Por Marcela Turati/Enviada a Salamanca por diario Excélsior
Los organizadores del city-tour llegan puntuales al hotel. Antes de iniciar el recorrido de tres horas La Maestra y El Activista, guías de esta aventura, lanzan varias instrucciones logísticas: vestir pantalón y camisa de manga larga, llevar cubrebocas y bañarse al terminar.
La promesa es que los aventureros experimentarán sensaciones fuertes como comezón en la piel, ardor en los ojos, rasposidad en la garganta, picazón en la nariz y, los menos suertudos, dolores de cabeza.
Así, inicia el llamado “toxi-tour”: el recorrido tóxico-nauseabundo por la ciudad de Salamanca, Guanajuato, personaje de una bella canción de José Alfredo Jiménez y sede de una refinería, una termoeléctrica, varias fábricas de químicos y una de pesticidas, y lugar de paso de un río puerco que –al abandonar la ciudad– sale más contaminado.
A escasos 20 minutos, la primera parada.
“En este campo se encuentra toxafeno enterrado, es uno de los químicos más tóxicos… ese cerro amarillo tiene azufre y una serie de tóxicos… pasando ese campo está la termoeléctrica, tenía alambre pero se lo robaron… atrás de la barda está la refinería… no hay un inventario de tóxicos por lo que no puedes hacer un plan de contingencia ambiental”, dice El Activista apuntando a los diferentes puntos cardinales de la contaminación salmantina.
La ubicación exacta del primer punto del recorrido es a un costado del riachuelo de aguas sucias que tiene bien ganado el nombre de “Arroyo Feo”.
Justo a unos metros está la montaña amarilla ferrosa que sobresale del patio de desechos tóxicos de la fábrica de agroquímicos tóxicos Tekchem, en contraesquina de la Termoeléctrica sin bardear de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y de la Refinería de Petróleos Mexicanos.
Para más señas, es en el triángulo donde colindan las tres industrias más contaminadoras de la ciudad de 230 mil habitantes y justo donde crece una milpa a la que algunos animales le arrancan el maíz a bocados.
Read the rest of this entry »