
Archivo de Diciembre 2008
Apuntes para cubrir la violencia (1a. parte)
In Periodismo buscasoluciones on Diciembre 20, 2008 at 10:23 amDurante mi reciente viaje a Colombia recibí el mail de un amigo sinaloense que me preguntaba si podía preguntarle a los colegas colombianos recomendaciones para cubrir la “narcoguerra” cotidiana.
“Creo que podemos hacer algo más que solo estar contando muertos –escribió mi amigo–. La verdad es que la situación es grave. Hay un temor generalizado en la población por todo lo que está pasando y los medios se han quedado un poco rezagados en la cobertura social”.
En otro correo comentaba: “Por acá las cosas están muy calientes (…) Entre los colegas de nuevo activamos el plan preventivo de trabajar en conjunto los operativos policiacos, de estar en contacto todos, de no acudir a algún hecho hasta confirmarlo, reportar cualquier cosa sospechosa y acreditar siempre la información a la autoridad que corresponda, entre otras cosas (…) Por la magnitud de los hechos, no se ha podido hacer periodismo de investigación, que de por sí se hacía poco. Aún así hemos tratado de rescatar la historia humana y social que hay detrás de esos hechos violentos, pero creo que no lo hemos hecho todavía de forma eficaz como para sacudir a la sociedad y que deje esa actitud pasiva porque la ola violenta afecta a todos”.
¿Qué podemos hacer los periodistas para cuidarnos a la hora de reportear la narcoviolencia? Esta pregunta la he planteado yo y otros amigos reporteros a varios periodistas colombianos o especialistas en el tema. No hay una receta trasplantable a la realidad mexicana pero algunas de sus reflexiones y consejos pueden sernos útiles en México a la hora de reportear.
Todos los entrevistados concuerdan en algo: el mejor blindaje para un periodista es la ética y seguir las reglas de una cobertura periodística de calidad como verificar hechos antes de publicarlos, dar voz a todas las partes involucradas (y no únicamente a las autoridades), publicar declaraciones sin tergiversar, mantener una distancia sana y profesional con las fuentes, mantener la neutralidad.
Desde Bogotá, por ejemplo, Oscar Montes, jefe de información del periódico El Tiempo dice que “el arma que tiene un periodista para protegerse es LA VERDAD”. Read the rest of this entry »
El imaginario colectivo del avionazo
In Crónicas y reportajes on Diciembre 12, 2008 at 4:09 amUna bola de fuego cruza el aire. Tiene ruido de motor y forma de mini-avión blanco. Lleva lumbre, unos dicen que en “la aleta”, otros que en “la cola”, otros que no se fijaron. Se desploma casi en Periférico y a hora pico. Jala un cable de alta tensión. Provoca un apagón. Cimbra el suelo. Explota y se hace llamas. Contagia de fuego todo a la redonda. Enciende autos, los quema, uno tras otros, como dominó, con todo y tripulantes. Abrasa a personas que estaban en la calle. Ilumina el cielo de color naranja y lo deja encendido durante horas.
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La señora Margarita Camilo Chico siente el estruendo en la espalda, “haga de cuenta que era una bomba”. Voltea y encuentra un incendio. Corre hacia las llamas. La jala el instinto: su hijo quinceañero acaba de irse del puesto de dulces con rumbo a donde ahora se ve el fuego. Varios flamazos la detienen: las explosiones simultáneas de carros la impulsan hacia atrás.
El fuego se extiende como telón. Entre las llamas distingue algunas en forma de personas. Hombres y mujeres antorchas que corren angustiados. El corazón se le estruja: uno de ellos puede ser su chamaco.
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Los gritos se suceden como las explosiones: “Corraaan, los coches están prendieeendo”. En segundos el inconsciente colectivo traiciona y modifica la tonada: “Coches-bomba, coches-bomba”. Son los síntomas del trauma post-Morelia, el impacto de nuestro 15-S.
Desde el segundo piso del número 5 de la calle de Pedregal, un curioso se asoma por la ventana momentos después de la explosión. Horrorizado, se aleja del cristal como movido por un resorte. No aguantó ver fuego en movimiento, fuego desesperado, fuego en forma de silueta humana que corre angustiada intentando huir de la propia piel.
