Periodista Social

Archivos de la categoría ‘Bitácora’

El ejemplo del periodismo Siciliano ante la violencia

In Bitácora, Periodismo buscasoluciones, Sin categoría on Octubre 5, 2008 at 2:12 pm

EL EJEMPLO DEL PERIODISMO SICILIANO ANTE LA VIOLENCIA

En estos días en que los periodistas mexicanos nos estamos preguntando cómo se cubre este nuevo fenómeno de la violencia generalizada, qué papel nos toca jugar en medio de esta carnicería (además de informar puntualmente lo que ocurre) y qué podemos hacer extra además de dar malas noticias si nuestra intención no es infundir más terror, y varias veces he escuchado mencionar al Giornale di Sicilia.
La historia va así: En la década pasada en la que las Mafias sicilianas se apropiaron de mentes, calles, leyes, jueces, política, reglas del juego, lealtades, y que sembraban bombas, cabezas y terror, los ciudadanos se quedaron indefensos y sin autoestima.
“Después de los atentados de 1992 en la ciudad de Palermo, cuando Cosa Nostra mató a los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borselino, la lucha social de este país dio un giro y en consecuencia, comenzó también a tener otras dimensiones de lucha (…) la gente se sumió en una reflexión sobre lo que debían hacer, pues las organizaciones aisladas no podían contra ‘el monstruo’ del crimen organizado”, relata mi amiga periodista Cynthia Rodríguez, desde Italia para Excélsior.
“Fue así que en 1995 nació Libera que hoy en Italia agrupa a alrededor de mil 400 organizaciones civiles de todo el país, que sin perder su identidad y su razón de lucha –pues hay desde asociaciones de comerciantes, ambientalistas, empresarios, católicos, laicos, etc.– se coordinan para combatir la violencia, la ilegalidad, la corrupción y las ‘complacencias’” (mediante proyectos culturales, educativos, políticos y sociales diveros).
Lo más difícil de combatir era “la cultura mafiosa” –le dijo a la reportera uno de los protagonistas–, “aquella de los favores, aquella de pretender una serie de atenciones en manera no legal, aquella de la mentalidad, este es el rol que la sociedad responsable debe tener”.
En este asunto, según lo que encontré en Internet, jugó un papel crucial el diario Giornale Di Sicilia, que, además de cubrir las investigaciones policiacas y los juicios contra funcionarios y empresas coludidos con los criminales, ayudó a recuperar la confianza de los habitantes de la región en su poder como ciudadanos.
¿Cómo fue? Creando una sección para niños y adolescentes denominada Cronaca in
Classe
donde se publican diariamente entrevistas de los estudiantes a personalidades públicas o
artículos donde les plantean exigencias o preocupaciones, abordan problemas como la Mafia o la criminalidad, esbozan soluciones o se las piden a los funcionarios. Con base a las preocupaciones de los niños y niñas, los funcionarios tienen actuar y articular respuestas.

“Cuando los ciudadanos empezaron a ver su niños interesados en la recuperación de su ciudad, empapados de proyectos de investigación sobre sus raíces, y deseosos de conocer la esencia misma de su gentilicio; el sentimiento hacia la ciudad se asimiló al sentimiento que tenían de su propia casa (…) Incluso hasta llegaron a ver a la mafia, no como un icono de Sicilia, sino como un fenómeno ajeno a ella”.

Read the rest of this entry »

Si el mensajero está mal, el mensaje llegará distorsionado

In Bitácora on Octubre 4, 2008 at 7:35 pm

Hoy recibí invitación para asistir a un foro más de periodistas. La semana antepasada fue para discutir la federalización de los delitos contra periodistas, la anterior fue para articular la defensa del gremio ante tanto “periodicidio”, esta próxima será para recibir capacitación sobre cómo defendernos al cubrir situaciones peligrosas.
Ninguna, por lo visto, tratará sobre cómo defendernos ante las violaciones laborales. La necesidad más básica, urgente, generalizada y primaria de todas.
¿Por qué esa renuencia a considerar que, como bien lo señala la Federación Internacional de Prensa (FIP), las violaciones a los derechos laborales de los periodistas son violaciones a la libertad de expresión?
Ahora que las organizaciones internacionales están preocupadas por la situación de los periodistas mexicanos, ¿por qué no aprovechan para incluir en su agenda el tema del mejoramiento de las condiciones en las que realizamos la profesión?
Ahora que hay tanta efervesencia de los movimientos ciudadanos (a los que se unieron políticos y líderes de opinión) en defensa al derecho a la información, ¿por qué no vigilamos también las condiciones de trabajo en la que desarrollan su trabajo los periodistas? Ahora que se proponer la creación de un observatorio que vigile los contenidos que difunden los medios de comunicación, ¿por qué no vigilamos también que los trabajadores de la prensa tengan unas condiciones decentes de trabajo para desarrollar su labor?
¿Por qué las fundaciones, organizaciones y ONG dedicados al mejoramiento de la prensa mexicana callan ante las condiciones en las que realizamos el oficio? ¿No les parece evidente que la calidad informativa tiene una relación intima con la situación laboral de los periodistas, o por qué el silencio? ¿Para no incomodar? ¿A quiénes?
Debemos estar conscientes de que, si el mensajero está mal, el mensaje llegará distorsionado. Si muchos reporteros reciben 50 pesos por nota publicada o son obligados a firmar contratos en blanco o son subregistrados ante el IMSS, ¿qué clase de información van a transmitir? Si muchos tienen varios trabajos a la vez o tienen miedo de perder su trabajo o ser asesinados por tocar intereses, o si no tienen lo necesario para mantener a sus familias, ¿qué tan objetivas, libres y desinteresada serán las noticias que difundan? ¿De qué calidad van a ser? (Basta leer el perfil del freelance mexicano que hizo la Fundación Rory Peck)
Ya sé, varios dirán que así es el mercado de la oferta y la demanda. Que ni modo, si un periodista quiere recibir 50 pesos por nota, muy su problema. Pero no estamos hablando de un obrero que fabrique zapatos o de un ejecutivo bancario (que también tienen derechos), estamos hablando de trabajadores que tienen como materia prima para elaborar su trabajo un Bien Público y estratégico: La Información. La información no es asunto de privados, es un bien de todos.
Tenemos que entender que sin condiciones justas de trabajo es imposible hablar de independencia editorial y de libertad de prensa. Y que si decimos que la prensa tiene un rol fundamental en la construcción de la democracia, es obvio que un periodismo real y de calidad sólo puede asegurarse a través de decentes condiciones de trabajo.

La importancia de pertenecer a una red

In Bitácora on Octubre 4, 2008 at 7:32 pm

Recibí la llamada de una amiga reportera que se encontraba desolada. La mayoría de los temas que propone sobre derechos humanos (la fuente que cubre) se los bloquean en su redacción. Reportaje que entrega, reportaje que no ve la luz.
Ella es una buena profesionista: reportea antes que nadie los excesos que ha cometido el ejército en su lucha contra el narcotráfico; está enterada al momento de las salvajadas policiacas que comenten contra los migrantes y está al día de las grillas entre las comisiones de derechos humanos, el gobierno y los organismos internacionales. Pero sus jefes siempre le dicen que sus textos no están fundamentados.
El día que me llamó ella se cuestionaba si realmente servía para ser periodista. Si no habría errado su vocación. No era la primera vez que la veía así, abatida, con dudas vocacionales.
Le pedí que me enseñara sus textos para leerlos (siempre que me ha ocurrido lo mismo que a ella pido segundas y terceras opiniones para detectar mis errores y hacer un mejor trabajo).
Al checarlos vi que sus notas eran impecables. Como se las habían rechazado tantas veces, ya se había convertido una experta en documentar –con fotos, documentos, videos, expedientes, entrevistas– los hechos. Las notas estaban equilibradas, tenían la versión de la parte acusada. Cumplían los requisitos de una información de calidad.
Analizamos el contexto en el que reporteó esas informaciones, la relación que mantiene con sus editores y jefes inmediatos, los negocios que tiene la empresa en la que trabaja, las empresas que sostienen la publicidad, el tipo de notas que en su redacción rechazan y las notas que sí le publican. Fue fácil llegar a la conclusión de que en su empresa protegen a las corporaciones gubernamentales de las que ella debe informar. Pero nadie le había dicho que había una orden para no “tocarlas”.
Ejemplos como este se repiten en todos lados. Son el pan de cada día en las redacciones de México y de todo el mundo. Todas les empresas periodísticas defienden intereses pero hay algunas que están tan endeudadas de favores que hacen imposible el derecho a la información. Y los y las reporteros que desconocen estas redes de intereses, terminan creyendo que son culpables de que su información no aparezca y muchos, frustrados, cuelgan la profesión o caen en la desesperanza. Con el paso del tiempo, ellos mismos se censuran.
En casos como estos es recomendable crear una red con otros colegas –de adentro de la propia redacción o externos– que tengan habilidades para analizar la coyuntura, que no tengan pena para decirte si la nota fue mala o desequilibrada, que sepan del oficio y sus entuertos, que no conviertan las sesiones en lamentos contra los “malos editores”, que mantengan como confidencial lo que platican entre ustedes, que estén interesados en la construcción de un buen periodismo y tengan la conviccción de que sí puede hacerse.
Si actuamos como islas terminaremos derrotados por el cansancio y la frustración. Si entre varias islas formamos redes, buscamos nuestros “pared ideológicos” podremos intentar, al menos, cambiar las cosas sin que la realidad nos avasalle.

DELIMITAR LOS ALCANCES DE LA VIOLENCIA

In Bitácora, Periodismo buscasoluciones, Sin categoría on Septiembre 16, 2008 at 8:30 pm

Don Javier Darío Restrepo, el ‘Pepe Grillo’ de las redacciones latinoamericanas, suele contar una anécdota que cada vez que la escucho me causa escalofríos.

“Zlatko Dizdarevic supo que su periódico era más necesario que el pan el día en que los guerreros lo incendiaron. Liberación era el único periódico que se publicaba en Sarajevo, y a pesar de la destrucción total de sus equipos e instalaciones, al día siguiente del incendio circuló como de costumbre y aunque los ejemplares se vendieron al doble de su precio, la edición se agotó en manos de lectores que apenas si tenían el dinero suficiente para comprar pan. ¿Y cómo se explica que un periódico pueda llegar a ser más necesario que el pan?, le pregunté a Zlatko. El me respondió con la misma seguridad con que se formulan los axiomas o las verdades rubricadas por la experiencia: ‘Porque en las crisis la gente puede vivir sin pan, pero no sin esperanza’.”

Hoy en particular me he acordado de esa bella anécdota, hoy que he estado preguntándome durante todo el día ¿qué esperanza podemos mantener cuando amanecimos con la noticia de que mientras en todo México gritábamos al unísono ‘Viva México’, tronábamos cohetes, arrojábamos serpentinas y rememorábamos la Independencia, unos terroristas aventaron granadas contra ciudadanos comunes que festejaban la fiesta patria más importante que tenemos?  ¿Dónde cabe la esperanza después de que escuchamos la crónica de la niña que, herida en la plaza de Morelia, seguía sosteniendo su globo blanco, rodeada de los cadáveres de sus familiares? ¿Quién no está asustado? ¿Qué tenemos que hacer los periodistas?

Vuelvo a recordar a don Javier, ese maestro periodista y colombiano universal, quien en su cruzada por el periodismo que no roba la esperanza suele contar un ejemplo: que después del 11-S, cuando el terror invadió a los norteamericanos, el New York Times dedicó un número a delimitar los alcances de los atentados. Los reporteros de todas las áreas desde cultura hasta la deportiva pasando por la política habían preguntado a sus fuentes cuáles serían los daños reales en sus áreas causados por los atentados a las Torres Gemelas. Así, una vez que todos respondieron sacaron una edición que, al delimitar los daños, ayudaba a recuperar la confianza de los ciudadanos.

¿Cómo delimitar la violencia? ¿Cómo hacerle frente al terror? ¿Qué tenemos que hacer los reporteros? Yo misma no lo sé pero no quiero dejar de intentar respuestas. Supongo que los reporteros de asuntos judiciales tienen que cumplir con su trabajo, narrar los episodios violentos y desentrañarlos. ¿Y el resto, qué podemos hacer? Supongo que seguir visualizando los temas a los que estamos dedicados (del área que sean), porque el estruendo de una sola noticia, por terrible que sea, no debe llenar los noticieros.  

Además creo que debemos escarvar a fondo en las mismas noticias terribles para ponerlas en contexto y delimitar sus alcances. Confiando en que lo que resulta también es noticia.

¿Cambiaría algo si te dijeran que sólo en Río de Janeiro han asesinado a más personas este año que en todo México? ¿O, como publicó Milenio, que mueren más mexicanos de tuberculosis que por los ajustes de cuentas del narcotràfico? ¿O que México no está entre los países latinoamericanos más violentos según el último ranking internacional? ¿O que en Palermo hubo todo un movimiento ciudadano que se opuso a las mafias que ejecutaban, cortaban cabezas, ponían bombas, habían comprado al poder y parecían invencibles? ¿O que este mismo terror, con sus matices, ya se vivió en Colombia, donde encontraron la forma para mantener a raya a los narcotraficantes?

Sé que la nota es la nota, que las notas periodísticas sólo reflejan la realidad, y que los periodistas somos el espejo. Pero, ¿qué tipo de espejo queremos ser? ¿Un espejo que inmoviliza a los ciudadanos, que roba la esperanza?

Este comentario surge de la indignación que siento por el terror que se vive y de la urgente tarea que tenemos de seguir haciendo la vida normal, de evitar que el miedo nos paralice, para no ceder más espacios ciudadanos.

 

Historias de la frontera sur (Marco)

In Bitácora, Sin categoría on Septiembre 9, 2008 at 10:44 pm

Se llama Marco Justino Ricardo Antonio y es un papá hondureño de 22 años. Hoy debería de estar en Estados Unidos mas no está allá. La semana pasada iba montado sobre el lomo del tren en el que viajan los migrantes más pobres de entre los pobres, los que tienen que completar tramos a pie y ayunan forzadamente todo el trayecto. A la altura de Palenque varios “maras” se subieron a la caja donde viajaba y, uno a uno, aventaron a los tripulantes originales.

Las ruedas del tren le arrancaron media pierna izquierda y sus sueños. A una joven le mutilaron las dos.

Read the rest of this entry »

El oficio de templar el alma

In Bitácora on Septiembre 8, 2008 at 6:56 pm

 Las bocas que alimentar son muchas y el maíz escasea. Ha llegado el momento. Todos en casa lo saben. El varón que queda en la familia enrrolla sus triques, cruza ilegalmente la frontera de la que le han hablado tanto sus primos, busca un cuartito en la ciudad y comparte la renta hacinado con otros de su mismo pueblo.

Es hora de trabajar para mandar remesas a casa y mantener a los que quedaron atrás. De hoy en delante ayunará de comida casera y caminará 12 horas exactas por la calle. Cargará una caja que le dobla la espalda cargada de chicles y golosinas o de ungüentos para los zapatos. Mutilará sus recuerdos para no llorar por soledad.

Sufrirá lo que sufre cualquier paisano que cruza a Estados Unidos, aunque estos migrantes aquí descritos son niños, son indígenas, son guatemaltecos, son indocumentados y viven en México. Trabajan sobre el asfalto de Tapachula desde los siete años y hasta las 11 de la noche, extrañando a mamá, moqueando en los rincones porque no está cerca, imaginando qué estarán haciendo sus hermanos, tiritando del frío que llevan en el alma hasta que aprenden a templarlo y a equilibrar el espinazo para sostener correctamente la caja de dulces que ofrecen a otros niños y que no pueden comerse ellos.

 

 

 

 

 

Vivir en la basura

In Bitácora, Sin categoría on Septiembre 7, 2008 at 8:47 am

Estudié en una universidad que fue construida a un lado de un basurero. Cada vez que llovía nos llegaba el tufo a podrido y basura mojada. Todo el invierno, el olor era pestilente. Un día quise entrar a entrevistar a los pepenadores pero no lo conseguí. Al poco tiempo toda la gente que vivía de los desperdicios fue expulsada, los basurales aplanados y donde antes hedía fue construido, a ritmo voraz, toda la exclusiva zona de Santa Fe. Después lo más cercano que estuve de la basura fue leyendo el pestilente reportaje de Alma Guillermoprieto sobre las mafias de los pepenadores, tan parecidos al corporativismo priista y al país.  Recuerdo que una noche, en una cena, escuché decir a Alma que estando con los pepenadores entendió que tendría que aguantarse las náuseas y pizcar basura como ellos para entender lo que era trabajar en la inmundicia. Si no lo hubiera hecho, el reportaje hubiera sido una pieza de laboratorio ascéptica y no un sucio fragmento de la vida.

Ayer estuve en el basurero de Tapachula. Vi a cientos de personas quie peleaban con los zopilotes por los desperdicios. Mis pies se enterraron en un fango olor a podrido compuesto por basura fermentada. El administrador del basural, un hombre al que le molesta que los pepenadores son indígenas guatemaltecos, me dijo orgulloso que desde hace unos meses prohíbe el paso a los niños y las mujeres embarazadas o lactantes. Dijo que ya habían podido “erradicar” a tanto niño y niña que se colaba para trabajar en los basurales. Y, a simple vista, su afirmación parecía cierta.

Las mamás y los niños ya no trabajan en el basurero. Ya no ganan 25 pesos por espurgar entre lo desechable. Ahora sólo viven sobre la basura, la tienen en su patio, en el paisaje, como masa entre los dedos de los pies. Ahora sólo usan el agua de un río que arrastra desperdicios, duermen sobre colchones no-reciclables y huelen un aire podrido. Ahora sólo usan ropa marca basural y tienen sus casas tapizadas de moscas vivas que salen en estampida y cambian de lugar a cada respiro fuerte. Ahora ya no ganan nada de la basura, sólo la tragan, la respiran, la transpiran, la acumulan, los embarra, los infecta, les saca granos, les provoca diarreas y vómitos y náuseas y los mata. Pero, a quién le preocupa.  

 

Cuidado, niños trabajando

In Bitácora on Septiembre 6, 2008 at 1:32 am

‘Kidzandia’ es un parque de diversiones donde los niños juegan a ser grandes. Ahí mis sobrinos jugaron a abrir una cuenta de banco en HSBC, se convirtieron en empleados de Marinela y uniformados con sus batas azules prepararon gansitos, disciplinados pintaron casas con pinturas Comex, nerviosos transportaron dinero vestidos como empleados del Servicio Panamericano y hasta arreglaron cables sueltos de Telmex… En esa ciudad infantil dominada por las marcas un empleado vestido de payaso le arrebató a mi sobrino de cuatro años los fajos de billetes falsos que transportaba a una bóveda, y le robó de golpe la seguridad de andar en la calle, le mostró lo que es la delincuencia, lo hizo llorar y le quitó la inocencia.

Hoy llegué a Tapachula, Chiapas, y vi a cientos de niños y niñas guatemaltecos trabajando de verdad. No pagaron 175 pesos para entrar a ‘Kidzandia’ para vivir la experiencia de ser adultos porque ellos, desde que llegaron a México, se quedaron sin infancia. Son ejércitos de infantes que caminan por las calles y venden chiclets Canel’s o cigarros Marlboro, o quienes en las fincas cercanas pizcan café gourmet y dejan empeñada su infancia en la tienda de raya del patrón, o quienes en el basurero municipal pepenan latas de Coca-Cola y desperdicios a los que ya no se les ven las marcas. Lo hacen de día y de noche. Ahora mismo, bajo el aguacero que inunda las calles, pasada la media noche, se alcanzan a ver sus siluetas de “canguritos”, con su cajita colgada al pecho mientras esperan bajo la lluvia a que alguien se acerque a comparles algo. Lo que sea.