para el agente, la culpabilidad de Epifanio era clara: estando casado compró a una menor de edad (“por aproximadamente 2 mil dólares americanos y un par de pavos”, escribió), la introdujo ilegalmente a Estados Unidos, tenía relaciones sexuales con ella contra su voluntad y la golpeaba.
Una funcionaria de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas entregó a los defensores estadounidenses un alegato antropológico sobre los usos y costumbres en La Mixteca y la tradición dote, con la que intentó salvarle el pellejo al inculpado.
“…Un matrimonio es una alianza entre familias… la dote o pago de la novia, como se dice vulgarmente, no se debe interpretar como una transacción comercial, sino como un elemento simbólico que intenta reparar la ausencia de una hija… una mujer es apta para darse en matrimonio cuando adquiere la habilidad de cocinar y cuidar la casa… cuando aparecen los signos reproductivos de la edad nubil, como son la menstruación y los pechos… ‘a una mujer mayor ya nadie la quiere’”, explicaba en el documento.
De las golpizas ni habló. Esas sí, ni cómo justificarlas. Aunque están penadas por las leyes mexicanas, son una costumbre arraigada.
El caso se resolvió ocho meses después. En 2006, Epifanio salió de la prisión del Condado del Bronx. En La Montaña de Guerrero dicen que regresó a su pueblo de origen, donde hoy vive y siembra maíz. Eleuteria ganó el derecho a divorciarse y a decidir a quién quiere para marido.
¿QUE PASÓ AL INTERIOR DE LA MINA EL DÍA CERO?
In General on Mayo 10, 2007 at 10:08 am¿QUE PASÓ AL INTERIOR DE LA MINA EL DÍA CERO?
Por Marcela Turati/Publicado en periódico Excélsior
19 DE FEBRERO DE 2006
2:00 a.m. Un ruido seco sale de la panza de la mina. Pum. El siguiente, más fuerte, viene acompañado de un derrumbe. Del cielo caen rocas, vigas de metal, pilotes de madera, tierra.
Cinco toneladas de escombros aplastan al movedor de banda José Manuel Peña Saucedo, lo tiran, lo atrapan de costado en la diagonal 17. Muere por asfixia: una montaña de roca le rompe siete costillas y le oprime los pulmones hasta la muerte. Sus últimas inhalaciones son de aire con polvo de carbón.
En la diagonal 9 queda tendido Felipe de Jesús Reyna, y otros dos o tres compañeros. En los dos kilómetros 780 metros de túnel están atrapados 76 mineros; 65 de ellos para siempre.
Minutos antes de las 2:00 a.m. Dos mil 600 metros adentro de la mina 8 de Pasta de Conchos, de Sabinas, Coahuila, y a 160 metros bajo tierra, 25 mineros están en plena maniobra de colocación del Minero Continuo, la máquina taladradora que extrae carbón.
En ese laberinto el ventilador estaba detenido (había sido apagado ocho horas antes), y el gas metano subía peligrosamente. Ya había rebasado el 1.5% permitido. Ya pasaba el 4% que lo hacía volátil.
Faltaba una chispa para que todo explotara. Una chispa que podía salir de las cajas eléctricas que no estaban blindadas como en las minas más modernas, o que podía ser producida, incluso, por la electricidad de un cabello o el roce de la ropa.
Justo en la diagonal 42, el lugar más alejado y peor ventilado, donde se ha acumulado más gas y concentrado la mayoría de los trabajadores de este tercer turno, están suspendidas las labores del Minero Continuo y su medidor de metano, el que detiene la producción cuando los niveles se disparan e indica que hay que evacuar.
2:00 a.m. y segundos. El tronido seco del fondo de la mina no viaja solo. Un “caldo hirviendo de carbón” lo acompaña. En lo oscuro, Jesús Galván lo ve venir. Por instinto se tapa la cara con las manos. La piel se le derrite; no volverá a servirle la mano. El aire lo empuja y le tumba el casco; el caldo le salpica la frente.
Por cinco minutos da vueltas, llorando del dolor. Se desmaya. Unos rescatistas lo encontrarán más tarde 700 metros adentro de la mina y tres días después despertará en el hospital.
Al mismo tiempo las estructuras se desploman en efecto dominó. El cielo de rocas se desploma sobre 76 hombres.
La endeble estructura de Pasta de Conchos no tenía mallas metálicas en el techo que contuvieran los derrumbes. Era una túnel con marcos de madera y vigas metálicas sin separadores entre sí. Con frecuencia las piedras se desprendían y lesionaban trabajadores.
Carecía de tomas de agua para sofocar incendios y elementos tan simples como botiquín o “cuerda de vida”, la que conduce a la salida cuando todo está oscuro. Los pilotes de madera no ajustaban del techo al piso; los cables eléctricos no estaban resguardados en cajas metálicas; algunas zonas estaban inundadas.
La situación de la mina no correspondía a las ganancias que deja el carbón: 130 dólares la tonelada por 280 mil toneladas extraídas al año. Las ventas acumuladas de Grupo México, al 30 de septiembre de 2006, fueron por 4,490.9 millones de dólares, un 18% mayores a las ventas del mismo período del año 2005.
4:00 a.m. Fermín Rosales despierta y se da cuenta de que está tirado en el piso. Ve tinieblas. Escucha unos quejidos cercanos, alguien más allá pide auxilio. Pregunta a la oscuridad quién está cerca. Ricardo Salazar, Marcos Marín y ‘Morlacos’ Cruz contestan. Se buscan a tientas, razonan en voz alta hacia dónde quedó la salida.
Fermín saca el autorrescatador que lleva consigo y que le dará dos horas de oxígeno. Va palpando las rocas, tentando montones de tierra, la mina deshecha como polvorón. Una peste a quemado viene del fondo y lo impregna todo.
Sale del comedor, camina 100 metros , le faltan otros 500 en subida para alcanzar la salida. Piensa que tiene la espalda quebrada y se acuerda que minutos antes –que cree que fueron dos horas— un golpe de aire lo impulsó contra las paredes y lo dejó inconsciente.
“Morlacos” Cruz Álvarez no reacciona. No entiende qué pasó. No puede incorporarse. Fermín lo toma del brazo, se apoyan y van hacia donde sienten aire.
Pasos adelante Fermín se deja vencer: el dolor en el pecho, la espalda, la cabeza, las rodillas no lo deja seguir. Se asusta al acordarse de que el cable metálico que los sacaría al exterior no funcionaba al inicio del turno.
Descubren que unas luces se acercan y se sientan a esperar el rescate.
Al mismo tiempo, a unos metros. A Marco Antonio Contreras, operador de banda, le cae una viga en el estómago y la pierna, trata de calmarse, escucha gritos de dolor cercanos. Se arrastra con una pierna hasta que topa con lucecitas de cascos y grita: “¡Vengan, atrás hay dos quemados!”, y pregunta si ya sirve el malacate.
Ayuda a sacar a sus compañeros heridos con la experiencia de salvamento que tomó en las minas de Mimosa, de Altos Hornos de México, antes de que su despido.
6:00 a.m. “T-t-engo frío…. m-e-m-e duele todo”, dice Hervey Flores a las personas que encuentra cuando despierta en el hospital.
Recurda el sonido del dinamitazo acompañado por de tanques de gas con fuga, no olvida el olor a quemado.
Una nube negra lo noqueó; le arrancó el caso, le quemó cara, manos y cabello, le flameó los ojos y rastrilló una ceja y lo tumbó al suelo sin conciencia. Cuando reaccionó palpó en la oscuridad fierros y piedras encima de su cuerpo.
Un ingeniero le decía que aguantara, que ya iban a sacarlo.
18 DE FEBRERO, UN DIA ANTES
18:00 p.m. La labor del segundo turno era sencilla: apagar el ventilador auxiliar y quitar las lonas de ventilación para colocar al Minero Continuo en otro cañón. Al apagarlo el aire se espesa. El gas comienza a acumularse y lo hará durante ocho horas.
El procedimiento era de rutina: los mineros ya no diferencian cuándo está prendido el ventilador y cuándo no, ya se acostumbraron a que mientras más avanzaban en el túnel para el corte de carbón, menos aire llega.
Avanzan más rápido que los trabajos para crear un nuevo tiro de ventilación que sea suficiente para airear los 2.6 kilómetros de pasillo. Sus patrones no esperaron los meses que faltaba para que el trabajo estuviera terminado.
22:00 p.m. Antonio sale de su casa rumbo a Pasta de Conchos. Va contento porque es su último día que trabaja.
Por la mañana había ido a misa con toda su familia para darle gracias a Dios porque había librado los peligros que lleva su oficio de minero. Tan animado estaba que había comenzado a planear su fiesta de aniversario de bodas y de cumpleaños, y anotado la lista de invitados.
Pidió a Chavis, su esposa, que ese día se pusiera el vestido con el que se habían casado, pero ella decía que ya no le entraba. Su último día de trabajo sería el último de su vida.
23:30 p.m. Comienza el tercer turno del sábado 18 de febrero.
Los mineros demoran en entrar porque las telesillas, el malacate y algunas máquinas tienen falla; acuerdan parar a las 4 de la mañana para empezar la caminata al exterior previendo que sólo así saldrían a las seis de la mañana, al final del turno, los colegas mayores de 60 años, que tenían que recorrer hasta 3 kilómetros por falta de telesillas.
Los 76 se pierden dentro de la boca mina. El gasero Mario de Jesús Coprdero no baja antes que todos para medir los niveles de gas y autorizar la entrada; en Pasta de Conchos no se acostumbra.
No se sabe si en algún momento detectó que los niveles de metano indicaban que todo era volátil. No pudo salir a dar su versión.
La orden de los trabajadores de ese tercer turno era reinstalar las lonas de ventilación y el Minero Continuo en el diagonal 42, y reencender el ventilador auxiliar. Llevaban ocho horas sin funcionar. Tampoco había metanómetro donde especifica la norma.
15 DE FEBRERO, TRES DIAS ANTES
Los resultados de la medición quincenal indicaban que en el punto más hondo de la mina, el aire ingresaba al 50 por ciento de lo normal. No llegaban los 350 mil metros cúbicos por minuto que la norma oficial establece.
Ese día y los siguientes, los mineros siguieron bajando.
7 DE FEBRERO, 12 DÍAS ANTES
El inspector federal de la Secretaría de Trabajo inspecciona la mina y verifica que la empresa hubiera cumplido las recomendaciones que desde 2004 estaban consideradas como de remediación inmediata.
Entre estas: activar los paros de emergencia a lo largo de las bandas transportadoras; reforzar el sistema de fortificación en el cielo; eliminar vigas dañadas; practicar el repolveo con polvo inerte y hacerlo de manera periódica; activar el paro de emergencia continuo número 1 y colocar válvulas de seguridad faltantes en dos recipientes sujetos a presión”.
No insiste en todas las recomendaciones, como es el caso del uso de polvo inerte que aísla posibles chispazos de carbón y evita que se expandan.
Las toneladas de polvo inerte que Grupo México había comprado alcanzaban para la mitad de la mina, no consideraron que sus trabajadores iban cada vez más hondo y no paraban nunca.
Incluso, cuando los niveles de gas superaban 1.5%, ponían una bolsa sobre el detector del Minero Continuo para que no detuviera la producción.
2005
Altos Hornos de México castiga a sus trabajadores que se rehúsan a ser reubicados de su mina recién cerrada Mimosa 2, porque perderían su antigüedad. Los incluye en una lista negra y sanciona con no recontratarlos hasta el 2007.
Los “castigados” piden trabajo en Pasta de Conchos. Varios son contratados directamente y otros tomados por General de Hulla, la empresa subcontratista que hace trabajos en la misma mina a menor paga.
Por ejemplo, un Operador de Equipo de Producción de Grupo México gana a la semana mil 500 pesos con bono y uno de General de Hulla 700.
Galván estaba entre los despedidos, llevaba 20 años en Mimosa y lo tomaron por poco sueldo en Hulla. En el accidente se quemó las manos.
OTRA VEZ, 19 DE FEBRERO DE 2006
8:00 a.m. Siete mineros maltrechos fueron rescatados e introducidos en ambulancia; cuatro salieron por su propio pie y 65 no aparecen.
En cientos de hogares de la región comienza a sonar el teléfono y a escucharse la misma pregunta: “¿Ayer fue a trabajar tu esposo? ¿Ya escuchaste lo que dice la radio?”
EL ALCALDE DE LA R-15
In General on Mayo 10, 2007 at 9:47 amEL ALCALDE DE LA R-15
Por Marcela Turati /Periódico Excélsior
Jesús Velázquez, el alcalde del municipio serrano Guadalupe y Calvo, donde se rumoraba que estaba escondido “El Chapo” Guzmán, carga una metralleta R-15.
Lo hace en la película “Plomo en la Sierra ”, que comenzó a distribuirse la semana antepasada en Chihuahua, donde protagoniza a ‘Chuy’ Castillo, un agricultor pobre caído en desgracia que en el narcotráfico ve la oportunidad de salir adelante.
Transformado en “el malo de la película”, usa armas, carga y descarga mercancía, y se enfrenta a plomazos con judiciales y soldados. El botín, sin embargo, lo reparte entre los más pobres.
El nombre del alcalde, hasta hace unas semanas desconocido, aparece en la cartelera junto al de los actores Erick del Castillo y Rafael Goyri.
“En esta película soy malo de a de veras, yo y Rafael somos los jefes de la mafia, empezamos muy humildes y fuimos creciendo, él como jefe y yo como ayudante o socio, y nos convertimos en jefes de lo que es el narco y nos peleamos contra el Ejército. Es que como el Ejército y unos maleantes me mataron a mi familia cuando andaba yo en mi labor, pizcando maíz, por eso yo supuestamente le entré al negocio malo, tratando de vengarme”, relata emocionado el priista.
La entrevista con este político-revelación se hace en una modesta cafetería del centro de Chihuahua, a donde llegó manejando su troca; ocho horas de camino mediante. Viajó a la capital del Estado a hacer gestiones y para viajar al Distrito Federal a recoger ropa, medicinas, cobijas y juguetes que le donaron para sus gobernados.
Velázquez dice que la invitación a ser actor lo tomó por sorpresa. Ocurrió cuando Goyri estaba filmando “ La Ram Blanca ”, en Guadalupe y Calvo, y lo invitó a ser extra.
“En esa película nomás era colaborador de un protagonista que era de esos malos, yo nomás lo acompañaba a pelearnos en enfrentamientos con la policía judicial, pero me destituyeron: me mataron a media película”, dice risueño.
A punto de iniciarse el rodaje del segundo filme, Goyri lo invitó a ser uno de los protagonistas; un verdadero capo de la mafia.
“En un principio no quería salir, el tema no me gustaba muy bien porque yo pensaba: ‘siendo presidente, cómo voy a estar metido en eso’, y al último pensé que una película es una película y ni modo que vayan a pensar que es cierto eso que estoy actuando”, se justifica.
Velázquez es un hombre de 45 años que tuvo nueve hermanos y es padre de familia. Vivió en su rancho, San Julián, hasta que fue elegido alcalde. No pudo estudiar secundaria (“no hubo oportunidad”, explica). Ahora se presenta como empresario, dueño de un pedazo de bosque y, últimamente, como actor.
–¿Y quién gana en la película? –se le pregunta.
–Nosotros ganamos– responde con una sonrisota; inmediatamente, agrega: “No se crea, se quedó congelada la imagen cuando nos rodearon los militares y empezamos a abrir fuego, y no se supo quién ganó”.
–Entonces el Ejército los mató.
–Nooo, no nos dejamos –alega– se quedó en suspenso, quién sabe qué pasa.
–¿En su municipio hay mucho narco?
–No.
Con la pregunta se le congela la sonrisa. Tarda unos segundos en retomar el hilo de la conversación, se pone triste, deja de comer la gelatina que saboreaba.
“Por eso no quería hacer la película, luego iban a estar diciendo que se hizo porque hay mucha (droga), y no es cierto. Eso es muy delicado. No es ninguna denuncia de lo que no hay. Yo he visto películas como la de ‘El Carro Rojo’, de don Mario Almada, a quien admiro, y un montón que hacen alusión de narcotraficantes, y eso no significa nada. ¿A poco se puede malinterpretar?”, pregunta entristecido.
Se le insiste en el tema, y dice que los recientes operativos antinarcóticos no llegaron a su municipio, porque la gente es pacífica. Argumenta que la locación fue Guadalupe y Calvo porque tiene muchas bellezas naturales, y era una oportunidad para atraer al turismo. Agrega que el suyo es un municipio rural, donde poco más de la mitad de la población son tarahumaras, y hay mucha pobreza y niños desnutridos.
“(Al equipo de producción) les presté facilidades y les indiqué los lugares más bonitos del municipio para que hicieran las escenas. Me dio gusto que eligieran filmar en el municipio para aprovechar para promocionarlo o que interese a algún otro artista en hacer una película allá”.
Aunque su municipio es de difícil acceso, asegura que la película dejó una derrama por el turismo: “Rápidamente noté la afluencia de gente que llegó al municipio con la intención de arrimarse a ver cómo se filma, y esos que se arriman consumen en la tienda, compran, y los de la película ocuparon los hotelitos y restaurantes durante dos meses”.
Eso sí. La prensa local le ha aplaudido que la película muestra paisajes hermosos, como la Presa del Caldillo, las Barrancas del Cobre, la Hacienda del Beneficio, la antigua Casa de Moneda, las Cabañas ‘El Hostal’, la cascada ‘El Chorro de Catalina’, el cerro del Mohinora (“el más alto del Estado”), la presidencia municipal, la plaza y hasta el arco que da la bienvenida a la cabecera.
“Pregúnteme mejor como hice para filmar, cómo me las ingenié para no entorpecer mi labor de presidente”, sugiere cuando le regresa el entusiasmo y, sin esperar, él mismo se contesta: “Desde temprano hasta las 3 de la tarde, mi labor de alcalde, y después las tres grababa las escenas que me tocaban, por eso decían los medios que yo era de día alcalde, por la tarde actor”.
Antes de levantarse de la mesa, el alcalde deja de recuerdo el DVD con los 90 minutos de acción, donde se ve su evolución de indio con jergón encima a ranchero de saco negro con incrustaciones de piel que, cuando quiere, es muy malo y en sus buenos momentos se convierte en un Robin Hood que reparte su botín entre los habitantes de su municipio, que aparecen de extras.
En la tapa se le ve malencarado y con un sombrero blanco como el que trae puesto hoy, aparece también una avioneta, las barrancas y una R-15. En la sinopsis se lee: “La historia refleja una realidad que vive nuestro país. Nuestros personajes se ven en la necesidad de sembrar yerba, y después de una balacera descubren el potencial tan grande que es el narcotráfico llegando a ser los capos de la sierra. El ejército los persigue, desatándose una guerra encarnizada”.
Chuy Velásquez, si se le llama por su nombre artístico, habla también de su futuro artístico: “Me han estado invitando a filmar otras más y he dicho que sí, que más adelante, a ver si hacemos algo pero de otro tema”.
Al final, emocionado, lanza una pregunta: “¿Por qué el interés en entrevistarme a mí? ¿A poco nunca habían invitado a un presidente municipal a actuar? ¿Tuve tanta suerte?”.
Los 37 periodistas asesinados y desaparecidos en México
In General on Mayo 10, 2007 at 9:46 amEn el corte de caja que diversas organizaciones sociales presentaron ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la situación de las prensa en México hasta mayo de 2007, señalaron que en los últimos siete años 32 periodistas han sido asesinados en el país –2 de ellos durante este sexenio–; cinco están desaparecidos; siete medios de comunicación han sufrido atentados y ningún caso ha sido resuelto. De ellos, sólo una es mujer.
LA CIUDAD DE LOS NIÑOS SOLOS
In General on Mayo 10, 2007 at 9:43 amLA CIUDAD DE LOS NIÑOS SOLOS
Por Marcela Turati
Ejércitos de niños y niñas caminan entre tolvaneras de arena gruesa que se levantan en las colonias donde aparecen cuerpos de mujeres asesinadas.
Se les ve en parques de cemento grafitteado; vagando con pandillas de adultos; mirando la calle a través de la ventana de la casa donde los dejaron encerrados; jugando fútbol hasta que anochece; caminando por el centro desconcertados porque hace poco estaban en Veracruz o Estados Unidos, o, solitas, caminando entre dunas para llegar a la tienda.
Es Ciudad Juárez, la ciudad de los niños solos.
La número uno, da nomber uan, la frontera más fabulosa y bella del mundo a la que canta Juan Gabriel, es la ciudad donde una cuarta parte de los niños no tienen guarderías ni un conocido que los cuide mientras trabajan sus papás.
Cuando los pequeños se despiertan por la mañana no encuentran a nadie en casa y se alistan ellos mismos para ir al kínder o a la primaria. Regresan y pican algo o se aguantan el hambre. Salen a la calle a buscar compañía. Hacen tiempo esperando que regrese papá o mamá, quienes, de tan cansados que salen de las maquiladoras, les hacen compañía con la respiración de la siesta.
Juanito es inquilino de este arenal vuelto Tierra del Nunca Jamás porque no hay adultos, donde el hábito a las drogas se adquiere desde los cinco años y los niños duran poco porque la cifra de menores de edad asesinados encabeza la lista nacional.
Cuando van a la escuela sus hermanos Laura, Quico y Karla, de 7, 9 y 12 años, Juanito queda a cargo de la abuela que lo deja en la calle cuando calcula que Karla ya salió de clases.
Vaga todo el día, pasea por el baldío que sirve como punto de reunión de las bandas de “cholos”. Mira a algunos inyectarse droga, sube y baja la resbaladilla, se esconde en un cuarto abandonado que los vecinos usan de basurero, ve pasar al loquito que se desnuda y avienta botellazos, pide que alguien impulse el columpio en el que está sentado.
–Juanito, ¿cuántos años tienes? –le pregunto cuando lo encuentro en el único parque que tiene la periférica colonia Díaz Ordaz, tratando sin éxito de colgarse de un rinoceronte metálico muy alto para su estatura.
Él mira sus deditos y levanta con duda cuatro.
–¿Dónde está tu mamá?
–Trabajando maquila.
–¿Y tus hermanos?
–En la casa.
–Y tú, ¿qué haces en la calle?
–Nomás.
–¿A qué horas llega tu mamá?
–A las sete y a la sei.
–¿Quién te cuida?
–Mi mana… mi mana tiene novio.
–¿Nunca has tenido un accidente?
–Sí, se quemó mi casa onde vive Berta.
II ‘ LA CIUDAD NUMERO UNO’
Joselín tenía un año y Brandon cuatro cuando se les quemó la piel junto con su casa de cartón, en la que su mamá y su papá los dejaban encerrados cuando iban a trabajar como veladores de una maquiladora.
Irvin, su hermano mayor, murió calcinado. Tenía cinco años.
En un tinaco metálico de 200 litros lleno de cemento, abandonado en una choza de cartón, fue encontrado el cuerpo de Airis Estrella. La última vez que la vieron con vida pasaba por una tienda de abarrotes, antes de que la raptaran, violaran y asesinaran a golpes.
Estrella tenía siete años.
A Anahí Orozco la envolvieron en un colchón y le prendieron fuego. El hombre que se metió a su casa –donde ella cuidaba de su hermanita de año y medio y de una vecina de tres, mientras sus mamás iban a la maquila– quería borrar evidencias que condujeran a lo que después se supo: la asfixió cuando le tapaba la boca para que no gritara mientras la violaba.
Anahí tenía 10 años.
Los tres niños fueron encontrados muertos el mismo mes. Todos vivían en la ciudad número uno, da nomber uan, “foco rojo” en explotación sexual infantil y con el porcentaje más alto de alumnos de primaria iniciados en la droga.
Los periódicos de esta Tierra del Nunca Jamás relatan historias de niñas y niños calcinados, violados, descuartizados, asesinados, abandonados, ejecutados. Las desgracias ocurren casi siempre en estas colonias sin servicios, construidas lejos del centro, sobre las dunas, por esos intentos desesperados de los recién llegados de todo el país por tener un lugar donde afincarse.
Aunque Juanito es uno de los niños solos de los que dan cuenta las estadísticas, sus cuatro años los ha vivido con suerte.
“Hasta ahora no ha tenido un accidente y pos nunca se ha pegado tan fuerte”, dice su hermana mayor, aburrida de ser una madre improvisada de medio tiempo.
“Esta niña está chiquilla y se va con sus amiguillas y los deja solos”, la acusa María de la Paz Alcalá , su casera, que de vez en cuando se asoma al patio de la casa para ver qué están haciendo sus pequeños vecinos.
“Les hace falta una familia; a mí me dicen abuelita aunque no soy. La pobre de su mamá tiene que trabajar y hasta que viene de trabajar les da de comer”, dice la mujer.
Juanito pasa por el pasillo que conduce a la calle y se pierde de vista.
Son las cuatro y media de la tarde y, a dos cuadras de distancia, ha comenzado un ritual: camiones ruteros se detienen frente a un local, abren sus puertas y, de su interior, bajan jovencitas con batas azules. Ningún pasajero repela por la espera.
Los camiones arrancan cuando las mujeres salen del local y vuelven a subirse apretando en su regazo a los bebés que dejaron a las cinco de la mañana, o llevando de la mano a un chiquito que apenas camina.
Rosa Alvarez es una de ellas. Lleva cosido en su bata un gran letrero con el mensaje: “trabaja con seguridad”. Ella mira contenta a su bebé envuelto en la cobija amarilla. Lo abraza. Suspira de alivio porque está bien.
Las empleadas de las maquiladoras trabajan nueve horas y media diarias, cinco días a la semana. Las obreras del primero, segundo y tecer turno caminan por los arenales donde, de vez en vez, aparecen cuerpos enterrados, para tomar el camión antes de las cinco de la mañana o regresan a la media noche.
En la frontera donde debe vivir Dios sólo una tercera parte de las mamás se dedica de tiempo completo a su familia y las mujeres trabajan dos horas más que el resto de las obreras mexicanas, pues la producción de computadoras, tableros para automóviles, refrigeradores o aspiradoras no puede esperar.
Consiguen vivienda en zonas tan lejanas que, en promedio, pierden tres horas del día para transportarse; tres horas que pasan adentro de un camión, recorriendo colonias sin servicios, lejos de sus hijos, agotadas de la rutina.
De los 50 mil niños que tienen menos de cuatro años, las guarderías sólo tienen cupo para 7 mil. Ninguna tiene turno vespertino.
Aunque uno de cada tres habitantes de Juárez son menores de edad, como los niños y adolescentes no votan, no hay ley, presupuesto o programa que se acuerde de ellos. No hay organización que levante una campaña por “los muertitos de Juárez”.
“La niñez y la juventud son los grandes ausentes de la política social, no hay ninguna política de los tres órdenes de gobierno que los atienda. En Juárez hay muchos niños de 11, 12, 14 años que se quedan cuidando de sus hermanitos, no alcanzan las guarderías y no hay ninguna para el turno vespertino”, dice María Teresa Almada, directora de la organización Casa Promoción Juvenil, que se dedica a hacer habitables los barrios rudos.
Continúa con su diagnóstico: “Miles de niños pasan el día solos, miles de adolescentes pasan todo el día en la calle… 30 por ciento de los adolescentes de entre 12 y 15 años no estudian ni trabajan… la mayor parte de los miembros de las pandillas normalmente se inician a los doce” .
Por la ventana de su oficina se puede ver a Juanito jugando con otros niños. Están en ese simulacro de parque sin pasto y de piso de piedras y cascajo, que se salvó del ‘boom’ inmobiliario.
“La vida gira en torno a la maquila, no hay tiempo para nada más. Encima, la ciudad tiene pocos equipamientos culturales o infraestructura deportiva. En las zonas que están creciendo no se dejaron pedazos recreativos”, advierte Almada.
III
En la ciudad que es un amor se han hecho varios estudios y foros para analizar la problemática de la infancia, han aterrizado políticos, funcionarios de organismos internacionales y activistas, para advertir el futuro que ya los alcanzó, pero no ha ocurrido nada.
Se sabe que la mitad de las calles no tienen pavimento, que esta es la frontera de mayor crecimiento, que se construye cada vez más en la periferia aunque el centro está practicamente vacío y concentra las guarderías, primarias y secundarias.
“Juárez tiene que construir una agenda para su infancia, y para sus adolescentes, porque no existen las estructuras sociales que les permitan crecer con afecto, con cuidado, con atención, con transmisión de saberes, porque los adultos están muy cansados, agobiados, trabajan y trabajan y no tienen el tiempo y la paciencia para educar a los niños”, dijo la especialista Clara Jusidman al presentar el estudio “Relaciones entre el trabajo y la familia”.
“No hay otra forma de revertir la violencia que a través de estrategias culturales, deportivas, acciones que reconstruyan el tejido social y devuelvan a la gente la confianza de convivir con sus vecinos”, agrega Almada, mujer que se dedica a hacer habitables las colonias.
“No se entiende que las autoridades inviertan en poner más policías, no hay otra froma de revertir la violencia más que a través de estrategias culturales, deportivas que reconstruyen el tejido social (…) Los problemas de infancia, adolescencia y jóvenes se dejan de manera irresponsable a cada familia para que los resuelva sin que existan concidiones sociales para que atiendan a sus miembros”, dice.
Oscurece y Juanito sigue en la calle. No tarda en llegar Migue, un niño “que le hace al trapo, a la mariguana, al pegarrey”. Una mamá que pasa por el parque se queja de que en el arroyo hay mucho cholo que se inyecta frente a los niños en las piernas, en el cuello.
–¿Dónde está tu mamá? –le pregunto a Juanito cuando lo encuentro de nuevo terreno en el baldío.
–Dormida.
IIII
Con los ojos hinchados por el sueño intenso, en la habitación en penumbras, está Bety Cisneros.
“Ora sí me quedé dormida: llegué, les di de comer y me acosté porque ayer me quedé muy noche porque no quieren dormir temprano”, dice apenada al ser sorprendida durmiendo.
Juanito y Laura, sus hijos más pequeños, se le acurrucan cuando la ven incorporarse. Cuatro meses atrás ella vivía con su mamá y le dejaba durante el día a sus hijos, pero tenían tantos problemas que decidió independizarse. Su esposo se fue a Estados Unidos y no volvió.
Está asustada. No sabe si esta entrevista implicará que le quiten a sus hijos. Se sincera y explica que no tiene otra opción mas que dejar a los niños al cuidado de su hija mayor. Dice que el miedo la acompaña desde que sale de casa, antes de las cinco de la mañana, las nueve horas que dura en la línea de producción de aspiradoras aspiradoras y durante el largo trayecto de regreso.
Conoce de sobra las historias de niños muertos en accidentes.
“Todo el tiempo pienso que sí estarán bien, trato de dejarles comida hecha ya nomás para una calentada. Me preocupa la estufa, hablé mucho con ellos, les dije que no estuvieran moviéndole y que no se salgan pero éste, el chiquito (y señala a Juan) se me sale mucho aunque le digo que se lo van a robar. Me voy preocupada pero tengo que trabajar, estoy sola, si dejo de trabajar quién les va a dar de comer”.
No sabe cómo podría mejorar su vida. Tarda un buen rato en plantearse lo que nunca había reflexionado.
“Me gustaría no tener que entrar tan temprano, entrar poquito más tarde, como a las siete, así ya dejaría a los niños levantados, y me gustaría salir a las tres, y que no me descontaran tanto cuando tengo que faltar porque están enfermos, porque me rebajan mucho, como 250 de las 630 que gano a la semana”.
Reflexiona unos segundo y agrega: “Pero esto es imposible. A ellos nomás les importa sacar su producción”. Al menos, no en Juárez.
TESTIMONIO
La abuela Maripaz Alcalá volvió a ser madre durante cuatro meses; los mismos que vivió con la niña de un año que le regaló su vecina Elizabeth Herrera.
Recibió a su nueva hija acompañada de un recado: “Les dejo a mi hija Maritza Jasmín porque yo sé que con ustedes ba a estar mejor porque ustedes sí le pueden dar lo que yo no puedo. Cuidenmela mucho y háganla muy feliz”.
La abuela recuerda que Maritza llegó muy sucia y con la panza hinchada por tanto parásito.
“Me la mandó mala del estómago, sin zapatos, con una calceta nada más y con una panzota que la tuve que desparasitar porque hacía de popó pura arena con tierra”, dice la mujer de 55 años quien, al momento, muestra la tosca carta redactada en una hoja arrancada de un cuaderno escolar.
Con la otra mano muestra el teléfono celular donde tiene la foto de Maritza cuando recién llegó y otras de la transformación de la bebé cuando estaba bien cuidada.
Esa ni fue la única hija que Elizabeth regaló. El mismo día, la vecina entregó a Miriam, su pequeña de tres años, a una hija de doña Maripaz.
“Esa otra llegó con sus pies con hongos, con un mameluco orinado de varios días y el carro quedó oloroso, haga de cuenta que metimos a un borrachillo. Andaba sin calcetines, descalza, comía tierra o los desperdicios que encontraba. Ese día estaba toda mojada, con los tenis llenos de arena”, recuerda.
A los cuatro meses, Elizabeth se arrepintió de lo que hizo y fue por las niñas. Ya Miriam había sido registrada como Brigite Alejandra, y tenía fotos de estudio y juguetes color rosa, y Maritza se había convertido en Yoselin.
“Me da mucha tristeza que se la haya llevado porque sé que cuando no las puede cuidar las deja con una vecina borracha, sé que cuando llueve les cae la lluvia en la cara porque tiene su casa con hoyos, y sé que ellas lloraban de hambre, por eso me las regaló. Un día la niña de 3 años nos dijo que hay un señor que la toca cuando va a mear y cuando las íbamos a regresar la niña mayorsita decía: ‘No me dejes con Chapela porque no me da de comer’. Pero tuvimos que dársela”.
Una carta le queda de recuerdo de la despedida: “Siendo las 12 del día se hizo la entrega de la niña Maritza Jasmín a la señora Elizabeth Herrera (…) dicha niña se encuentra en buenas condiciones físicas, cuenta con un año nueve meses de edad ya que dicha mamá se dedicaba a labores de trabajo y no podía atenderla”.
RECUADRO, LAS POSIBLES SOLUCIONES:
“No hay soluciones fáciles, se tienen que concertar con determinados actores para generar condiciones para la infancia y juventud. Serían: inversión en desarrollo de políticas sociales; programas educativos, culturales y estrategias de prevención: creación de estímulos fiscales a empresas dispuestas a armonizar familia y trabajo, que hagan jornadas de trabajo más cortas para mujeres con hijos pequeños y tengan esquemas flexibles de trabajo; equipamiento de la ciudad para que tenga ofertas culturales y de ocio; programas educativos menos convencionales para jóvenes”.
Donde se practica el periodismo buscasoluciones
In General, Periodismo buscasoluciones on Mayo 1, 2007 at 12:38 amEstos son los apuntes de un viaje que hice por Brasil y Argentina, donde me clavé visitando periodistas sociales para comparar lo que ellos hacen con lo que hacemos en México. Esto fue, a grandísimos rasgos, lo que le escribí en su momento a un amigo de lo que encontré.
Geografía del periodismo buscasoluciones
In Periodismo buscasoluciones on Mayo 1, 2007 at 12:38 amEstos son los apuntes de un viaje que hice por Brasil y Argentina, donde me clavé visitando periodistas sociales para comparar lo que ellos hacen con lo que hacemos en México. Esto fue, a grandísimos rasgos, lo que le escribí en su momento a un amigo de lo que encontré.