Periodista Social

Periodistas para el Desarrollo Sostenible

In Cartas de Viaje, Periodismo buscasoluciones on Noviembre 26, 2008 at 3:12 pm

Apuntes de Marcela Turati desde Cartagena de Indias

Alguien dijo que con nuestras presentaciones podría escribirse la biografía no autorizada de Latinoamérica. Y cómo no. Estuvimos juntos 60 periodistas hablando de las investigaciones que estamos por emprender y que nos eran familiares a todos aunque en cada lugar tenían sus particularidades.

Temas como la recuperación de esclavas sexuales, los indígenas que resisten a los megaproyectos que envenenan sus tierras, la integración de las bolsas de valores entre países vecinos, los impactos de carreteras que cruzan selvas, las escuelas autogestivas dirigidas por niños, la fábrica de condones autosustentables, los cartoneros que fundaron sus propias empresas, el arte callejero que llega a las galerías, el fútbol como elemento integrador, las víctimas de los experimentos médicos, el impacto del cambio climático en mi estado natal, la contaminación de los manglares, las opciones de los cocaleros, la venta de armas en las favelas. Un arco-iris de proyectos.

Estos son unos apuntes apresurados  y de memoria sobre lo que viví durante el el taller de investigaciones periodísticas para el desarrollo sostenible que se llevó a cabo del 18 al 21 de noviembre de este año, y donde pude asomarme al periodismo que se está haciendo en Latinoamérica.

El escenario del encuentro fue en la bella ciudad de Cartagena de Indias, Colombia, y su playa que veíamos como escenario de fondo, a través de los cristales del salón de convenciones del hotel; la convocante fue la Fundación Avina (con sede en Brasil).

Estuvimos en un lujoso hotel, Almirante Estelar, donde justo se inauguraba un congreso de marinos de toda América que discutían las estrategias para el combate al tráfico de drogas vía marítima (“ojalá este hotel no se blanco de un atentado”, nos reíamos nerviosos al momento de registrarnos entre marinos, escoltas y pósters que anunciaban la reunión que se llevaba a cabo).

Eramos 60 los periodistas, primordialmente de Latinoamérica, que habíamos sido seleccionados por los jurados contratados por Avina como ganadores de las becas periodísticas, y ya desde las primeras escalas de nuestros aviones nos habíamos comenzado a detectar por la finta que todos tenemos de periodistas y habían comenzado las presentaciones informales.

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Llegó la hora de los saludos, las presentaciones, las expectativas.

Hicimos una ronda. Teníamos un minuto para hablar pero, dicharacheros como somos los latinoamericanos, a veces escuchábamos presentaciones con chistes y manifiestos políticos.

La beca está dividida en cinco categorías, y tendríamos tiempo para profundizar en grupos: cambio climático, tansparencia, integración latinoamericana, inclusión, economía sustentable (cuyo tutor fue el mexicano, el director de Público-Milenio).

Llegamos emocionados, con ganas de absorver todo, aprender de todos, escuchar, hacer amigos, ir a la playa, conocer la ciudad.

Éramos un grupo vario pinto. Un buen ejemplo también de los distintos modelos de empresas o colectivos de comunicación que se pueden crear.

Estaba un fotógrafo del colectivo argentino Sub (subversivos, subpagados… de todo entra en el nombre) que ha resultado una buena oportunidad para un equipo de freelances; un uruguayo de la revista Brecha, de larga tradición de izquierda; los integrantes de la Unidad de Investigación chilena Ciper, que dieron un respiro a la prensa en su país; brasileños de televisoras con un fin social muy claro; chicas de medios grandes como la BBC; una joven indígena de una radio comunitaria ecuatoriana; dos periodistas cubanas (las más acosadas con preguntas); el reportero de un periódico evangélico con un tiraje de 2 millones de ejemplares (que justo proponía un tema de condones); la integrante de un portal de noticias financieras que traduce los temas al lenguaje de la gente común; reporteros que trabajan para organizaciones no gubernamentales; un cineasta puertorriqueño; varios de medios marginales o de las provincias; muchos freelancers; varios de medios establecidos. De todo es de todo.

El idioma oficial que nosotros establecimos fue el portuñol. Así falábamos en vezes en portugués o en espanhol, o en una mixtura de ambos.

La composición de los participantes hablaba por sí misma. Quienes más lugares ganaron fueron los argentinos y los brasileños; esos dos países representados con abrumadora mayoría. Ahí nos disputábamos el segundo lugar los chilenos, colombianos y mexicanos. Hicieron falta los peruanos y los centroamericanos, con excepción de una chica nicaragüense muy comprometida. Había un trío de europeos que se veían medio perdidos por el idioma. Y algunos pocos de Bolivia, Filipinas, Ecuador, Venezuela, Puerto Rico.

Algunos nos habíamos seguido de leídas. Otros nomás nos conocíamos de oídas (“claaaaro, tú escribiste en esa revista cuando apareció un reportaje mío”). O ni nis hacíamos en el mundo. A la hora de las comidas y en los recesos con café y jugos color mora o mango comenzábamos a conocernos.

 

 

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Desde el inicio nos pusieron un reto. Los trabajos ganadores de la primera edición de la beca, dos años antes, fueron reportajes de mucha calidad en los que se utilizó un promedio de 18 fuentes informativas por reportaje y la mayoría –contrario a la tendencia– no fueron fuentes oficiales. Además, visibilizaron a los eternos invisibles. Esos eran los parámetros.

En esta edición se nos puso el reto de superar el número de fuentes, pero más que sólo buscar la pluralidad (o sea, el uso de muchas fuentes) teníamos que proponernos que los entrevistados retraten puntos de vista opuestos.

Para las becas, el mecanismo es el siguiente: postulas uno o dos trabajos para alguna de las categorías (llegaron aproximadamente 600), un jurado las analiza, si resultas elegido vas al taller de 3 días a afinar tu tema, firmar el contrato, recoger el dinero requerido (máximo 4 mil dolares para prensa o radio o internet; creo que 6 mil para televisión) y tienes hasta agosto del siguiente año para publicar o transmitir tu reportaje.

Todo ese tiempo te mantienes en contacto con el maestro asesor, que puede resolverte dudas o couchearte, y en algunos grupos también se establecieron mecanismos de intercambio entre los propios compañeros (un grupo hará un blog donde todos relatarán el camino que llevan sus reportajes).

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Don Javier Darío Restrepo, el maestro de ética de todos los periodistas latinoamericanos, abrió el taller hablando del periodismo que le apuesta al desarrollo sostenible, que es el tema que nos convocó.

Definió al desarrollo sosrtenible como el aumento de las opciones de la gente, presentes y de las generaciones futuras, que brinda justicia y oportunidades a todos y abarca todos los fctores de lla vida humana. O sea, una sociedad basada en el respeto a la naturaleza, los derechos humanos, la justicia económica y la cultura de paz.

Dijo que este periodismo tiene 3 elementos: tensión dinámica de la esperanza-ética del cuidado- proatcividad del futuro.

Así, la noticia no tiene que ser exclusivamente lo sórdido o el fracaso; hay que esperart lo inerperado; tener pasión por lo posible y registrar las opciones en nuestras notas que deben convertirse en cartas de navegación. Hay que presentar, dijo, lo posible y la propuesta.

En la presentación estuvo Jaime Abello, director de la FNPI, que de ahí salió corriendo para un congreso en Argentina.

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El corazón de esta beca es Geraldinho Vieira, el creador de lo que llamamos el periodismo que busca soluciones, ex directivo de Avina-Brasil.

Es un periodista brasileño de larga trayectoria, fundador de la agencia de noticias sobre la infancia, Andi, que metió un nuevo chip a toda una generación de periodistas que se sienten coresponsables del ángulo de la información que transmiten; y creó el área de comunicación para la Fundación Avina que potencia el trabajo de líderes sociales comprometidos. Ya publicaré un post sobre la charla que él y yo tuvimos sobre el periodismo que busca soluciones.

Para mí fue importantísimo este encuentro porque durante, por lo menos, cuatro años he buscado a este hombre en Brasil, y lo he acosado por mails para entrevistarlo. Y cuando lo encontré me llené de gusto porque lo considero uno de mis maestros.

En esta ocasión él puso un tema sobre la mesa. El periodismo ya no debe estar basado únicamente en el enfoque de derechos, ahora tiene también que aplicar los parámetros del desarrollo sostenible.

(Cuando dijo esto yo pensaba que en México apenas estamos empezando a incluir el enfoque de derechos, tenemos un largo camino por recorrer y vamos atrasados de nuevas tendencias).

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Estuvo Patrick Busquet, director de la agencia francesa Reporteros de la Esperanza. El y su equipo se dedican a buscar noticias que presenten un problema y una solución ya comprobada y que pueda ser traspolada a otros puntos del planeta. Tienen una metodología rigurosa.

Venden cuadernillos con notas de lo que llaman “Perodismo de Respuesta” a medios importantes. Miden el impacto en ventas, publicidad, llamadas a las organizaciones sociales que presentaron la solución.

El señaló que los ciudadanos gustan de leer noticias que no sólo presentan problemas, sino también presentan respuestas, y que hay forma de comprobar que puede convertirse en un negocio periodístico que reditúe económicamente.

Su agencia crea una base de datos sobre ideas innovadoras puestas en práctica, y esa la que venden a otros medios o a anunciantes (en otro post hablaré de esto). No pretenden armar notas rosas o notas positivas, según me explicó, pero sí soluciones a provlemas comunes que inspiren a otros a actuar.

El tema causó polémica. Más porque iba mezclado con una presentación de Responsabilidad Social Empresarial en empresas de medios en América Latina, y los temas se empalamaron. Comenzó una discusión interesante.

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Se escuchó en las charlas a la hora del café: “¿Y tu tema de qué es?… Háblame de Cuba… Los temas sociales no son entendidos (conste que ese yo no lo dije)… Qué casualidad, la reportera que me dices es mi mejor amiga… Hasta que por fin nos conocimos… Cómo se organizan en tu revista… ¿Ahí también tienen el problema de que los periodistas están perdiendo su trabajo?…¿Tienes un ejemplar de la revista donde publicas?… ¿No te gustaría escribir algo para mi medio?…”

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Mónica González puso una bomba sobre la mesa. Apasionada como es, esta maestra chilena, que hace dos años fue becaria y ahora era la moderadora de la mesa que juntó a los becarios de Transparencia e Integración Latinoamericana, opinó que es peligroso presentar soluciones únicas como respuestas definitivas, porque luego pueden ser un fraude y desesperanzar más a la gente. Y que más que en ganar dinero, los periodistas debemos preocuparnos por la calidad de la información.  

El periodismo que se necesita no es el de historias con final feliz sino el que desnuda sistemas injustos y sus engranajes, el que revisa políticas públicas y su buen o mal funcionamiento, el que le explica a la gente lo que le está pasando y la crisis económica que estamos viviendo y cómo esta afecta su vida. Puso como ejemplo el tema del saqueo de las pensiones.

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Las sesiones fueron intensas. Era como estar en una pequeña sala de redacción discutiendo las pautas informativas. Durante dos días, en los grupos temáticos, cada uno iba exponiendo su tema y el resto comenzaba a hacerle preguntas, a sugerirle ángulos, a ayudar a afinar el enfoque, a compartir experiencias.

Era divertido. Como un rompecabezas que va acomodando piezas de experiencias regionales. El tema del gobierno electrónico en Uruguay ya lo hizo alguien en Chile, así que le cuenta la trampa; lo de presupuesto participativo lo dominan los brasileños y lo comparten con todos; el desempleo en los jóvenes es un problema común de la región y todos compartimos lo que sabemos; cuestionamos los peligros de meterse a una favela en Río sin contactos o a vigilar la delincuencia en la triple fronteras; debatimos si la policía puede ser o no una buena fuente en caso de la delincuencia y dónde están las bases de datos que pueden ayudarle.

La redacción ideal por dos días. Esa que siempre añoramos y que casi ninguno tiene el lujo de tenerla.

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En la mesa de trabajo que coordinó, Mónica González fue incisiva y cuestionadora y lúcida y apasionada.

“¿Cuál es la noticia de tu tema?… aprovechen bien el dinero que no estamos para tirarlo… de ahí puedes sacar un subproducto para seguirle al tema… no quiero tratamientos sociológicos, quiero noticias de impacto… no se metan en trabajos interminables que luego se les van a enrredar; delimita… cuál es el foco de tu información… ya te perdiste por no delimitar, tienes que enfocarte… ¿y la gente dónde está reflejada en tu trabajo o escribes sólo para periodistas?… el tema que eligió no tiene foco, ayudemoslo a pensarle… me parece que tendrás que hacer un viaje más que no habías contemplado… tu tema está bien para antes de la crisis, pero cuando lo publiques los efectos de la crisis ya habran cambiado el panorama, ¡qué puedes incluirle?… ”

Una clase de periodismo.

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El encuentro con cada compañero era un aprendizaje. Sólo un ejemplo.

Es la comida, el bufet es riquísimo. Arroz con coco. Pescado. Jugos de frutas. Diferentes tipos de ensaladas. Me siento por casualidad junto a Pilar Lozano, de hace dos décadas corresponsal de El País en Colombia.

Es una mujer sencilla, sonriente, parecía una alumna como todos (una de las veteranas, como ella dijo en su presentación), pero en realidad era toda una maestra. Entre la charla llegamos al tema de su libro “Los juegos de guerra no son para los niños”, que narra 6 historias que reflejan sobre cómo la violencia ha traspasado la vida de los infantes colombianos. Son historias fuertísimas.

Pilar es freelance, desde hace 20 años cobra por nota publicada. Dedica la mitad de su tiempo a escribir cuentos infantiles y a dar talleres de literatura para niños. No es la típica reportera que llega a un funeral y le pregunta al niño que ha sido víctima de una desgracia: “¿Te dolió? ¿Dime de qué te acuerdas?” Ella es una mujer sensible que se puso varias reglas éticas para entrevistar niños.

Aplica sus talleres para que los niños y niñas al final puedan sentirse desahogados de tanto dolor que cargan en el alma.

Contó un ejemplo. Dos niñas sobrevivieron a una masacre que presenciaron, en la que fueron asesinados sus padres y toda su comunidad. Ella tomó el método de un terapeuta amigo que usa un cuento para ese tipo de situación y se puso de acuerdo con él y una ONG para impartirles un taller de literatura.

Llegaron al lugar donde estaban concentrados los niños traumados por la guerra. Les contó un cuento: la historia de un elefantito huérfano que vio morir a sus papás.

Los niños comenzaron a llorar y a escupir por primera vez lo que habían vivido. Todos hablaban y compartían sus miedos, lo que habían callado, se abrazaron, lloraron juntos, lo sacaron del cuerpo, exorcizaron sus miedos. Ella y todos lloraban.

Pilar no siempre entrevista a los niños. A veces obvia esas informaciones. Si lo hace pide permiso a sus papás y se ayuda de expertos. Primero son los seres humanos antes que la exclusiva.

Le dije que un día tendría que venir a México a darnos un taller sobre cómo cubrir temas que dañaron a niños, sin dañarlos más.  Me dijo que sí, que encantada.

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Por las noches no podían faltar la rumba y el ron. La integración latinoamericana en pleno con el baile y la bebida. Pasos de baile de todos los países, al ritmo de la misma música. De las cantinas la fiesta se seguía en el lobby del hotel, o en los baños nocturnos en el mar o los amores fugaces en la playa. Al día siguiente a las 8 y media de la mañana ya teníamos que estar trabajando.

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Hubo una torre de Babel de personajes. Periodistas que critican a los periodistas por creernos salvadores del mundo y que piensan que no debemos atribuirnos ningún papel más que el de redacatar notas. Periodistas que en todo momento cuestionaban la precarización laboral, la multimedia y el narcicismo de los temas. Periodistas con problemas específicos de censura o de falta de recursos. Periodistas que querían saber cómo convencer a sus editores. Periodistas que se saben con una misión social de educadores.

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Pocos pudieron hablar a la hora de la despedida. Algunos propusieron crear una red de colegas. Otros pidieron que la convocatoria se extienda a proyectos como libros. Todos felices por la oportunidad, el intercambio, la convivencia, la amistad.

Al final, la entrega de diplomas, los aplausos, los abrazos para las fotos, algunas lágrimas de despedida, los intercambios de tarjetas y de regalos.

“Nos escribimos… tenemos que crear una red de colegas… yo te visito a tu país y tú al mío… qué bueno saber que existes… mándame tu texto y yo el mío… buscaré tu blog…termina de contarme cómo es la ley de transparencia en tu país… Si viajas a mi país te quedas en mi casa…”

Nos despedimos y nos fuimos en grupos, unos se fueron al aeropuerto y otros nos tomamos unos días de vacaciones para explorar esta hermosa ciudad histórica, macondiana y amurallada. Y continuar con el experimento de la integración latinoamericana.

  1. Hoola!! Sigues en Colombia? Realmente te inspiraste para escribir este largo post! Me pareció escuchar a Mónica darles clases, jajaja
    un abrazo desde Chile

  2. Ah! te encontre afinal y no tenia dudas de tu texto precioso, keep writing, besos companera