Periodista Social

Archivos de la categoría ‘Crónicas y reportajes’

Migraciones vemos… infancias no sabemos

In Crónicas y reportajes, Periodismo buscasoluciones on Diciembre 17, 2008 at 7:40 am

Niños deJuárez

El 15 de diciembre presentamos “Migraciones vemos… infancias no sabemos”, un libro de autoría colectiva de seis reporteras (Thelma Gómez, María Luisa López, Elia Baltazar, Liliana Alcántara y yo) de la Red de Periodistas Sociales. Lo hicimos a invitación de Nashieli Ramírez, coordinadora de Ririki Intervención Social, como punto de partida del programa Niños en Movimiento.  

El libro retrata la situación que viven niños y niñas migrantes, que tienen de cero a ocho años, que han sido desplazados por las condiciones económicas de sus padres, ya sea de Veracruz a Chihuahua, la tierra de las maquilas; o de la miseria de la Montaña de Guerrero a la pizca de tomate en Sinaloa o Michoacán; o viniendo de Guatemala a los basureros o las calles de Tapachula; o del sueño americano en Arizona a la realidad del estancamiento económico en Michoacán; y de Oaxaca a la periferia y la venta ambulante en el Distrito Federal. El retrato tiene nombres, rostros, emociones, paisajes, intereses económicos, consecuencias sociales vigentes y relaciones con un poder que así sea federal, estatal o local, siempre intenta quitarse el bulto de su presencia. Son los niños y las niñas invisibles para todos, para las políticas públicas, para el sistema escolar y de salud, para los vecinos, para los funcionarios públicos, para sus propios padres. (fragmento de la introducción de Ivonne Melgar)

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El imaginario colectivo del avionazo

In Crónicas y reportajes on Diciembre 12, 2008 at 4:09 am

Una bola de fuego cruza el aire. Tiene ruido de motor y forma de mini-avión blanco. Lleva lumbre, unos dicen que en “la aleta”, otros que en “la cola”, otros que no se fijaron. Se desploma casi en Periférico y a hora pico. Jala un cable de alta tensión. Provoca un apagón. Cimbra el suelo. Explota y se hace llamas. Contagia de fuego todo a la redonda. Enciende autos, los quema, uno tras otros, como dominó, con todo y tripulantes. Abrasa a personas que estaban en la calle. Ilumina el cielo de color naranja y lo deja encendido durante horas.  

***

La señora Margarita Camilo Chico siente el estruendo en la espalda, “haga de cuenta que era una bomba”. Voltea y encuentra un incendio. Corre hacia las llamas. La jala el instinto: su hijo quinceañero acaba de irse del puesto de dulces con rumbo a donde ahora se ve el fuego. Varios flamazos la detienen: las explosiones simultáneas de carros la impulsan hacia atrás.

El fuego se extiende como telón. Entre las llamas distingue algunas en forma de personas. Hombres y mujeres antorchas que corren angustiados. El corazón se le estruja: uno de ellos puede ser su chamaco.

***

Los gritos se suceden como las explosiones: “Corraaan, los coches están prendieeendo”. En segundos el inconsciente colectivo traiciona y modifica la tonada: “Coches-bomba, coches-bomba”. Son los síntomas del trauma post-Morelia, el impacto de nuestro 15-S.

Desde el segundo piso del número 5 de la calle de Pedregal, un curioso se asoma por la ventana momentos después de la explosión. Horrorizado, se aleja del cristal como movido por un resorte. No aguantó ver fuego en movimiento, fuego desesperado, fuego en forma de silueta humana que corre angustiada intentando huir de la propia piel.

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Welcome to Michoacan

In Crónicas y reportajes, Sin categoría on Noviembre 11, 2008 at 6:27 pm

LA PIEDAD, Mich.- Por 13 años, doña Guadalupe Garnica pidió a Dios que la Migra atrapara a su hija María, a su yerno José y a sus nietos, y los regresara a México. El pasado 24 de diciembre le concedió el milagro, aunque no al pie de la letra: a ellos nadie tuvo que expulsarlos; abandonaron Arizona, apanicados por las nuevas leyes antiinmigrantes.

María y sus cinco hijos llevan menos de un mes en México, en casa de la emocionada abuela Lupita, y el futuro ya deja ver varias cuarteaduras. Jennifer, la chiquita de seis años, llora cuando va a la escuela y sus estudios aquí no son gratuitos. A Carolina, la quinceañera, no la aceptaron en clases por falta de papeles. Marco dejará truncada la prepa por el miedo que le da no recordar cómo se escribe en español. Julio enmudeció y planea retornar a Arizona. José Luis, el mayor, no encuentra trabajo y ni siquiera puede arar la milpa del abuelo porque el ejido vendió todo a una inmobiliaria.

Ese es el panorama actual de los Trujillo Menchaca, una familia de mexicanos criados en la moderna ciudad de Phoenix, entre malls y freeways, que estrenan vida en La Piedad, Michoacán, la capital del cerdo, los dulces de cajeta y los rebozos.  Read the rest of this entry »

Río Santiago: Fuenteovejuna ambiental

In Crónicas y reportajes on Noviembre 3, 2008 at 10:11 am

Por Marcela Turati/Publicado en Excélsior 2007

Juanacatlán, Jalisco.– Al pie de un acantilado que permite una vista panorámica, se ubica la primaria “Mártires del Río Blanco”, donde está a punto de repetirse la historia patria. Cual broma macabra, el nombre de la escuela es una fiel metáfora de la lenta muerte que viven los niños que en esas aulas toman clase: la intoxicación por el río espumoso que corre metros abajo.
Los nuevos mártires estudian al pie de la cascada de aguas cloacales y tóxicas que por su belleza era conocida como “El Niágara mexicano” y lugar de vacación por excelencia. Aprenden el abcedario, a sumar y restar, justo donde el río Santiago salta, después de haber recibido los desechos de Guadalajara y su zona metropolitana y arrastrado los químicos vertidos por las fábricas localizadas en el corredor industrial establecido a lo largo de su cauce.
Al brincar por el desnivel que antes era de piedra natural y hoy es una cortina metálica, se forma una espuma blanca que, cual lavadora desbordada, se acumula y crece. Cuando hay viento o llueve esa espuma vuela, cae en el patio escolar, y algunos niños que toca caen enfermos.
Estudiante dentro de esa toxina que se ha vuelto su escuela, el niño Luis Enrique Vázquez dice que desde que ingresó a primaria seguido siente dolores de cabeza y estómago. De las manchas blancas que tiene en la cara, dice que le salieron desde que empezó la primaria.
La niña Daiana Miroslava Huerta dice que a ella la espuma del río le mancha la piel, y le hace doler la garganta y cabeza. El doctor le dijo que es porque tiene la piel delgada y porque está en crecimiento.
Estos son algunos testimonios de niños manchados de la piel como si fueran plantas plagadas; de mujeres locales con mascadas en la cabeza por la quimioterapia que reciben; de jóvenes viudas del cáncer; de personas marchitas que aparecen en el video “Salto de Juanacatlán, donde el agua envenena…”, filmado por IMDEC y “Grupo Vida”, un conjunto de ciudadanos de la zona, que asegura que el río causa cáncer y que se ha dedicado a denunciarlo. Read the rest of this entry »

El toxi-tour, experiencia única

In Crónicas y reportajes on Noviembre 3, 2008 at 10:02 am

Por Marcela Turati/Enviada a Salamanca por diario Excélsior

 

Los organizadores del city-tour llegan puntuales al hotel. Antes de iniciar el recorrido de tres horas La Maestra y El Activista, guías de esta aventura, lanzan varias instrucciones logísticas: vestir pantalón y camisa de manga larga, llevar cubrebocas y bañarse al terminar.

La promesa es que los aventureros experimentarán sensaciones fuertes como comezón en la piel, ardor en los ojos, rasposidad en la garganta, picazón en la nariz y, los menos suertudos, dolores de cabeza.

Así, inicia el llamado “toxi-tour”: el recorrido tóxico-nauseabundo por la ciudad de Salamanca, Guanajuato, personaje de una bella canción de José Alfredo Jiménez y sede de una refinería, una termoeléctrica, varias fábricas de químicos y una de pesticidas, y lugar de paso de un río puerco que –al abandonar la ciudad– sale más contaminado.

A escasos 20 minutos, la primera parada.

“En este campo se encuentra toxafeno enterrado, es uno de los químicos más tóxicos… ese cerro amarillo tiene azufre y una serie de tóxicos… pasando ese campo está la termoeléctrica, tenía alambre pero se lo robaron… atrás de la barda está la refinería… no hay un inventario de tóxicos por lo que no puedes hacer un plan de contingencia ambiental”, dice El Activista apuntando a los diferentes puntos cardinales de la contaminación salmantina.

La ubicación exacta del primer punto del recorrido es a un costado del riachuelo de aguas sucias que tiene bien ganado el nombre de “Arroyo Feo”.

Justo a unos metros está la montaña amarilla ferrosa que sobresale del patio de desechos tóxicos de la fábrica de agroquímicos tóxicos Tekchem, en contraesquina de la Termoeléctrica sin bardear de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y de la Refinería de Petróleos Mexicanos.

Para más señas, es en el triángulo donde colindan las tres industrias más contaminadoras de la ciudad de 230 mil habitantes y justo donde crece una milpa a la que algunos animales le arrancan el maíz a bocados.

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Las 7 plagas que azotaron Salamanca

In Crónicas y reportajes on Noviembre 3, 2008 at 10:00 am

Por Marcela Turati/Enviada por Excélsior

Esta es la historia de la ciudad donde un granjero tiene un pozo que dejó de dar agua y extrae petróleo. Una urbe cuyo cuerpo de bomberos acudió varias veces a apagar el río porque ardía en llamas. Cuyas calles amanecían con cadáveres de pájaros que se desplomaban al pasar por su cielo. Donde una nube verdosamarillenta roció con veneno para plagas a 16 mil personas que, desde entonces, quedaron marchitas y enfermas.

Es un lugar donde se desarrolla la historia fatal de tres niños que eligieron irse de pinta a los cerros aledaños y se calcinaron en un monte de ácidos industriales. De la familia que, para calentarse del frío, robó maderas del patio de una fábrica de plaguiocidas y se convulsionó con los gases de la combustión. De multitudes de niños con bronquitis que sangran al respirar y se encierran en casa cuando huele feo.

Ciudad donde cada tanto se reeditan peleas, cuerpo a cuerpo, de personal del municipio contra plagas de moscos salvajes y de lirios acuáticos.

Todas esas vivencias confluyen en Salamanca, Guanajuato: ciudad-veneno por excelencia. Urbe con un olor característico a ajo-huevo podrido-cadáver insepulto-azufre-amoniaco-insecticida-drenaje-cebolla y tóxico, considerada la campeona nacional en contaminación ambiental.

Los salmantinos consiguieron el título para su ciudad a base de las descargas por aire, agua y tierra “cortesía” de sus sucias paisanas: la refinería de Pemex; la termoeléctrica de la Comisión Federal de Electricidad; Tekchem, la fábrica de pesticidas prohibidos en otras partes del mundo; las productoras de asfaltos, solventes y otros químicos. Read the rest of this entry »

La tribu que peleó contra los apaches

In Crónicas y reportajes on Noviembre 3, 2008 at 9:55 am

LA TRIBU QUE PELEÓ CONTRA LOS APACHES

Por Marcela Turati/Publicado en Excélsior 2007

 

Múzquiz, Coahuila.—  “¿Si se acuerda que nosotros le ayudamos a ustedes? ¿Que nosotros corrimos a indios bravos, comanches, apaches, mezcaleros, que le cortaban el pescuezo a ustedes?”

Con esa desconcertante pregunta el anciano Jesús Sukue da la bienvenida a su tierra a los recién llegados. Deja a un lado el rastrillo con el que desentierra raíces de nopales muertos, y prosigue su extraña charla: “Nos dieron este terreno a nosotros porque nosotros trabajamos mucho para que pudieran vivir ustedes”.

Sus palabras no tienen sentido para los forasteros, pero son ciertas. Pronto Sukue irá a su casa por un papel fechado en 1850 que probará su dicho. Mientras eso ocurre los recién llegados sólo saben que están en un lugar llamado “Nacimiento”, a donde se llega por un camino de brechas que parte de Múzquiz, y que encontraron a un loco que en pleno siglo 21 habla de incursiones apaches y cueros cabelludos cortados.

“Nacimiento” es territorio de la tribu Kikapú (o Ki Ka Poo si prefiere usarse su nombre en inglés), esa etnia de indios transnacionales, de indios migratorios que parte del año viven en Estados Unidos y atienden un famoso casino y el resto del tiempo vienen a estas tierras a descansar y hacer sus ceremonias, a donde, según advierten, “mexicano” no puede ir.

A finales de enero y todo el mes de febrero, por las carreteras del norte de Coahuila circulan pick-ups con familias kikapúes a bordo. En esas fechas se ven indígenas de cara redonda, sonrisa fácil y ojos rasgados tipo esquimales paseando por el pueblo de Múzquiz o pidiendo hamburguesas con coca como desayuno en las cafeterías estilo viejo oeste que hay en la región.

También por esas fechas los encabezados de los periódicos anuncian: “Apoyan los kikapúes al Gobierno estatal; anuncian una inversión de 12 mdd para fomentar y conservar las fuentes de empleo de Múzquiz” o “La etnia Kikapú adquirió la gasolinera Servicios Múzquiz y conservó a los empleados”.

Así de estruendosa es la llegada anual de los indios empresarios, los dueños del casino “Lucky Eagle” (o “águila de la fortuna”) como anuncian los espectaculares colocados a lo largo de la carretera que conecta Nueva Rosita con Eagle Pass, y que muestra a puro apostador afortunado. Read the rest of this entry »

UN EJERCITO DE NIÑOS VS. LAS MINAS

In Crónicas y reportajes on Agosto 10, 2008 at 9:40 am

Bajo la tierra que rodea a sus casas y a todo su pueblo, en vez de cebollas y tomates, están enterrados estos “soldados” asesinos. Dispersos en la maleza hay objetos de metal que los niños nicaragüenses confunden con bates de béisbol, pero resultan ser explosivos y matar. En los caminos las señalizaciones son rojas y tienen rotuladas calaveras blancas. Es la alerta para impedir el paso a los lugares donde hay minas antipersonales.
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EL DRAMA DE EPIFANIO LABRA (Un malentendido por usos y costumbres)

In Crónicas y reportajes on Marzo 4, 2008 at 6:12 am

En las comunidades mixtecas que viven en la sierra que comparten Oaxaca y Guerrero, los matrimonios son negociados en una transacción comercial, llamada dote, en la que la novia no interviene. El precio por una esposa puede ser de 25 litros de aguardiente o hasta de 50 mil pesos, y se pueden tener tantas mujeres como se pueda pagar y mantener

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Comienza a sentirse el hambre en Oaxaca

In Crónicas y reportajes on Marzo 6, 2007 at 12:49 am

HAY HAMBRE EN MUNICIPIOS CONURBADOS DE OAXACA
Por Marcela Turati (Fotos Nacho Galar)
PERIODICO EXCELSIOR. NOVIMEBRE DE 2006

Xoxocotlán.— El hambre comenzó a apretar en los municipios conurbados de Oaxaca.
Los campesinos que décadas atrás dejaron la milpa y migraron a la ciudad en busca de oportunidades, hambrientos, están regresando a sus lugares de origen. No tienen trabajo desde hace tres, cuatro meses, los mismos en los que los alimentos duplicaron su precio.
En la colonia Los Ángeles –que surtía de albañiles, lavanderas, trabajadoras domésticas y afanadores a Oaxaca–, la nueva dieta es tortilla y frijol con sal; los desempleados compran periódico en vez de pan, con la esperanza de encontrar en las secciones de anuncios clasificados el trabajo que no existe.
Por sus calles sin trazo ni pavimento ya no transitan los camiones repartidores de Coca, Marinela o Sabritas, por miedo a los saqueos de quienes se dicen APPO y porque no hay quien compre. Los vendedores de abarrotes ya se comieron su propia mercancía.
Mientras los antiulisistas de la APPO, los policías estatales vestidos de civiles y la PFP se enfrentan a 20 kilómetros de distancia, las familias piden fiado, atrancan sus casas de techo de lámina, se regresan al rancho natal o comienzan a exiliarse del hambre en Estados Unidos.
‘DIOS MIO, QUE NO ENFERMEN’
Cidronia Martínez mira a sus cuatro hijos humedecer su tortilla en el caldo de frijol y no logra espantar el miedo de que uno de ellos se le enferme por el ‘frial’ que hace. Los observa recargada en lo que fue un anaquel de la tiendita de abarrotes que tenía con Dimas, su esposo. La necesidad los empujó a comerse la mercancía.
De su tienda y los 7 mil pesos que le habían invertido en productos, sólo les quedaron dos jabones Zote, un Suavitel y una botella de cloro. Hace tres meses optaron por no surtirla; los mismos que Dimas lleva sin encontrar una obra donde le paguen por pegar ladrillos.
“Todo está jodidísimo. Tengo miedo de todo, por los niñitos, con qué dinero vamos al doctor si se enferman, y ahorita puro frijol, y los niños dicen que quieren más pero no hay forma”, dice sonriente, como si hablara de un caso que no es el suyo, como no queriendo que sus hijos se den cuenta de la carga que llevan sus palabras.
“Antes, por lo menos, dos tres veces a la semana comíamos pollo, verduras, frutas de la temporada, ahora ya ni eso, ahora, si acaso dos veces al mes. Ya hasta la cuenta perdí”, dice risueña.
Cubriéndose del frío con su gorro de estambre, Dimas recita de memoria las mutaciones que han subido los precios en la zona, que han sido los verdaderos rehenes del conflicto. Si el frijol costaba 11 pesos el kilo, ahora está a 15; la leche, de 7 se disparó a 10 la caja; el maíz, de 3 a 4.50; el jitomate, de 10, duplicó su precio; si con 10 pesos compraban 12 huevos, ahora sólo alcanzan 8.
“La gente se vino del campo para trabajar, y con esta situación se ha revertido esto: ahora en los pueblos es más fácil conseguir alimentos porque el campo no deja sin comida, todavía se puede sembrar, y acá quien no trabaja diario no come”, dice él, quien también es el jefe de la colonia.
Los estragos del hambre y la malpasada se reflejan en todas las casas a la redonda.
Dos familias vecinas emigraron a la Sierra Juárez , de donde algún día salieron para huir de la falta de oportunidades. La abuela zapoteca Ana Margarita Pérez Ruiz, vecina de Dimas y Cidronia, regresó a su pueblo natal para pedir comida prestada a sus parientes y alimentar a su plebe.
Ella quedó en el desempleo el 20 de julio.
“Hacía el quehacer con una licenciada que tenía una ferretería y como los maestros cerraron caminos y sus camiones ya no pasaban, me dijo que tenía que estar sin trabajar. Ayer fui a verla y me dijo que todavía no hay trabajo”, explica con la misma sonrisa de aparente despreocupación de Cidronia, pero por los ojos se le sale la tristeza.
Ana Margarita muestra los costales de maíz, frijol, chícharo y haba que trajo del rancho que abandonó décadas atrás, y a donde mandaba parte de los mil 200 pesos que ganaba a la semana.
“Hace un año tenía mis 7 mil pesos ahorraditos, ahora les pedí mil pesos a mi papá porque ya nos quedamos sin nada. Ya no comemos comida bien, nada de tasajo o pollo, ahora puro frijolito; a los niños tuvimos que suspenderles las frutas y el yogurt, desde hace un mes no probamos carne”, dice con esa desesperante sonrisa de ‘aquí no pasa nada’.
Bajo el tejabán de la casa de lámina, como todas las de esta colonia, su yerno, Pedro Ortiz, escudriña el periódico ‘Noticias’ en busca de trabajo. Desde hace un mes que dejó la fábrica refresquera en la que preparaba concentrados porque hasta tres horas tardaba en llegar, por el caos vial.
Cierra el periódico y comenta: “Antes venían bastantes trabajos pero ahora casi no. Y para mí, ninguno, buscan puro que ha estudiado más”.
En la colonia Los Angeles todo está suspendido. se desplomó el sueño de la electrificación subterránea, aunque sólo faltaba una firma. La que sería la nueva escuela se quedó en puro armazón. La gente que no ha emigrado no sale de casa, pues pocos tienen para pagar los 15 pesos que cobran las moto-taxis hasta el centro del municipio. Al cerro fraccionado, camino a Monte Albán, ya no suben camiones urbanos, pues los que daban el servicio yacen calcinados en alguna calle de la capital.
‘NI A LA ESCUELA PUDIMOS ENTRAR’
El regreso de los maestros a clases no sirvió de alivio a los losangelinos. Menos para gente como Rosa López Santiago, madre sola de tres hijos, dos de ellos en primaria
“Los maestros nos piden los 100 pesos de cooperaciones para arreglar las computadoras de la escuela y los tuve que dar”, dice sentada debajo de un árbol.
La joven-anciana de 26 años todos los días aguanta la mirada severa de sus pequeños cuando les sirve el plato raquítico con el menú repetido de caldo de frijol.
“Ellos quieren más pero les digo ‘aguántense, que no hay ahorita, y es que llevamos dos o tres meses sin comer pollo’”.
Junto a ella está Alma, su sobrina de 10 años, que no se aguanta y dice que “desde que empezó la guerra de los maestros”, ella, su hermana que iba a terminar la primaria y su hermano mayor ya no volvieron a la escuela.
“No tuvimos lo de la inscripción de 150 pesos que nos pedían a cada uno. Mi tío que está del otro lado nos manda un poquito, mi hermana Itaví ya iba en sexto, quería terminar la primaria, y mi hermano ya estaba en secundaria”, dice la niña que viste un uniforme escolar de la primaria Josefa O. de Domínguez, que alguien le dio de regalo.
Atravesando los carrizos que dividen los terrenos, los ancianos Cristino Santiago y Nieves Roque pasan hambre. Los 20, 25 pesos que gastaban en despensa les alcanza para la mitad y desde hace meses nadie visita su jacal para comprarles una de las chivas con las que cohabitan bajo el mismo techo chaparro.
Cristino está enfermo y trata de curarse con unas yerbas que se amarró al cuello. Dice que la medicina que tomaba triplicó su precio.
“Ora ya no compro tanto, nosotros no trabajamos, no hay dinero. Empezó el problema maestro-gobierno y 16 peso el kilo ‘azuca’, ya no hay cosa barata, medicina compraba 50 peso y orita 150, orita ya no hay gente que busca animales, el maestro quitó nuestro (camión) urbano y quemó”, resuma la viejita su situación.
“NI A FRIJOLES LLEGAMOS”
Como en las guerras, en los municipios conurbados de Oaxaca, las madres solas, los enfermos, los ancianos y los niños, son los primeros afectados de la falta de entendimiento político entre los oaxaqueños y la federación.
Hay familias que han podido matizar el sufrimiento de los niños, como la de Roberto Aguilar Córdoba, del pueblo de artesanos llamado Arrazola, que, literalmente, se encuentra tras lomita.
“Nos está llevando todo el trast
e a los artesanos, no viene turismo, y aquí el 80% se dedica a hacer alebrijes. Antes, a la semana venían dos o tres grupos de autobuses de extranjeros, ahora si se para un turista o dos al mes ya es ganancia, y lo mismo ocurre en San Martín Tilcajete, San Bartolo Coyotepec, Atzompa, Teotitlán”, dice frustrado.
Este creador de alebrijes que ha expuesto sus obras en Estados Unidos dejó sus últimas artesanías empeñadas en la ciudad de México, volvió a sembrar milpa y malvendió sus dos vacas y sus 12 borregos.
Ni con eso se salvó de la dieta de tortilla con sal, porque en su casa escasean también los frijoles.
“Por lo menos, dos, tres veces por semana mi esposa y yo comemos tortilla con sal, a las niñas sí tenemos que darles sus frijolitos y sus atoles de maíz porque están en crecimiento; nosotros nos aguantamos, al cabo ya vamos de salida”, dice el hombre de 41 años, padre de cuatro mujercitas.
El alebrijero que tuvo que volverse campesino, está por convertirse en albañil.
Se pone enero como plazo: si las cosas no mejoran seguirá la ruta de los 20 jefes de familia que hace varias décadas salieron de su rancho para mejorar su vida en Arrazola, y en septiembre tomaron un camión hacia Estados Unidos huyéndole al hambre.

RIO SANTIAGO: FUENTEOVEJUNA AMBIENTAL

In Crónicas y reportajes on Marzo 6, 2007 at 12:44 am

REPORTAJE RIO SANTIAGO, FUENTEOVEJUNA AMBIENTAL
Por Marcela Turati
PERIODICO EXCELSIOR

Juanacatlán, Jalisco.– Al pie de un acantilado que permite una vista panorámica, se ubica la primaria “Mártires del Río Blanco”, donde está a punto de repetirse la historia patria. Cual broma macabra, el nombre de la escuela es una fiel metáfora de la lenta muerte que viven los niños que en esas aulas toman clase: la intoxicación por el río espumoso que corre metros abajo.
Los nuevos mártires estudian al pie de la cascada de aguas cloacales y tóxicas que por su belleza era conocida como “El Niágara mexicano” y lugar de vacación por excelencia. Aprenden el abcedario, a sumar y restar, justo donde el río Santiago salta, después de haber recibido los desechos de Guadalajara y su zona metropolitana y arrastrado los químicos vertidos por las fábricas localizadas en el corredor industrial establecido a lo largo de su cauce.
Al brincar por el desnivel que antes era de piedra natural y hoy es una cortina metálica, se forma una espuma blanca que, cual lavadora desbordada, se acumula y crece. Cuando hay viento o llueve esa espuma vuela, cae en el patio escolar, y algunos niños que toca caen enfermos.
Estudiante dentro de esa toxina que se ha vuelto su escuela, el niño Luis Enrique Vázquez dice que desde que ingresó a primaria seguido siente dolores de cabeza y estómago. De las manchas blancas que tiene en la cara, dice que le salieron desde que empezó la primaria.
La niña Daiana Miroslava Huerta dice que a ella la espuma del río le mancha la piel, y le hace doler la garganta y cabeza. El doctor le dijo que es porque tiene la piel delgada y porque está en crecimiento.
Estos son algunos testimonios de niños manchados de la piel como si fueran plantas plagadas; de mujeres locales con mascadas en la cabeza por la quimioterapia que reciben; de jóvenes viudas del cáncer; de personas marchitas que aparecen en el video “Salto de Juanacatlán, donde el agua envenena…”, filmado por IMDEC y “Grupo Vida”, un conjunto de ciudadanos de la zona, que asegura que el río causa cáncer y que se ha dedicado a denunciarlo.
Los integrantes del grupo, todos profesionistas, han acudido a la televisión local, a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, a la Secretaría de Salud, al gobierno municipal, estatal y federal, y no han obtenido solución.
El gobierno estatal construyó una planta tratadora para eliminar tóxicos, pero el agua sigue espumosa.
En su desesperación, algunos habitantes de Juanacatlán invitaron al Subcomandante Marcos para que en su gira de La Otra Campaña respirara ese aire tóxico que despide el río, y lo denunciara, para ver si así llamaba la atención de alguien.
Sin embargo, el evento se tuvo que realizar en otro lugar porque es imposible detenerse encima del puente que une a las ciudades jaliscienses de La Piedad y Juanacatlán, donde se inaugura el río Santiago, como llaman a la prolongación del Río Lerma en su camino al pacífico.
Se tiene que hacer un esfuerzo sobrehumano para respirar el olor a gas-cloro-huevopodrido-químicos-ajo-chile-azufre-amoniaco y muerto que se atasca en la garganta, raspa la nariz, provoca lagrimones involuntarios, revuelve el estómago, da náuseas, causa jaqueca y saca ronchas en la piel al contacto.
También lo impiden las enjambres de moscos que se generan en su cauce y que de tan grandes y feroces podría pensarse que son mutantes africanos o que se fortalecieron con tanto químico vertido por las fábricas.
EN LA LUCHA CONTRA EL ECOCIDIO
“Quisimos demandar a las empresas contaminantes, pero ¿cuáles son las que contaminan? Es una suma del corredor industrial y del drenaje de Zapopan, Tonalá, Tlaquepaque y los lodos industriales. Entonces, ¿quiénes son los responsables del aumento de cáncer, del olor a huevo podrido, de las infecciones de la piel, de las enfermedades, de las náuseas, los mareos y los dolores de cabeza?”, pregunta Rodrigo Saldaña López, hombre flaco, de pelo y barba canosa.
Sobre el puente que se eleva sobre el espumoso río, intenta articular una frase entera para detallar el problema pero no lo consigue. Cada tanto, este hombre que dirige el “Grupo Vida” suspende la entrevista para aplastar a los bravos zancudos que descubre atacándolo o cierra la boca porque el mal olor hace imposible el habla.
“Hace tiempo morían en El salto dos personas maduras al año, las estadísticas actuales muestran que 28 por ciento de los habitantes mueren de cáncer y que entre los muertos había niños. Esto se pone alarmante para nosotros porque vivimos aquí. No es estadísitica, son gente que conocemos. Los de la Secretaría de Salud dicen siempre que hay muchas causas, ¡pero que nos demuestren que no es el río!”, dice con calma pero indignado.
Desde el 2001, el “Grupo Vida” se acercó a la abogada ambientalista de Guadalajara, Raquel Gutiérrez, en el intento por encontrar una respuesta por las vías judiciales. Al momento de la entrevista, Gutiérrez trae una tremenda jaqueca porque un día antes estuvo varias horas cerca del río documentando el grave problema de salud ambiental.
“En la zona ha aumentado el cáncer, huele siempre a huevo podrido, hay infecciones en la piel, huele tan mal que la gente pone toallas mojadas en las ventanas para que no pasen los olores”, explica la mujer con doctorado en Criminología especializada en Medio Ambiente.
Ella y sus alumnos de la Universidad de Guadalajara se han dedicado a estudiar los impactos de la salud en la zona y asegura que el ácido sulfhídrico que contiene el río está dañando la salud de los ha bitantes de la zona. En los máregenes del río hay 80 empresas industriales químicas asentadas.
“Se supone que antes de descargar, las aguas residuales son tratadas. Tenbemos una contaminación de carácter legal, p’ermitida por las normas oficiales mexicanas, pero como siguen descargando el proceso de contaminación se va acumulando y se hace inmanejable, y eso ya no lo mide la norma”, dice.
Con tres tesis doctorales en mano, la defensora dice que en un estudio que se hizo a 88 niños de la escuela José María Morelos, en la comunidad “El Terrero”, ubicado a los márgenes del Santiago, encontró niños con congestión nasal, ojos llorosos, dolor faríngeo y de cabeza, manchas en la piel, depreción y alteración de comportamiento (síntoma de posible intoxicación), entre otros padecimientos.
En el “Estudio Ambiental de Acido Sulfhídrico como contaminante del aire en las comunidades de Juanacatlán y El Salto”, tesis doctoral del MAestro en Ciencias Juan Gallardo Váldez documentó que 49% de su muestra sufría con frecuencia males respiratorios, 44% dolores de garganta, 4.6% enfermedades de la piel, 83% dolores de cabeza, 7.6% náuseas, 6% conjuntivitis, entre otros padecimientos.
De los entrevistados, 94% declaraba que percibía el olor del río, y para el 83% era a huevo podrido, para el 30% a drenaje y para el 17.5% a productos químicos. Para la mayoría el olor era intenso y lo sentían durante todo el año.
La solución, dice la abogada, no es únicamente limpiar el agua sino sacar los sedimentos acumulados en los alrededores de la zona industrial establecida hace 35 años. Propone además cambiar la norma oficial mexicana para que mida la contaminación acumulada.
LAS SOLUCIONES
De 11 años, El niño Abraham Delgadillo, sobreviviente a la escuela “Mártires del Río Blanco” dice que cuando llueve la espuma de río color nieve a sus compañeros les gusta jugar con ella. Él aprendió a no hacerlo más porque sabe que saca ronchas y enferma.
Lo dice en su casa, detrás del sillón en el que está acostada su mamá, Laura Miranda Gil –una mujer muy delgada, con el cráneo rapado cubierto por una pañoleta que está envuelta en una enorme cobija que la mantiene inmóvil. Se parece a las mujeres marchitas que aparecen en el video del Grupo Vida, que manifiestan tener cáncer.
Está de más decirlo que Laura, c
omo las demás, culpa de ello al río. “¿Qué más pudo ser?”, pregunta desde su debilidad.
En la sala se apila su padre, sus hermanos y hermanas, su hijo, todos alrededor de la enferma, todos culpando al río, todos sintiéndose en la mira. “¿Qué nadie va a hacer nada en contra de las fábricas que contaminan el río? O qué ¿nos tenemos todos que ir de aquí?”, pregunta furiosa, al pie del sillón, su hermana.
Por ahora, esa pregunta no tiene respuesta. No se ve que haya por ningún lado.

LA GENERACIÓN PEÑOLES (o los hijos del plomo)

In Crónicas y reportajes on Febrero 13, 2007 at 1:36 am

LOS NIÑOS CON HERENCIA DE PLOMO

Por Marcela Turati
Torreón, Coah.—“¡Entrevísteme a mí, yo tengo plomo en
la sangre!”, grita un niño afuera del kinder Jean
Piaget. “Yo también”, se ofrece otro de inmediato, y
sus gritos alebrestan a sus compañeros de fútbol.
Todos comienzan a competir, ya no por el balón sino
por ver quién ha sido el más dañado por el metal que
arroja la molesta y sucia vecina que vive al otro lado
de la barda; la empresa Peñoles.
“A mí me sale sangre de la nariz”, presume uno de
ellos, el más gordito. “A mí me duelen los huesos”,
dice el único ojiverde. “A mí me duele la cabeza, a
mi hermanito le da asma y el otro se murió, dijo mi
mamá que porque tenía plomo”, alterna otro de pelo
casi a rape y grandes orejas.
Todos tienen una historia que contar, se asumen como
medidores humanos del plomo ambiental. Son niños con
achaques de adultos que si no tienen asma, sí
sangrados nasales, cansancio extremo, dolor de huesos,
mareos, jaquecas, pesadez en la panza, o todo junto.
Son niños marchitos como plantas, envenenados por el
polvo que han tragado desde que nacieron. Forman parte
de la generación de Niños-Peñoles, de hijos del plomo.

Ellos son la carta de presentación y quienes dan el
recibimiento a la Colonia Luis Echeverría, traspatio
de la fundidora, cuyos habitantes fueron los primeros
de esta ciudad a quienes se les encontró la sangre
emponzoñada con el metal.
Eso fue hace ocho años.
Tras el escándalo inicial, la empresa reubicó a la
mitad de los echeverristas lejos de la zona tóxica y
plantó un bosque en el terreno deshabitado. Sin
embargo, dejó a la mitad de la colonia, a las familias
de los niños que juegan tras la barda que delimita a
la empresa.
Puerta adentro de las casas de la Luis Echeverría –que
tienen como paisaje se ve una montaña negra de
desechos y varias chimeneas humeantes– se esconden
historias como la de la abuela Martha Alicia Arreola
Medina.
“Mi hija se embarazó y tuvo un bebé, desde que se
embarazó le detectaron arsénico, el niño nació con
malformaciones y microcefalia el 15 de junio del 2000,
y como él hubo varios. Mi nieto nació con residuos de
arsénico y se murió a las 36 horas de nacido. La
empresa nunca reconoció su culpa.
“En ese tiempo, mi nieto José Antonio tenía dos años y
presentaba 41 microgramos por decilitro y cuando nació
mi nieto Gael Antonio, saliendo de la panza de su mamá
nació contaminado con 5 y es asmático, como muchos
niños de aquí. Tienen siete años viviendo fuera de la
colonia, por eso se normalizaron”, señala.
La señora Martha dice que muchas vecinas en edad
fértil tienen el veneno en el cuerpo y cuando se
embarazan expulsan a sus fetos, y las que logran dar a
luz tienen niños deformes. No tiene el dato de cuántos
casos ha detectado.
“Reubicaron a la gente que creyeron pertinente, no a
todos, a pesar de que en un estudio que se hizo y que
reconocieron las autoridades salió que las colonias
que vivimos pegadas a la empresa son inhabitables
porque nosotros respiramos toda la contaminación que
sueltan en la madrugada, la sentimos, nos pica y arde
la nariz y los ojos, como si respiráramos un químico;
veneno”, continúa.
Habla de todos los estudios que se han hecho. Reseña
cada uno de sus recortes periodísticos que tiene en su
archivo. Muestra fotos. Recuerda casos.
Su principal enojo es que desde el 2004, el gobierno
federal y el estatal dejaron libre a la empresa para
que ella estudiara la sangre de sus vecinos, los
diagnosticara, determinara su estado de salud y los
medicara. Supervisada por la secretaría de Salud del
Estado.
“Es anomalía que la propia empresa se lleve los
resultados y determine quiénes sí y quienes no tiene
plomo”, se queja.
Afuera de su casa espera un par de vecinas que quieren
relatar sus casos. En el recorrido, varias mamás
invitan a que se fotografíe a la empresa desde su
casa. Una señora ordena a los niños que posen con cara
de tristeza para las fotos. Los pequeños futbolistas
se disputan quién tiene la historia más conmovedora.
“Yo tengo plomo”, insiste el niño pelado a rape. “Dile
que también por el plomo se murió tu hermanito”, le
ordena con brusquedad una vecina. Él pone cara de
sorpresa. Se congela. Cabizbajo, a punto de llorar
pregunta: “¿Por eso se murió?”

PIES DE FOTOS CON TESTIMONIOS:
LOS VECINOS DE PEÑOLES

¿Qué significa tener plomo?, se le preguntó a los
niños de 4 a 11 años que se publicitaban como
portadores de plomo, y esto fue lo que respondieron:

1 PLAYERA NEGRA, José Antonio Martínez Medina, 10 años
“A veces me sale sangre por la nada y me duele la
cabeza porque contaminan mucho, porque cuando se nubla
aprovechan para sacar humo y huele feo, como a gas. A
veces me siento débil pero me dan caldo para agarrar
fuerza”

2 Víctor Alejandro Mendoza Cuevas, 8 años, ojos verdes
CHIVAS: “Me he enfermado del vómito, me da dolor de
estómago y cuando me está empezando a doler mejor me
duermo. Me duelen los huesos, casi ya no, pero sí a
veces las piernas y los brazos. La empresa es muy
sucia y nos está echando humo sucio para acá. ”

3. Sauro Alejandro Rodríguez Medina, 11 años, ADIDAS
“Siento que huele feo así de repente, huele como
metalúrgico, se queda así como en la boca el sabor feo
como a metal”

4. Gael Antonio Arreola, 4 años, EL MAS CHICO,
asmático. “Me duele el pechito”

5. Osvaldo Ochoa Encino, 11 años, ALTO: “Yo tengo
problemas en los pulmones, y cuando nos hacen un
estudio no sé cuánto sale”

6. OREJON José Antonio Muñoz Arreola, 9 años: “A
veces me duele la cabeza, me siento débil, cuando
vinieron mis primos no podía levantarme. A mi hermano
le da asma, nos gastamos mucho dinero porque tienen
que internarlo. Ese tiene 4 a´ños y el que falleció
duró 68 horas. Me dijo mi mamá que tenía plomo y el
corazón muy grandote y él muy chiquito. A veces vienen
los de Peñoles a limpiar aquí, quieren arreglar lo que
avientan pero el aire ya no se puede arreglar. Orita
están plantando pero con la contaminación que echan se
les van a morir todos los árboles, no deben estar aquí
porque nos contaminan”

LOS SUEÑOS DE LAS VIUDAS

In Crónicas y reportajes on Febrero 13, 2007 at 1:33 am

LOS MINEROS NO DESCANSAN NUNCA

Traviesos, los mineros muertos aparecen y desaparecen cuando sus viudas menos se lo esperan, a veces vestidos con el traje con el que se veía tan guapo, otras con el cuerpo envuelto en llamas o la carne amarillenta. Unos regresan a dar el abrazo de despedida que no alcanzaron a dar, otros lloran y suplican un pronto rescate. Algunos prosiguen la conversación que dejaron inconclusa o simplemente miran a los suyos y se pasan de largo.

Por Marcela Turati

Atrapado en el túnel de la derrumbada mina Pasta de Conchos, un minero no descansa nunca. Con el cuerpo quemado, corre todas las noches, intenta traspasar los escombros, grita por ayuda. Al menos así lo sueña su viuda, quien todos los días, desde hace 11 meses, acampa bajo un toldo gris de tan sucio a unos metros de la bocamina, en espera de que le entreguen los restos de su marido.
“Hermanito, ¿cómo estás?, ¿qué pasó alla?, ¿no vas a ver a mamá?”, preguntó emocionado Javier Torres a su hermano mayor, Felipe de Jesús, una noche en que lo vio entrar a casa. Lo abrazaba, lo cargaba de la emoción; habían sido muchos meses de espera. Pero Felipe, “tieso, no contestaba, estuvo como ausente”. Y a Javier se le espantó el sueño.
Los 65 mineros muertos hoy hace 11 meses siguen vivos.
Traviesos, aparecen y desaparecen cuando sus viudas menos se lo esperan, a veces vestidos con el traje con el que se veía tan guapo, otras con el cuerpo envuelto en llamas o la carne amarillenta. Unos regresan a dar el abrazo de despedida que no alcanzaron a dar, otros lloran y suplican un pronto rescate. Algunos prosiguen la conversación que dejaron inconclusa o simplemente miran a los suyos y se pasan de largo.
Casi un año del accidente y las heridas no cierran, y las familias no descansan. Dicen que lo harán hasta que recuperen el cuerpo del papá, del hermano, del abuelito, del hijo que les falta. Hasta que repose en una tumba donde puedan visitarlo y llevarle flores. Hasta que lo entierren y dediquen una misa a su ánima.
Mientras, sólo lo tienen por las noches. Se les mete a sus sueños. Es entonces cuando le platican cómo fue el día, lo regañan porque se fue o le preguntan si está bien, si quiere comer, si tiene sueño.
“Papi, ¿cuándo saliste? ¿Por qué no nos avisaron?”, le preguntó Tania una de esas noches a Jorge Vladimir, su papá, en cuanto lo vio a su lado tan sonriente como si nunca se hubiera ido, como si el túnel no hubiera expotado y él no estuviera atrapado.
“Lo que pasa es que la empresa ya nos está sacando y no está queriendo decir”, fue la intrigante respuesta que a la mañana siguiente la adolescente relató a su mamá.
En cambio, Agustín Botello se presenta con otra preocupación.
Cada que puede se mete en la mente de su esposa Rafaela Castañeda, “La Güera”, que diario acampa afuera de la mina con otras viudas, y le pregunta si necesita algo, como le preguntaba todos los días. Ella invariablemente le responde: “Está bien todo, nomás tú nos faltas”.
“Nunca lo he soñado muerto. O lo sueño así o como siempre, que estamos en la casa”, dice la viuda del hombre a quien le faltaban cuatro años para jubilarse de Pasta de Conchos. Su nieta Celeste Azucena, sentada sobre sus rodillas, escucha el relato.
María del Refugio López, “Cuquis”, como la conocen las demás viudas con las que espera todos los días alguna noticia relevante, como puede ser el hallazgo de una lámpara entre los escombros o el pedazo de un casco, dice que se topó una noche a José Isabel, el amor de su vida y padre de sus tres hijos.
En cuanto se vieron continuaron una discusión que dejaron a medias y que había comenzado cuando él le comunicó sus ganas de irse de brasero a Estados Unidos, porque en Coahuila el trabajo es malpagado. Se le había fijado esa idea desde que lo corrieron de la empresa Minerales de Monclova, tras años de trabajo, quesque porque se acabó la producción.
“En el sueño llega y me dice: ‘ya vine’, yo le digo: ‘ya no te vuelvas a ir’, él me contesta: ‘mira el dinero que te traje’, y yo le repito: ‘no, no quiero que te vayas de aquí, aunque ganes poco estaremos juntos siempre’. Y él me insiste que cuente el dinero, mientras yo le repito que no se vuelva a ir”.
Esa noche, en el sueño y cuando despertó, Refugio lloró mucho.
“Creo que se vino a despedir, aunque yo le decía no te vayas, se estaba despidiendo. Yo todas las noches quisiera verlo, pero no, no lo sueño”, comenta la viuda que rememora el 2006 por las fechas en las que su esposo estuvo ausente.
Le duele en especial cada día 18 de mes, porque el 18 de febrero fue el última día que lo vio con vida. Y a su lista suma el 10 de mayo en que faltó, el día del cumpleaños de ella y de él, la Navidad en que no arrullaron juntos al Niño Dios como acostumbraban y el Año Nuevo pasado afuera de la mina y esperando conocer la identidad del hombre recién rescatado.
Sufrió especialmente el 20 de junio porque ese día cumplían 25 años de casados. Ya tenían apartada la misma iglesia donde se habían casado, habían pagado el banquete y encargado los anillos, pero no pudieron festejarlo.
Para Fermín Rosales, las cosas tampoco han sido tan fáciles. Aunque él tuvo la fortuna de sobrevivir a la explosión, por varios meses no lo dejaron las pesadillas. En estas, sus ex compañeros le jugaron bromas pesadas.
“Soñaba que estaba trabajando con ellos, estábamos comiendo y se iban retirando, sus luces se iban alejando, yo quería irme con ellos, seguirlos, y no podía. Yo les decía que me esperaran y ellos me decían que me quedara, que al rato los alcanzaba, y ahí despertaba”, dice el treintañero que se mueve como anciano por los golpes que recibió en la espalda.
“Soñé a Mario Ramos, era mi amigo y ahí quedó atrapado, soñé que estábamos platicando y le caían unas vigas y yo estaba a un lado queriendo ayudarlo y no podía. Llegaba Ricardo, el que me sacó, y me decía que nos fuéramos y Mario no respondía y nos íbamos. La psicóloga me dijo que era natural, aunque ahora en Año Nuevo que estaban tronando cohetes arranqué corriendo, de repente se me vino eso, tuvo que ir mi hermana y alcanzarme”.
Mariana Guerrero quedó viuda de esposo y de hermano el 19 de febrero de 2006. Sin embargo, no se ve por las noches con ellos. Sus hijos tampoco.
Ella tiene una explicación para eso: “A los primeros días que nos dieron la definitiva hablé con Dios y le dije: ‘Si es tuyo, llévatelo, si es nuestro ya entréganoslo como sea que esté, pero dánoslo’, y se lo entregué”.
Su hija Claudia lo trajo mucho tiempo en la mente, día y noche, porque el sábado mortal él pidió que lo dejaran trabajar para pagarle su graduación. La quinceañera se lamenta mucho por haberlo dejado ir.
“¿Tú, aquí?, no puedes estar aquí porque no estás vivo”, dijo Elvira Martínez a su esposo Jorge Vladimir Muñoz, cuando lo vio, juguetón, a su lado.
“Él se sonreía cuando le decía eso. Se veía muy diferente, muy bonito, no guapo sino como una persona que miras alegre y limpia. En el sueño le pedí a una persona que me pellizcara para saber si estaba soñando, y mientras me cercioraba corría y lo abrazaba. “Era mi despedida porque no me despedí el día que se fue a trabajar, no tuve oportunidad de abrazarlo. Casi siempre sueño el abrazo que deseé y que me quedé con ganas de dar”, dice la mujer de 34 años.
Elvira pasó la nochebuena afuera de la mina. Cristian, su hijo de 12 años, le preguntaba desconcertado que por qué también en Navidad tenían que ir a la mina. Ella le dijo que porque no podían dejar que papá estuviera solo allá, y que cenar sin él era como si lo abandonaran.
“En cierta manera sabemos que está muerto porque una persona no puede vivir tanto tiempo sin alimento, sin agua, pero no nos hacemos a la idea hasta no ver el cuerpo. Ahorita toda la familia está en una irrea
lidad, en cierta forma mis hijos están esperando que regrese, me preguntan mucho cuándo va a llegar papi, y yo siempre sueño que lo abrazo”, dice.
Ella interpreta que él no se quiere ir porque, hasta el momento, en ninguno de los sueños en los que ha aparecido se ha despedido.
A su alrededor, juegan sus hijos. Tania hace una tarea escolar en el piso, Cristian y Estefanía juegan con la computadora. Cuando mira a su niña de cuatros años recuerda que le explicó como pudo la ausencia de ‘papi’.
Le dijo: “Tu papi ya no está, vinieron unos ángeles del cielo, le pusieron unas alitas y se lo llevaron volando”. Tiempo después, cuando una primita le dijo que la mina había explotado y que su papá se había muerto, la niña corrió hasta Elvira y le dijo: “¿Verdad que papi está vivo en el cielo?”
Doña Lucia Reyna, anciana madre de 71 años (“tenía seis hijos, ya me falta uno”, dice), sólo se ha topado dos veces con su Felipe de Jesús Torres. Los dos sueños ocurrieron antes de que rescataran el cuerpo de su primogénito y se lo entregaran.
“Lo soñé una vez bien triste, que vino y yo le decía ‘Ay, m’ijo’ y él no me habla, nomás me mira triste y se acostó en un catre y empezó a arder su cama. ‘Hijito, ¿no te cala la lumbre?’. ‘Nooo’, me dijo. Desperté, me dio mucha tristeza que anduviera en la lumbre.
“Otro día lo veía con su pelo todo negro, así, bonito como lo tenía, pero su panza tenía carne amarilla, bien raro. Yo quería seguirlo soñando pero ya no lo sueño. Pero es mejor no soñarlo porque no quiero que siga penando m’ijo”.

LA MUERTE DE LA COMANDANTA RAMONA

In Crónicas y reportajes on Junio 20, 2006 at 2:11 pm

SEMBLANTE Y MUERTE DE LA COMANDANTA RAMONA
Por Marcela Turati

Suitic, México.- Ayer, en el centro de Salud de San Andrés Larráinzar todo el día estuvo estacionada la ambulancia. A tres kilómetros de ahí, en el pueblito de Suitic, una combi rentada con apuros recogió a una tzotzil agonizante, hija de don Manuel Díaz.
No alcanzó a llevarla al hospital de San Cristóbal de Las Casas, a 45 minutos de distancia. Camino a la ciudad falleció por diarrea, vómito con sangre y calentura.
Su diminuto cuerpo de mujer del campo, que no sobrepasaba el metro y medio de altura, estuvo tendido varias horas adentro de la casa rodeada de milpa seca y en la cima del cerro. Entre las paredes de concreto y el techo de lámina, fue velado sobre unas tablas y envuelto en sábanas hasta la hora en que llegó el ataúd de madera, como dicta la costumbre.
A cada rincón de México llegó la noticia de la muerte de esta indígena de 47 años que de niña no tuvo estudios, que desde “tiernita” trabajó de sirvienta, que aprendió lo que eran sus derechos adoctrinada por unas monjas, que el 1 de enero de 1994 se levantó en armas junto con otros indígenas del sureste de México y que entre las filas del EZLN llegó a ser conocida como la Comandanta Ramona.
“El mundo perdió a una de esas mujeres que paren los mundos. México perdió a una de esas luchadoras que le hace falta. A nosotros nos arrancaron un pedazo de corazón”, anunció así, el Subcomandante Marcos, la muerte de su compañera de filas.
Ramona, para la prensa; Josefina, para los allegados, María, para los familiares; es uno de los símbolos de lo que es el zapatismo de carne y hueso.
“Había estado bien, nomás con poquita calentura antier. Ayer por la mañana hasta se levantó hasta la puerta y empezó así, bien rápido”, relató una de sus sobrinas mientras, niño a la espalda, andaba por el lodoso camino del cerro empinado que conduce a casa del viejo Manuel, el dolido padre; anciano de 91 años, casi sordo que quedó solo en casa.
Discretos, varios indígenas encapuchados estaban apostados en la ruta de acceso al velorio e impedían el paso a los desconocidos. Temprano por la mañana sólo algunas religiosas de la diócesis de San Cristóbal y activistas de organizaciones no gubernamentales habían entrado a dar el pésame.
Ramona era una indígena como muchas: criaba borregos y pollos; usaba el telar; bordaba imágenes sobre telas que después vendía. Nunca tuvo hijos.
Dentro de la organización armada se dedicaba, principalmente, a hablar con las mujeres zapatistas y a mantener viva la fe en el movimiento del que estaba convencida.
En 1996 le fue trasplantado un riñón en el Centro Médico Siglo XXI, hospital gubernamental en la ciudad de México. “La Comandanta Ramona le arrancó 10 años a la muerte (…), tenía un trasplante de riñón”, explicó Marcos al dar la noticia en Tonalá.
El alegre bordado que Ramona hizo durante su convalecencia fue convertido en póster; era su representación de lo que es la sociedad civil: de muchos colores.
No se le conocieron acciones militares en las tomas de cabeceras municipales que hizo el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, al aparecer el 1 de enero de hace 12 años. Su aparición pública fue en los diálogos entre el grupo alzado y el gobierno federal, que se llevaron a cabo en San Andrés Larráinzar.
La última vez que se le vio en público fue en la comunidad zapatista La Garrucha, a donde llegó a bordo de una ambulancia para asistir a los encuentros preparatorios de “La otra campaña”, que inició Marcos al iniciar 2006 y por la cuál recorrerá todo México. Ahí estuvo, encapuchada, con su falda negra y su blusa blanca bordadas en telar con motivos indígenas, sus trenzas largas y sus huaraches.
“Era 100 por ciento luchadora, pues. La verdad, es una gente buena, una buena persona”, opinó el presidente municipal autónomo de San Andrés Larráinzar, Andrés Sántiz, responsable de lo que sucede en la comarca. Su gobierno, afín al zapatismo, es paralelo al de la presidencia municipal instalada enfrente y reconocida por el gobierno mexicano.
“Si quiere saber por qué era una luchadora vete directo al “Caracol” de Oventic (la sede de la junta de gobierno de los zapatistas de esa región). Nosotros no hay información. No decimos si murió hoy o mañana. No hay información”, dijo siguiendo la orden de la comandancia zapatita de guardar silencio ante la prensa.
Como un día antes había informado el Subcomandante, el Caracol de Oventic fue cerrado para que los zapatistas, en privador, pudieran “doler” la muerte de su compañera. No hubo acceso a la prensa.
Dicen los cercanos, que Ramona había estado bien las últimas semanas. Un día antes estuvo bordando y hasta bromeaba. Por la noche tuvo calentura. A la mañana siguiente podía caminar, aunque el malestar seguía. Luego empezó la vomitadera. Sus familiares demoraron mucho en conseguir un auto que los trasladara al hospital.
Fieles a su convicción de no aceptar nada del “mal gobierno”, rasgo que los distingue como indígenas zapatistas, no acudieron a la clínica de salud más cercana, a 5 minutos de la casa.
“Estuvimos toda la mañana ahí y nunca nos pidieron ayuda”, informó el médico Francisco Roblero. “Ayer aquí hubo ambulancia todo el día”, dijo la enfermera Leticia del Carpio.
Con apuros, los familiares consiguieron que les rentaran –a 140 pesos el viaje de ida y 140 de regreso– una combi de la cooperativa San Andrés Yajualó, para transportarla a San Cristóbal.
Ramona murió a 15 kilómetros de iniciado el camino, antes de llegar a la comunidad San Juan Chamula. Ya pasaba el medio día.
“Si la hubieran traído se hubiera podido salvar porque le hubiéramos puesto suero y mandado a San Cristóbal para que le pusieran plasma. Pero, así son los zapatistas. Casi no vienen y los que llegan a venir ya los traen graves o vienen muertos”, dijo el doctor Oscar Muñoz, médico en turno de los fines de semana.
Su muerte aún no consta en actas oficiales, como quizás tampoco se tenga registro de su nacimiento. Su cuerpo será entregado a la tierra el domingo.