LOS NIÑOS CON HERENCIA DE PLOMO
Por Marcela Turati
Torreón, Coah.—“¡Entrevísteme a mí, yo tengo plomo en
la sangre!”, grita un niño afuera del kinder Jean
Piaget. “Yo también”, se ofrece otro de inmediato, y
sus gritos alebrestan a sus compañeros de fútbol.
Todos comienzan a competir, ya no por el balón sino
por ver quién ha sido el más dañado por el metal que
arroja la molesta y sucia vecina que vive al otro lado
de la barda; la empresa Peñoles.
“A mí me sale sangre de la nariz”, presume uno de
ellos, el más gordito. “A mí me duelen los huesos”,
dice el único ojiverde. “A mí me duele la cabeza, a
mi hermanito le da asma y el otro se murió, dijo mi
mamá que porque tenía plomo”, alterna otro de pelo
casi a rape y grandes orejas.
Todos tienen una historia que contar, se asumen como
medidores humanos del plomo ambiental. Son niños con
achaques de adultos que si no tienen asma, sí
sangrados nasales, cansancio extremo, dolor de huesos,
mareos, jaquecas, pesadez en la panza, o todo junto.
Son niños marchitos como plantas, envenenados por el
polvo que han tragado desde que nacieron. Forman parte
de la generación de Niños-Peñoles, de hijos del plomo.
Ellos son la carta de presentación y quienes dan el
recibimiento a la Colonia Luis Echeverría, traspatio
de la fundidora, cuyos habitantes fueron los primeros
de esta ciudad a quienes se les encontró la sangre
emponzoñada con el metal.
Eso fue hace ocho años.
Tras el escándalo inicial, la empresa reubicó a la
mitad de los echeverristas lejos de la zona tóxica y
plantó un bosque en el terreno deshabitado. Sin
embargo, dejó a la mitad de la colonia, a las familias
de los niños que juegan tras la barda que delimita a
la empresa.
Puerta adentro de las casas de la Luis Echeverría –que
tienen como paisaje se ve una montaña negra de
desechos y varias chimeneas humeantes– se esconden
historias como la de la abuela Martha Alicia Arreola
Medina.
“Mi hija se embarazó y tuvo un bebé, desde que se
embarazó le detectaron arsénico, el niño nació con
malformaciones y microcefalia el 15 de junio del 2000,
y como él hubo varios. Mi nieto nació con residuos de
arsénico y se murió a las 36 horas de nacido. La
empresa nunca reconoció su culpa.
“En ese tiempo, mi nieto José Antonio tenía dos años y
presentaba 41 microgramos por decilitro y cuando nació
mi nieto Gael Antonio, saliendo de la panza de su mamá
nació contaminado con 5 y es asmático, como muchos
niños de aquí. Tienen siete años viviendo fuera de la
colonia, por eso se normalizaron”, señala.
La señora Martha dice que muchas vecinas en edad
fértil tienen el veneno en el cuerpo y cuando se
embarazan expulsan a sus fetos, y las que logran dar a
luz tienen niños deformes. No tiene el dato de cuántos
casos ha detectado.
“Reubicaron a la gente que creyeron pertinente, no a
todos, a pesar de que en un estudio que se hizo y que
reconocieron las autoridades salió que las colonias
que vivimos pegadas a la empresa son inhabitables
porque nosotros respiramos toda la contaminación que
sueltan en la madrugada, la sentimos, nos pica y arde
la nariz y los ojos, como si respiráramos un químico;
veneno”, continúa.
Habla de todos los estudios que se han hecho. Reseña
cada uno de sus recortes periodísticos que tiene en su
archivo. Muestra fotos. Recuerda casos.
Su principal enojo es que desde el 2004, el gobierno
federal y el estatal dejaron libre a la empresa para
que ella estudiara la sangre de sus vecinos, los
diagnosticara, determinara su estado de salud y los
medicara. Supervisada por la secretaría de Salud del
Estado.
“Es anomalía que la propia empresa se lleve los
resultados y determine quiénes sí y quienes no tiene
plomo”, se queja.
Afuera de su casa espera un par de vecinas que quieren
relatar sus casos. En el recorrido, varias mamás
invitan a que se fotografíe a la empresa desde su
casa. Una señora ordena a los niños que posen con cara
de tristeza para las fotos. Los pequeños futbolistas
se disputan quién tiene la historia más conmovedora.
“Yo tengo plomo”, insiste el niño pelado a rape. “Dile
que también por el plomo se murió tu hermanito”, le
ordena con brusquedad una vecina. Él pone cara de
sorpresa. Se congela. Cabizbajo, a punto de llorar
pregunta: “¿Por eso se murió?”
PIES DE FOTOS CON TESTIMONIOS:
LOS VECINOS DE PEÑOLES
¿Qué significa tener plomo?, se le preguntó a los
niños de 4 a 11 años que se publicitaban como
portadores de plomo, y esto fue lo que respondieron:
1 PLAYERA NEGRA, José Antonio Martínez Medina, 10 años
“A veces me sale sangre por la nada y me duele la
cabeza porque contaminan mucho, porque cuando se nubla
aprovechan para sacar humo y huele feo, como a gas. A
veces me siento débil pero me dan caldo para agarrar
fuerza”
2 Víctor Alejandro Mendoza Cuevas, 8 años, ojos verdes
CHIVAS: “Me he enfermado del vómito, me da dolor de
estómago y cuando me está empezando a doler mejor me
duermo. Me duelen los huesos, casi ya no, pero sí a
veces las piernas y los brazos. La empresa es muy
sucia y nos está echando humo sucio para acá. ”
3. Sauro Alejandro Rodríguez Medina, 11 años, ADIDAS
“Siento que huele feo así de repente, huele como
metalúrgico, se queda así como en la boca el sabor feo
como a metal”
4. Gael Antonio Arreola, 4 años, EL MAS CHICO,
asmático. “Me duele el pechito”
5. Osvaldo Ochoa Encino, 11 años, ALTO: “Yo tengo
problemas en los pulmones, y cuando nos hacen un
estudio no sé cuánto sale”
6. OREJON José Antonio Muñoz Arreola, 9 años: “A
veces me duele la cabeza, me siento débil, cuando
vinieron mis primos no podía levantarme. A mi hermano
le da asma, nos gastamos mucho dinero porque tienen
que internarlo. Ese tiene 4 a´ños y el que falleció
duró 68 horas. Me dijo mi mamá que tenía plomo y el
corazón muy grandote y él muy chiquito. A veces vienen
los de Peñoles a limpiar aquí, quieren arreglar lo que
avientan pero el aire ya no se puede arreglar. Orita
están plantando pero con la contaminación que echan se
les van a morir todos los árboles, no deben estar aquí
porque nos contaminan”