Durante mi reciente viaje a Colombia recibí el mail de un amigo sinaloense que me preguntaba si podía preguntarle a los colegas colombianos recomendaciones para cubrir la “narcoguerra” cotidiana.
“Creo que podemos hacer algo más que solo estar contando muertos –escribió mi amigo–. La verdad es que la situación es grave. Hay un temor generalizado en la población por todo lo que está pasando y los medios se han quedado un poco rezagados en la cobertura social”.
En otro correo comentaba: “Por acá las cosas están muy calientes (…) Entre los colegas de nuevo activamos el plan preventivo de trabajar en conjunto los operativos policiacos, de estar en contacto todos, de no acudir a algún hecho hasta confirmarlo, reportar cualquier cosa sospechosa y acreditar siempre la información a la autoridad que corresponda, entre otras cosas (…) Por la magnitud de los hechos, no se ha podido hacer periodismo de investigación, que de por sí se hacía poco. Aún así hemos tratado de rescatar la historia humana y social que hay detrás de esos hechos violentos, pero creo que no lo hemos hecho todavía de forma eficaz como para sacudir a la sociedad y que deje esa actitud pasiva porque la ola violenta afecta a todos”.
¿Qué podemos hacer los periodistas para cuidarnos a la hora de reportear la narcoviolencia? Esta pregunta la he planteado yo y otros amigos reporteros a varios periodistas colombianos o especialistas en el tema. No hay una receta trasplantable a la realidad mexicana pero algunas de sus reflexiones y consejos pueden sernos útiles en México a la hora de reportear.
Todos los entrevistados concuerdan en algo: el mejor blindaje para un periodista es la ética y seguir las reglas de una cobertura periodística de calidad como verificar hechos antes de publicarlos, dar voz a todas las partes involucradas (y no únicamente a las autoridades), publicar declaraciones sin tergiversar, mantener una distancia sana y profesional con las fuentes, mantener la neutralidad.
Desde Bogotá, por ejemplo, Oscar Montes, jefe de información del periódico El Tiempo dice que “el arma que tiene un periodista para protegerse es LA VERDAD”.
En otros posts iré compartiendo la información recabada sobre cómo protegernos en la cobertura de violencia. Por ahora sólo incluiré los errores que la organización colombiana Medios para la Paz detectó en la cobertura del conflicto armado local y que ironizó en un inteligente e irónico afiche (que ofrece en venta) que a continuación transcribo.
CÓMO ACERCARSE A LAS FUENTES ARMADAS PARA CONVERTIRSE EN UN PERIODISTA PERSEGUIDO:
*Tome partido por el actor armado que a usted más le simpatice.
*Especialícese en el cubrimiento de una sola fuente armada. Hágase íntimo amigo de ella y acéptele invitaciones a su casa, campamento y fiestas.
*Cuando su fuente le pida un favor, como llevar a la zona de conflicto materiales de inteligencia (micrófonos, antenas, cámaras ocultas), hágalo sin recelo.
*Permita que su fuente armada se haga pasar por periodista, fotógrafo o camarógrafo, para camuflarse a su lado en una zona de guerra.
*Comparta con su fuente armada el material que grabó y la información que recogió con el adversario en la zona del conflicto. Entréguele copia del video y de las notas que tomó durante las entrevistas.
*Difunda conscientemente la propaganda de su fuente, disfrazada de noticia, o mensajes de ella para desacreditar a los otros adversarios.
*Déjese manipular por su fuente. No dude, no confirme ni corrobore la información que ésta le suministre.
*Sea ‘leal’ con su fuente armada. Maximice sus victorias y minimice sus derrotas.
*Ataque y descalifique a sus colegas que cubren otras fuentes del conflicto armado. Acúselos como potenciales enemigos ante su fuente.