Equipo Argentino destaca contradicciones en las versiones de los detenidos

20 abril, 2016 // Publicado en APRO

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En el dictamen del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) sobre las versiones de los detenidos que supuestamente aportaron los datos para que la PGR concluyera que en el basurero de Cocula fueron calcinados los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, existen grandes contradicciones. A continuación los distintos testimonios sobre lo que supuestamente los implicados hicieron en el basurero de Cocula:

“El Chereje”

Agustín García Reyes, "El Chereje". Foto: Especial

 

“El 28 de octubre de 2014, el equipo de la Procuraduría interrogó a Agustín García Reyes (El Chereje), quien declaró que recibió la indicación de recoger maderas, troncos, árboles y piedras; que hicieron un círculo con las piedras y colocaron los troncos en el centro, y después apilaron encima a las víctimas. Informó que volcaron aproximadamente 20 litros de diésel o gasolina de un único contenedor sobre la pila de cuerpos de las víctimas y sobre los troncos, y encendieron el fuego con un encendedor. Ese fuego tardó aproximadamente 15 horas en quemar a las víctimas hasta dejarlas reducidas a cenizas.

Después, los inculpados usaron las manos y botellas para recoger los restos, ya que había solo una pala. Los restos fueron colocados en ocho bolsas negras de residuos que llevaron al río San Juan, adonde las arrojaron”.

“El Jona”

Jonathan Osorio Cortés, "El Jona". Foto: Especial

“El 28 de octubre de 2014, la Procuraduría interrogó a un inculpado de nombre Jonathan Osorio Cortés (El Jona), quien inicialmente habló de otro incidente en el que participó [ocurrido algunos meses antes de septiembre de 2014), en el cual otras tres víctimas desconocidas fueron asesinadas en el basurero de Cocula, tras lo cual los inculpados acomodaron piedras en círculo, colocaron neumáticos y troncos en el pozo, colocaron a las víctimas encima y les prendieron fuego con gasolina y diésel. Se informó que el fuego duró ocho horas y que los inculpados mientras tanto lo alimentaban para que “quemara mejor”, hasta que los restos quedaron “calcinados”. Luego, trituraron los restos de las víctimas usando un tronco largo y pesado. Cortés declaró que se limpió el área pero que no retiró los restos del lugar. Luego, Cortés habló del incidente en cuestión [es decir, la supuesta cremación de los 43 normalistas], y dijo que ocurrió en el mismo lugar que el anterior. [Al referirse a este último, señaló que] aproximadamente las 03:00 del 27 de septiembre de 2014, las víctimas fueron colocadas en un ‘horno’ hecho de piedras, neumáticos y troncos. Cortés declaró que esto “serviría para que el oxígeno produjera la combustión”. Cortés dijo que otro inculpado arrojó diésel con un poquito de gasolina a los cuerpos y prendió fuego en cada extremo opuesto de la pila “para que los cuerpos se quemaran parejos”. Declaró que el fuego duró seis horas antes de que hubiera necesidad de avivarlo. Aproximadamente a las 13:00, Cortés recibió la orden de cortar árboles y alimentar el fuego. A las 16:00-16:30 del 27 de septiembre de 2014, Cortés recibió la orden de regresar al basurero para ayudar a limpiar el área. A las 17:40, aproximadamente, del 27 de septiembre de 2014, llegó a la casa de Landa donde había cuatro bolsas de cenizas que iban a ser llevadas al río adonde serían arrojadas; él no fue”.

“El Cheques”

Miguel Ángel Landa Bahena, presunto integrante del grupo delincuencial Guerreros Unidos. Foto: Especial

“Un tercer inculpado, Miguel Ángel Landa Bahena (El Cheques), [detenido el 11 de abril de 2015]fue interrogado por la Procuraduría y confesó haber estado presente en el basurero de Cocula cuando las víctimas fueron asesinadas y sus cuerpos eliminados. Proporcionó [página 98 de 246] una extensa declaración. Bahena también informó sobre otra víctima asesinada y quemada en el basurero de Cocula. Bahena declaró que acomodaron piedras en el fondo del basurero y que trajeron entre 10 y 15 neumáticos. Informó que en ese momento caía una ligera llovizna. Dijo que los neumáticos fueron colocados arriba de las piedras junto con trozos de plástico y palos. Luego, los inculpados pusieron entre ocho y diez cuerpos de víctimas en fila, uno al lado de otro (hombro con hombro), luego pusieron otra capa de cuerpos, entre ocho y diez, en forma perpendicular, entrecruzados, sobre la capa anterior. Continuaron acomodando a las víctimas de esta manera hasta que la pila llegó a tener 1.5 metros de altura, aproximadamente. Bahena informó que otro inculpado trajo dos contenedores de gasolina de cinco litros cada uno, que volcaron sobre las víctimas. A esa altura, ya eran aproximadamente las 02:00-03:00 de la madrugada del 27 de septiembre de 2014. A las 09:30, aproximadamente, trajeron una motosierra al lugar de los hechos, que se usó para cortar troncos más chicos y colocarlos arriba de los restos que se estaban calcinando. Hacia las 17:00 horas del 27 de septiembre de 2014, los restos ya estaban casi reducidos a cenizas. El 28 de septiembre de 2014, Bahena regresó con varios inculpados a la escena, llevaron palas y, con ellas y con las manos, juntaron las cenizas y las colocaron en seis o siete bolsas negras de residuos; las bolsas luego fueron arrojadas al río San Juan.”

Borró evidencias una segunda quema en basurero de Cocula: EAAF

20 abril, 2016 // Publicado en APRO

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El dictamen completo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) sobre Cocula arroja que ese basurero fue vuelto a quemar después del primer peritaje, durante el tiempo en que la PGR retiró la vigilancia, acción que hizo que se borraran evidencias.

También revela que los testimonios de los supuestos asesinos no coinciden en cuestiones fundamentales como las horas, la colocación de las víctimas y el número de bolsas en las cuales dispusieron sus restos; además de que ellos mismos confesaron que restos humanos encontrados en el sitio son de personas asesinadas antes de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, por lo que los restos encontrados en el lugar podrían corresponder a otras víctimas.

“Dadas las alteraciones significativas en la continuidad de la custodia del sitio, el tiempo transcurrido desde que se produjo el incidente hasta que se examinó por primera vez el lugar de los hechos, las observaciones colectivas realizadas durante la inspección del 5 de diciembre de 2014 y la información reunida durante la inspección inicial comenzada el 27 de octubre de 2014, no respaldamos la hipótesis de que hubo un fuego de la magnitud requerida y de la duración informada en la madrugada del 27 de septiembre de 2014, que habría arrojado como resultado la cremación en masa de los 43 estudiantes desaparecidos”, se destaca en el dictamen como conclusión.

El estudio realizado entre octubre de 2014 y febrero pasado, y en el que participaron 26 peritos internacionales, fue publicado anoche en la página oficial de la prestigiada organización y tiene como conclusión que no existe evidencia científica de la incineración de los 43 estudiantes en el basurero y tampoco de que el hueso de Alexander Mora Venancio, hallado en el río San Juan, provenga de ese sitio.

El informe de 351 páginas revela información que la PGR intentó ocultar al EAAF, a pesar de ser coadyuvante en el caso y representante de las 43 familias de los normalistas. Además, contrasta con los tres vagos párrafos presentados como conclusión preliminar de los seis expertos en fuego que realizaron un tercer peritaje al basurero, en el que sólo mencionaron que hubo una quema controlada en el basurero de Cocula y que en el lugar se encontraron restos humanos de 17 personas, pero no especifica si esos “hallazgos” están relacionados con la búsqueda de los 43 estudiantes o si se refiere a quemas anteriores en el tiradero.

El informe del EAAF cuestiona duramente las evidencias que presentó en su tiempo el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, para “demostrar” la calcinación de los estudiantes, y señala que el funcionario pasó por alto que en ese basurero siempre se ha quemado basura, que no pudo existir un “efecto horno” que calcinara a 43 personas y que las evidencias presentadas en conferencia (aluminio, restos de llantas, piedras y huesos) no son muestra de nada relacionado con los estudiantes.

Este equipo también da cuenta de múltiples irregularidades que notaron al trabajar al lado de la PGR, entre ellas las alteraciones que sufrió el tiradero después de haber sido revisado, las inspecciones que hizo por cuenta propia el personal de la dependencia sin avisar al equipo, cómo el sitio quedó sin ser resguardado a pesar de ser considerado la escena del crimen, y el extraño hallazgo de 44 casquillos amontonados en un lugar que antes ya había sido revisado por los especialistas argentinos.

“Cabe destacar que al llegar al lugar de los hechos el 5 de diciembre de 2014, un integrante del EAAF que había estado presente en la inspección iniciada el 27 de octubre de 2014 advirtió que, a lo largo de la base de la ladera, parecía haber cinco áreas de quema bien localizadas que no se habían evidenciado durante la inspección inicial”, se menciona en el reporte.

En el apartado sobre el basurero se menciona: “La mayor parte del follaje no mostraba señal alguna de haber sufrido los efectos del calor; aproximadamente 11 ramas mostraban diversos niveles de daño por calor y fuego. También es importante advertir que, dadas las alteraciones significativas en la continuidad del lugar con evidencias que indicaban que se accedió al basurero en el periodo comprendido entre la inspección inicial del lugar realizada a partir del 27 de octubre de 2014 y la inspección realizada el 5 de diciembre de 2014, se desconoce si la pila de follaje examinada había sido alterada de alguna manera, lo que impide afirmar con absoluta certeza si se inspeccionó todo el follaje desmalezado en la primera inspección para buscar signos de los efectos del calor.”

El retiro de la vigilancia de la zona por parte de la PGR, a pesar de que el basurero era considerado escena del crimen, causó la pérdida de información valiosa, como el uso del combustible, de madera y de neumáticos para la supuesta quema de los estudiantes; también hubo alteraciones en el follaje y la tierra.

En un apartado donde entrelazan las declaraciones de los detenidos con las que Murillo Karam armó la supuesta “verdad histórica”, el EAAF menciona: “Es importante señalar que aquí Cortés (se refiere a Jonathan Osorio Cortés, El Jona) habla de cuatro bolsas, Bahena (se refiere a Miguel Ángel Landa Bahena, o El Cheques) de seis o siete bolsas, mientras que Reyes (se refiere a Agustín Reyes García, El Chereje) menciona ocho bolsas con restos supuestamente de los normalistas que habrían arrojado al río San Juan”.

“Fue interesante advertir que la información derivada de las declaraciones obtenidas (de parte de la PGR de los tres inculpados supuestamente involucrados en la matanza y disposición de los restos) presentó contradicciones significativas. La forma en que se colocaron los restos de las víctimas, los neumáticos, los troncos y el resto del material combustible varía significativamente. También cabe advertir que la información de la persona arrestada e interrogada en último lugar sugirió el método más eficiente de quemar los restos de las víctimas.”

Esto se advierte en el apartado “Análisis en relación al fuego”, firmado por los expertos canadienses en incendios y explosivos Greg Olson y Bryan Fisher, consultores EAAF quienes, según el documento, estuvieron en el basurero de Cocula y analizaron evidencia en la Ciudad de México del 30 de noviembre al 7 de diciembre de 2014; del 2 al 8 de febrero de 2015, y del 18 al 26 de abril de 2015.

Para realizar ese análisis, además de la visita al basurero, la recolección de muestras, la toma y comparación de fotografías satelitales, el estudio de la vegetación y la fauna, se tomaron en cuenta las investigaciones de la PGR con los testimonios de los presuntos asesinos.

Para hacer el dictamen los expertos tomaron como base la “verdad histórica” presentada por el entonces titular de la PGR, Jesús Murillo Karam, que señalaba lo siguiente: “Esa madrugada (del 27 de septiembre de 2014), los 43 estudiantes desaparecidos fueron llevados a un basurero municipal ubicado en las afueras de Cocula, donde fueron asesinados, sus cuerpos apilados y quemados con gasolina y/o diesel, junto con neumáticos y pedazos de madera. Se presume [en función de las declaraciones de los inculpados]que los restos de los 43 estudiantes fueron cremados durante aproximadamente 15 horas.

“Luego, los inculpados recolectaron parte de los fragmentos óseos quemados de los estudiantes y otros artefactos en ocho bolsas, que transportaron hasta un pequeño río (el San Juan), que corre junto a un camino de grava por el que se accede al basurero desde la ruta principal, justo a la salida de la población de Cocula. En ese momento los inculpados vaciaron en el río los fragmentos de hueso de todas las bolsas menos dos; estas dos bolsas fueron arrojadas con su contenido al río. Cuatro inculpados confesaron haber estado presentes durante el asesinato, la cremación y la disposición final de los cuerpos de los 43 estudiantes, y tres de 11”.

En el documento, el EAAF señala –en coincidencia con el Informe Ayotzinapa del Grupo de Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI)– que no coinciden las declaraciones de los inculpados sobre su llegada al basurero y sobre el número de horas que permanecieron en él, así como en la colocación de los cuerpos o el uso de combustibles.

Aunque los peritos del Equipo Argentino encontraron evidencias de que en ese lugar había, por lo menos, restos de 19 personas distintas, en el informe mencionan que los mismos presuntos culpables dijeron a la PGR que en la base de la ladera del basurero ya antes habían asesinado y cremado a otras víctimas que no están relacionados con los 43.

Uno de los restos hallados fue una mandíbula con piezas de porcelana, trabajo odontológico que ninguno de los 43 estudiantes tenía.

Sobre las “evidencias” que en su tiempo presentó Murillo Karam para reforzar que los 43 fueron calcinados en Cocula, el dictamen señala:

“No es evidente, por el momento, ni el número de eventos de fuego ocurridos en el basurero de Cocula ni poder distinguir a cuál de ellos pudieran pertenecer los elementos recolectados entre el 27 de octubre y el 6 de noviembre del 2014. En este sentido, el cálculo de temperaturas a las que podrían haber sido sometidos elementos biológicos y no biológicos encontrados en el basurero de Cocula, mencionados también en la conferencia del 27 de enero de 2015 por la PGR, puede no ser relevante en esta investigación. Los elementos tomados como diagnóstico –aluminio, vidrio, dientes, etc.– pueden no corresponder a los incidentes del 26 de septiembre del 2014, sino a eventos anteriores”.

Lo que no cuadra…

Varios de los estudios al basurero arrojaron datos por las cuales estos peritos independientes señalan que en el mismo no pudieron ser quemados los 43 estudiantes, entre ellos los siguientes:

*Alteraciones al follaje

“Antes de desmalezar el lugar que rodeaba el área oscurecida de la base de la ladera, se hizo evidente que parte del follaje había sido cortado, arrancado o quitado previamente.

*No había presencia de follaje decolorado o marchito que indicara la existencia de un gran fuego:

Se observó que el resto del follaje que se encontraba alrededor del perímetro del área desmalezada no mostraba signos de haberse decolorado o marchitado. Hubo sólo una excepción. Se observó un área localizada de quema del suelo en el borde occidental del área desmalezada, al sur de la trinchera cavada por el equipo del EAAF y PGR durante la inspección original del lugar.

La mayor parte del follaje no mostraba señal alguna de haber sufrido los efectos del calor; aproximadamente 11 ramas mostraban diversos niveles de daño por calor y fuego. También es importante advertir que, dadas las alteraciones significativas en la continuidad del lugar con evidencias que indicaban que se accedió al basurero en el periodo comprendido entre la inspección inicial del lugar realizada a partir del 27 de octubre de 2014 y la inspección realizada el 5 de diciembre de 2014, se desconoce si la pila de follaje examinada había sido alterada de alguna manera, lo que impide afirmar con absoluta certeza si se inspeccionó todo el follaje desmalezado en la primera inspección para buscar signos de los efectos del calor.”

*Las rocas incineradas pudieron haber sido quemadas antes del 26 de septiembre

“Se puede concluir que las rocas han sufrido exposición al calor, aunque se desconoce cuándo, durante cuánto tiempo, así como la cantidad de episodios de incendio que tuvieron lugar.”

*Los neumáticos pudieron haber sido quemados antes del 26 de septiembre

“También se detectó la presencia de numerosos restos de hilos metálicos trenzados y oxidados a diferentes profundidades. Los hilos metálicos son similares en tamaño a las cuerdas de metal usadas en la fabricación de neumáticos. Esto indicaría que en este lugar se quemaron neumáticos en ocasiones anteriores.”

*Los tocones no se veían afectados por un gran incendio

“La mayoría de los tocones experimentó efectos menores de exposición al calor. Sin embargo, como el calor radiante no se ve afectado por las condiciones climáticas y se extiende desde el foco del incendio en línea recta, un gran incendio provocaría efectos de calor significativos en el área inmediatamente alrededor del incendio, y ese no fue el caso aquí. Estando la gran mayoría de los tocones dentro del área oscurecida y dentro de la retícula demarcada, habrían estado expuestos a un incendio grande y prolongado dentro del área oscurecida donde se informó que 43 víctimas fueron cremadas en masa, pero sólo se observan efectos menores de calor”.

*Los hidrocarburos no pudieron ser estudiados por las alteraciones al sitio

“En otras circunstancias, estos resultados, junto con los de las muestras tomadas por el equipo de la PGR mencionado anteriormente, serían concluyentes; sin embargo, debido a las significativas alteraciones en la continuidad de la escena y a las evidencias de que se ingresó al sitio y que hubo incendios en el periodo comprendido entre la inspección original iniciada el 26 de octubre y la inspección del 5 de diciembre de 2014, nos es imposible arribar a conclusiones basadas en la presencia de estos líquidos inflamables volátiles en relación con los hechos ocurridos el 27 de septiembre.”

*No coinciden testimonios de supuestos culpables con el uso de neumáticos

“Con respecto a los neumáticos mezclados con los restos de víctimas, la información de los inculpados sobre cómo se utilizaron los neumáticos no fue coincidente. Uno de los inculpados informó que las víctimas fueron colocadas sobre los neumáticos puestos en el suelo; otro inculpado informó que los neumáticos fueron colocados arriba de las víctimas. Un inculpado indicó que se usaron entre 10 y 15 neumáticos. Si los neumáticos se hubieran colocado sobre el piso con las víctimas encima, habrían quedado restos parciales de las paredes laterales de los neumáticos junto con los hilos de acero. Como se indicó anteriormente, hubo al menos ocho neumáticos tomados por el equipo de la PGR de México y hubo piezas de lo que se sospecha que es goma encontrada en los indicios recolectados. Si los neumáticos hubieran sido colocados arriba de las víctimas, se habrían consumido por completo y sólo hubieran quedado los hilos de acero. Como se consignó anteriormente, hubo alteraciones significativas en la continuidad de la custodia de la escena, lo que se suma a la evidencia de que hubo quemas subsiguientes, lo que nos impide la posibilidad de enunciar cómo se usaron los neumáticos, si acaso se usaron, ni cómo pudieron haber sido usados.”

*Se borró la pista de cómo se utilizó la madera en la supuesta quema

“Con respecto a la madera (los troncos) que supuestamente se usó, tal como se mencionó en numerosas ocasiones, hubo alteraciones significativas en la continuidad de la custodia que impiden hacer algún comentario sobre hasta qué punto se usó madera como carga de fuego ni sobre cuáles fueron sus dimensiones específicas.”

*No hubo “efecto horno”, como lo anunció Murillo Karam

“Más allá del follaje que rodea esta área, no hay barreras físicas reales que permitirían que el calor radiante se reflejase de manera eficiente hacia las víctimas quemadas, la cantidad de calor radiante reflejado hacia las víctimas quemadas sería mínima. Las características físicas del área tipo cráter no respaldan el argumento específico de que la supuesta quema de los estudiantes desaparecidos en el basurero produjo un proceso de quema similar a ‘cremar las víctimas en un horno’, como fuera alegado por el entonces procurador Murillo Karam en la conferencia de prensa de enero de 2015.

*Notorias contradicciones de los supuestos asesinos

“Fue interesante advertir que la información derivada de las declaraciones obtenidas (de parte de la PGR de los tres inculpados supuestamente involucrados en la matanza y disposición de los restos) presentó contradicciones significativas. La forma en que se colocaron los restos de las víctimas, los neumáticos, los troncos y el resto del material combustible varía significativamente. También cabe advertir que la información de la persona arrestada e interrogada en último lugar, sugirió el método más eficiente de quemar los restos de las víctimas”.

 

#Másde72: Las dudas de Jovita

7 abril, 2016 // Reportaje Especial

En diciembre de 2012 funcionarios de la PGR le entregaron a la familia Gallegos dos urnas con las supuestas cenizas de sus parientes Luis Miguel e Israel, cuyos cadáveres fueron hallados casi dos años antes en las fosas de San Fernando. Jovita y María Guadalupe, madre y hermana de los muchachos, recibieron las urnas y las enterraron… pero no están seguras de que hayan sido los restos de sus familiares. Sus dudas tienen fundamento: el expediente forense revela que los peritos cometieron errores con las pruebas de ADN. Este caso pone en evidencia un proceder al parecer recurrente en la procuraduría: cremar los restos. Con ello los yerros oficiales se vuelven ceniza.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- El 28 de marzo de 2011 los hermanos Israel y Luis Miguel Gallegos Gallegos, de 19 y 22 años, se despidieron de su madre, Jovita, y de sus hermanos y sobrinos. Viajaron a Querétaro para abordar un autobús de la línea Ómnibus de México que tenía Reynosa como primer destino. Ambos masticaban la ilusión de llegar hasta Michigan para reunirse con sus otros hermanos.

Iban decididos a cambiar el paisaje de mezquites, nopaleras, jacarandas y árboles de granada que rodea su modesto ranchito familiar en Tierra Blanca, Guanajuato, construido con años de trabajo indocumentado en Estados Unidos y de veranos de pizcas de jitomate en Zacatecas a cambio de 100 pesos la jornada.

Viajaban con sus primos, Armando y Alejandro Gallegos Hernández, también de Tierra Blanca.

Pero en el camino se les cruzaron Los Zetas a la altura de San Fernando. Vino entonces la barbarie. La muerte por cráneo roto. El entierro a cerro pelón. El desentierro por parte de soldados y peritos de Tamaulipas. El traslado a la Ciudad de México en un tráiler. La plancha metálica del Servicio Médico Forense. El limbo entre los análisis y los trámites burocráticos. El segundo entierro en la fosa común del Panteón de Dolores.

La madre de los Gallegos, Jovita, nunca ha entendido por qué los restos de Israel y Luis Miguel no los regresaron al mismo tiempo que los de sus primos Gallegos Hernández, aunque murieron juntos. El 16 de mayo de 2011 Tierra Blanca había recibido un ataúd con el cadáver de Armando y tres semanas después, el 6 de junio, otro con el de Alejandro.

No eran los únicos guanajuatenses descubiertos en las fosas cavadas por Los Zetas y devueltos a sus familias. También fueron localizados Eleazar Martínez y José Ávila Rosas, de Irapuato; Jorge Antonio Zavala González, de Valle de Santiago, y Raúl Arreola Huaracha, de Celaya. Este último de origen guanajuatense pero con nacionalidad estadunidense, cuya embajada en México reclamó información de su paradero.

Sin embargo, los expedientes de los 120 cuerpos rescatados de las fosas de San Fernando que quedaron bajo tutela de la Procuraduría General de la República (PGR) –a los que tuvo acceso la reportera–, muestran omisiones y errores absurdos.

Tal fue el caso de los expedientes de los hijos de Jovita.

Tres veces ella se hizo pruebas de ADN para que las contrastaran con los cadáveres de la fosa donde fueron hallados los primos de sus hijos.

Un año y nueve meses después, en diciembre de 2012, funcionarios de la PGR le entregaron a la familia Gallegos dos urnas adornadas con querubines, llenas de cenizas. Le aseguraron que ahí estaban los restos de Israel y Luis Miguel. A Jovita todavía se le llenan los ojos de lágrimas al recordar ese momento. No puede hablar.

Es su hija, María Guadalupe, la que lo cuenta: “A mi mamá le dio sentimiento porque así le mandaron a mi papá del otro lado: en cenizas. Decía: ‘¿Cómo es que mis hijos corren la misma suerte?’”.

Ahora es María Guadalupe quien no puede seguir con el relato. Sus ojos parecen un estanque a punto de desbordarse. Fue ella la que recibió las urnas con las cenizas. En la PGR no le dieron más opción. El esposo de Jovita, padre de sus 11 hijos, murió 17 años antes en un accidente carretero cuando trabajaba en Estados Unidos. Treinta mil pesos le cobraban por repatriar el cadáver en un ataúd. No tuvo dinero para ello; por eso, sólo por eso, lo aceptó vuelto cenizas.

“Como los cuerpos ya estaban descompuestos y contaminaban por ahí donde iban pasando, me dijeron que sólo así los iban a dar”, explica María Guadalupe con voz temblorosa. Le pesa como lápida sobre el corazón ese papel que jugó de representar a la familia frente a la burocracia.

Entonces Jovita saca su voz. “Yo le dije: ‘Ai así te los van a dar, ya mejor ni los recibas’. ¿Para qué?”, dice sin mirar a su hija.

Cadena de errores

A las 08:30 horas del 30 de noviembre de 2012, el último día del sexenio de Felipe Calderón, un grupo de funcionarios con una orden judicial, ayudados por panteoneros, abrieron la fosa común donde fueron lanzados los cuerpos de San Fernando. Pasaron todo el día seleccionando los restos que buscaban. Se retiraron al atardecer, cuando los 10 cadáveres que exhumaron se habían convertido en cenizas.

Ocho guatemaltecos fueron cremados junto con los hermanos Gallegos. La PGR los identificó como William, Bilder Osbely, Delfino, Erick Raúl, Gregorio, Jacinto Daniel, Marvin y Miguel Ángel.

El crematorio del panteón de Dolores fue donde se mezclaron los horrores ocurridos en Tamaulipas. Uno de los guatemaltecos había perdido la vida ocho meses antes que el resto, en la matanza de los 72 migrantes ocurrida en agosto de 2010, también a manos de Los Zetas, también en San Fernando. Los demás venían de las fosas halladas en 2011 en ese municipio. Todos habían sido trasladados al Distrito Federal y coincidieron en la misma fosa.

La orden de cremación fue firmada por el agente del Ministerio Público José Rojas, como consta en los oficios en poder de la reportera. Después se explicó que dicha cremación se realizó por razones sanitarias.

No valió la petición que organizaciones de defensa de los derechos de migrantes le hicieron a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) para que impidiera la destrucción de esos 10 cuerpos. Tampoco los argumentos de que no se podían quemar cadáveres si aún no acababa el procedimiento penal en un caso tan grave como el de las masacres perpetradas por Los Zetas; más aún, si los familiares de las víctimas no lo autorizaron.

Pero la CNDH no intervino.

El 2 de diciembre de 2012, un año y nueve meses después de haber sido asesinados y desaparecidos por Los Zetas, los restos de los hermanos Gallegos, vueltos cenizas, fueron enterrados por su familia, bajo una plancha de cemento colado que tiene como único adorno dos cruces de metal financiadas por el ayuntamiento. Ahí quedó escrita como fecha de su muerte el 8 de abril de 2011, el día del hallazgo de las fosas.

Jovita no cree que enterró a sus hijos. Y tiene fundamentos para dudarlo. También para reclamarle al gobierno por una cadena de errores que los funcionarios cometieron en su caso y que resolvieron convirtiendo los cuerpos en cenizas.

El sepulcro de los hermanos Israel y Luis Miguel Gallegos Gallegos, de 19 y 22 años. Foto: Ginnette Riquelme

El engaño

En las fichas forenses realizadas en abril de 2011, el mismo mes de la exhumación, uno de los dos hermanos Gallegos Gallegos, aparentemente Luis Miguel, el mayor, está registrado como plenamente identificado por su coincidencia con el ADN de Jovita y por las pruebas antropológicas, de dactiloscopia y odontología genética.

Era el cadáver 18 de la fosa 4. Ese mismo mes, el cadáver 15 de la fosa 1 también estaba identificado (vía ADN) como el del primo Armando. En ese momento algo pasó, que el caso quedó en el limbo de la burocracia.

La causa de la tardanza de la identificación podría estar contenida en unos oficios que integran el expediente SIEDO/UEIS/AC/044/2011 y 0092/2012, al cual tuvo acceso esta reportera, en el que se registra que el 2 de junio de 2011 las muestras de ADN de la señora Jovita y de un hijo llamado José fueron confrontadas con el cadáver 18 de la fosa 4. Coincidieron. El dictamen lo firmó el perito Adrián Bautista.

Jovita sabe algo de los orígenes del enredo que dilató la entrega de los cuerpos. Sabe que Luis Miguel fue identificado rápido por la PGR, pero con Israel fue distinto, pues “estaban en duda porque tenía un tatuaje. Daban todas las pruebas bien (de ADN), pero no era (Luis Miguel) porque tráiba un tatuaje como en la espalda”.

Su hija se tensa. La voz se le extingue por los nervios, como reprimiendo el llanto.

Jovita y María Guadalupe dijeron que no recibirían al cadáver tatuado porque ninguno de los Gallegos tenía sellos en la piel. A Israel le gustaba pintarse letras con tinta en la mano pero nunca se había tatuado. Siempre que trabajaban en la casa se quitaban la camiseta; ellas conocían sus cuerpos.

Incrédulas, las mujeres pidieron que les mostraran una fotografía, las ropas que traían esos cuerpos, sus pertenencias, algo, para tener una segunda prueba de que el tatuado era su hijo y su hermano, respectivamente. La respuesta de la PGR fue: no tenemos nada.

Les mintieron.

En el expediente consultado para esta investigación aparecen las fotografías de los hermanos Gallegos y de sus ropas.

La PGR guarda pistas valiosísimas de los cuerpos, como las piezas dentales, las ropas o incluso medallitas, crucifijos y carteras con identificaciones que portaban al morir, pero que no han compartido para hacer que las familias encuentren esa pequeña pista que les devuelva el cuerpo que añoran enterrar.

La única imagen que los funcionarios de la PGR mostraron a Jovita y a su hija fue la engañosa foto de un tatuaje desconocido. Y la dependencia siguió con el engaño.

El 12 de enero de 2012, nueve meses después de que Luis Miguel había sido identificado, en un oficio interno de la dependencia se solicita al funcionario Miguel Óscar Aguilar, director general de la Coordinación de Servicios Periciales, designe a un perito que procese las muestras genéticas tomadas a la madre y ahora también a María Guadalupe para que se elaboren, otra vez, los perfiles genéticos de los dos hermanos y se confronten con dos cadáveres.

El 23 de enero se especifica que la confronta se haría con las muestras del fémur del ya reconocido cadáver 18 y del 22 de la fosa 4. El 11 de mayo se incluye en la orden al cuerpo 44, recuperado en el mismo lugar.

El oficio DGCSP/DSATJ/643/2012, firmado por Martín Ríos Pérez y dirigido al químico Alfonso M. Luna Vázquez, director del área de Biología Molecular, anuncia lo que en la PGR parece una constante: que las muestras habían sido erradas.

“Con carácter de urgente rinda un informe en relación con los hechos derivados del cambio de muestras biológicas relacionadas a los 120 cadáveres localizados en el estado de Tamaulipas relacionados con la averiguación previa PGR/SIEDO/UEIS/197/2011, pues se presume existencia de irregularidades en relación con la recepción de muestras”, se asienta en el oficio.

Una copia de estos documentos llegó a la directora de Servicios Periciales de la PGR, Sara Mónica Medina Alegría.

El escrito pide que se detalle la secuencia de la toma de muestras, además de los nombres del personal que intervino en la operación. Al final de la investigación, dos peritos fueron sindicados como responsables del error: Berna del Carmen Uribe y Pedro Gabriel Suárez.

A partir de ahí, silencio. El expediente que esta reportera consultó se corta en ese tramo, cuando dentro de la PGR se reconocen los errores que afectaban la identificación de varias de las víctimas, como ocurrió en otros casos, por ejemplo el del Campo Algodonero, la matanza de los 72 migrantes o Ayotzinapa.

Lo siguiente que se conoce es que los hijos de Jovita fueron reducidos a cenizas. Con ello las evidencias se volvieron humo. A pesar de conocer el error, aparentemente la PGR no rectificó.

Con dudas, Jovita y su familia enterraron a dos cadáveres que desconocen si eran de su sangre.

María Guadalupe recuerda bien cómo fue el abrupto desenlace: “Dijeron de PGR: ‘Vamos a hacer más estudios, comprobar las muestras’, querían estar seguros. La última vez me dijeron de PGR que sí era él porque daba (positivo) con el ADN de las muestras de mi mamá. No los entregaron. Nos dijeron que todas las muestras daban bien, que mi hermano era el del tatuaje”.

En la PGR le dijeron que antes de asesinarlo le hicieron un tatuaje para obstaculizar su identificación. Esta “lógica” no ha sido suficiente para espantar la incertidumbre que ronda como fantasma por el ranchito de los Gallegos.

“Las dudas no se acaban, pero ya es más tranquilidad que recién pasado. A veces creo que puede pasar lo de las novelas que dicen que cuando ya lo habían enterrado, el difunto de repente llega.”

Jovita sonríe con picardía.

La única certeza que tiene es que enterró para siempre un sueño recurrente y alegre en el que veía a sus dos hijos regresando a casa.

Este reportaje se publicó originalmente en la edición 2025 de la revista Proceso del 22 de agosto de 2015. Investigación realizada con el apoyo de la Fundación Ford, presentada por Proceso, la División de Estudios Internacionales y la Maestría de Periodismo y Asuntos Públicos del CIDE. Las base de datos puede ser consultada en www.masde72.org

 

La burocracia desaparece cadáveres

10 marzo, 2016 //  Reportaje Especial

Un migrante salvadoreño desapareció en Tamaulipas en 2011. Su madre comenzó a buscarlo y supo que zetas y policías municipales lo habían asesinado. Supo luego que lo sepultaron junto con otros 67 cuerpos en una fosa común de San Fernando. Y dice que aun cuando desde 2012 las autoridades mexicanas conocían la ubicación del cadáver, construyeron un laberinto burocrático para desaparecerlo de nuevo y no entregárselo. Apenas en enero de 2015 pudo recuperarlo y la semana pasada ganó en la Suprema Corte un amparo para que sea considerada como víctima

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Aunque vive en El Salvador, la señora Bertila Parada conoce detalles de la tortura que sufrió su hijo Carlos Alberto en México a partir de aquel 27 de marzo de 2011, cuando dejó de reportarse.

Sabe que nunca llegó a la frontera con Estados Unidos y que estuvo a unos kilómetros de la misma, pero el autobús donde viajaba fue interceptado por Los Zetas y policías municipales a la altura de San Fernando; lo obligaron a bajar.

Sabe que lo atormentaron antes de matarlo: a golpes le tumbaron nueve dientes y le destrozaron el cráneo.

Sabe que en sus últimos instantes de vida vestía una camisa que no le conocía, unos calcetines y unos calzones que sí eran suyos, y estaba amordazado.

Sabe que así, con la mordaza, fue enterrado en una colina donde duró poco más de dos semanas.

Sabe que a su cuerpo, cuando fue hallado, la Procuraduría de Tamaulipas le asignó el número 3 en la fosa 3 de la brecha El Arenal, del municipio de San Fernando, donde se encontraba con otros 12 asesinados. Todavía faltaban 44 fosas por descubrirse, de las cuales fueron sacados 193 cadáveres en el llamado caso de las “narcofosas” o “San Fernando 2”.

Sabe también que el 17 de abril lo trasladaron a la morgue de Matamoros y que al día siguiente le tocó turno para la autopsia.

Mas por decisiones de la burocracia, su hijo volvió a desaparecer el día que fue sepultado con otros 67 cuerpos en una fosa común tamaulipeca: lo enterraron en la fila 11, lote 314, manzana 16, del panteón municipal de la Cruz, Ciudad Victoria. Permanecieron ahí hasta octubre de 2014, cuando fueron enviados a la Ciudad de México.

En abril de 2011, otros 122 habían corrido mejor suerte al ser trasladados a una morgue capitalina, donde los mantuvieron congelados durante meses; luego los destinaron al panteón de Dolores.

En la fosa común tamaulipeca, Carlos Alberto esperó tres años y 10 meses a que Bertila lo rescatara y lo condujera de regreso a casa. Fueron casi cuatro años de tortura para ella y su familia, ya no por parte de los criminales, sino de las autoridades mexicanas que, aun cuando desde el año 2012 conocían la identidad del cuerpo 3 de la fosa 3, lo perdieron en los laberintos de la burocracia.

Bertila sospecha que los funcionarios lo desaparecieron “a propósito” como represalia por las protestas que ella hacía desde El Salvador y por el amparo que interpuso en 2013 –promovido por la Fundación para la Justicia y el Estado de Derecho– para que conservaran su cuerpo y no lo incineraran, como hizo la Procuraduría General de la República (PGR) con otros migrantes, y también para conocer la averiguación previa que México abrió por ese asesinato y que le permitirá saber en detalle cómo y por qué perdió la vida su hijo, al igual que las investigaciones al respecto.

“Siempre he querido saber toda la verdad, aunque me duela; por eso he estado luchando. No quiero enterarme por otros de lo que le pasó; quiero ser la primera en saberlo porque yo, como todos los migrantes, queremos saber qué pasó a nuestros hijos, al esposo, a aquel padre que también se quedó en el camino, en un país donde nos robaron algo, donde nos robaron todo motivo de vivir”, explica.

Al tiempo que expresa esto, Bertila llora en el jardín de su casa de Sonsonate –construida con paredes de adobe, techo de lámina oxidada, cables colgantes y, en el jardín comido por las gallinas, la lona vieja de una aerolínea usada como techo de porche–, donde muestra las fotos de su muchacho, ora disfrazado de payasito, ora sosteniendo un diploma escolar, ora en la playa.

Tiene a su lado una carpeta que el 28 de enero de 2015 le entregó la PGR y que contiene las fotos del cráneo destrozado y del panteón donde su hijo estuvo como anónimo, así como algunos de los oficios que funcionarios de Tamaulipas enviaron a la PGR, y en los que desde 2012 se menciona que debería avisarse a la familia salvadoreña de la muestra genética 115 que su hijo es el cuerpo 3 de la fosa 3. Una orden que nadie cumplió.

O quizás, especula esta mujer a la que la tristeza carcomió sus 56 años de vida, nadie quiso cumplir…

“Aquí estuvo enterrado. ¿Por qué tanto tiempo sin poderlo traer? En esta colina estuvo”, dice mientras muestra las fotografías en las que se observa el cadáver en distintas tomas y la cruz oxidaba que marcaba su tumba cuando llevaba como identidad las señas “Cuerpo 3, Fosa 3”.

El 28 de enero de 2015, en la PGR, ella supo esa parte de la verdad gracias a la Comisión Forense instalada en septiembre de 2013 y que autoriza al Equipo Argentino de Antropología Forense y a diversas organizaciones de familiares mexicanas y centroamericanas a trabajar al lado de los peritos de la procuraduría para devolver la identidad a los cuerpos de los migrantes masacrados en San Fernando (2010 y 2011) y Cadereyta (2012).

Cuando le entregaron el cadáver de su hijo menor, pidió a las antropólogas argentinas le explicaran lo que el maltratado cuerpo denunciaba.

“Yo quería saber cómo había muerto mi hijo. Cuándo más o menos había sido encontrado. Qué es lo que tenía: si llevaba documentos, dinero, prendas que podíamos reconocer. Pero no, sólo el calcetín, el bóxer y la manga larga. Quería saber cómo fue su muerte. Yo me pongo a pensar en todo lo que vivió en el tormento que sufrió. Yo lo presentía todo, quería saber cómo fue, por eso les pedí: ‘Contéstenme todo lo que pregunte’. Me dijeron que la muerte fue un golpe contundente de este lado –dice mientras se toca la sien del lado derecho–. De eso murió.”

Ese día, en la Ciudad de México, solicitó ver los restos. Aunque ya eran huesos, ella constató que sí era él: “Lo reconocí por el físico de la cara, por los dientes que le habían quedado –muy rectecitos y suavecitos– y los pies, que eran poco anchos. Sí le pude reconocer eso”.

Emigrar para sobrevivir

Carlos Alberto abandonó Sonsonate cuando tenía 25 años porque iba a tener un hijo y quería ofrecerle una vida digna. No encontraba trabajo, le desesperaba que Bertila vendiera pupusas en los autobuses para darle dinero, y era amenazado por las pandillas.

Cuando el pollero que lo recogería en la frontera con Texas avisó que nunca había llegado, Bertila, ayudada por una sobrina, puso una denuncia en su país el mismo mes de abril y avisó a la embajada de México, donde, afirma, sólo “se burlaron”, la engañaron diciendo que lo estaban buscando. No supo entonces ni le informaron del hallazgo de las fosas de abril.

“Quedamos esperando, pero esa espera se hizo larga, torturadora.”

Su segundo martirio comenzó en diciembre de 2012, al recibir llamadas de la cancillería y la fiscalía salvadoreñas avisándole que las autoridades mexicanas habían encontrado a su hijo, que lo cremarían y enviarían sus cenizas a casa.

Ella se comunicó con el Comité de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos de El Salvador, que se contactó con la Fundación para la Justicia, para interponer un amparo a fin de evitar la incineración.

El último día del sexenio de Calderón, en diciembre de 2012, la PGR ya había mandado cremar 10 de los cadáveres hallados en San Fernando (Proceso 1886). Su muchacho estaba en la lista de los siguientes.

En ese tiempo Bertila comenzó a armar protestas, dejó de dormir y comer, tuvo deseos de matarse ante la embajada de México para que le hicieran caso. Salía por las noches a la calle a esperar a su hijo. Corría cada vez que veía a alguien de cachucha blanca porque pensaba que era él. Terminó ingresada en un hospital psiquiátrico.

“Fue al año y nueve meses cuando me dijeron que sí lo tenían ahí, como el 14 de diciembre de 2012. Que estaba enterrado. Luego, ante mis protestas y el amparo, dijeron que nunca me habían llamado. Mi dolor para poder enterrar a mi hijo duró tres años 10 meses”, cuenta mientras barajea el expediente, y agrega: “Pienso que las autoridades mexicanas se negaron a ayudarme. Ellos ya sabían de él, lo encontraron, ya lo tenían”.

No era la única: También la familia de Manuel Antonio Realegeño Alvarado –quien estaba entre los muertos de San Fernando– recibió el mensaje de que lo iban a cremar por motivos de salubridad.

El 24 de mayo de 2013 el gobierno mexicano repatrió a El Salvador el cuerpo de Realegeño. A Carlos Alberto no lo enviaron.

“A la mamá (de Antonio) le dijeron que su hijo estaba en el DF. No lo habían enterrado. Estaba refrigerado; al mío lo habían sepultado en Ciudad Victoria.”

Esa fue otra patada en el corazón.

“Siempre supe que si me ofrecían las cenizas de mi hijo me podían dar un animal, una persona equivocada o cenizas de madera, de cal. Ellos querían terminar evidencias, que ahí acabara todo. El gobierno estaba cubriendo algo, no dice la verdad. No es que yo sea detective. Como madres armamos nuestra conclusión: se violaron mis derechos como persona, como ser humano.”

En octubre de 2014, ella y otras mujeres centroamericanas se reunieron con el entonces procurador mexicano, Jesús Murillo Karam, para conminarlo a permitir a la Comisión Forense devolver a sus hijos.

Murillo la miró con sorpresa y le preguntó: “¿Su hijo todavía está aquí?”. Bertila se dio cuenta de que él sabía que hacía tiempo había sido identificado.

El 28 de enero de 2015, cuando la citaron a la PGR, ella tenía la leve esperanza de que el cuerpo que le entregarían no fuera el de su vástago. Pero al verlo se convenció.

“(La antropóloga) me dio información bien veraz: que un 99.98% era compatible. Me enseñaron algo de ropa: alguna que no era de él. Le cambiaron documentos que llevaba.”

La de su hijo era la averiguación previa 52/2011.

En el expediente se lee la cadena de torpezas que cometió la PGR y por las cuales Carlos Alberto volvió a desaparecer, aunque ya estaba identificado.

El 13 de julio de 2012, según se lee en los folios internos de la PGR 43858 y 54729, se solicita confrontar los perfiles genéticos de los cadáveres que en noviembre de 2011 había enviado la procuraduría tamaulipeca contra los perfiles genéticos aportados por El Salvador el 18 de octubre de 2011 a través de la entonces SIEDO, y cuya misión estaba a cargo del maestro Guillermo Meneses Vázquez, adscrito a la Unidad Especializada en Investigación de Secuestros. También, el contraste contra las muestras de las fosas de “San Fernando, Durango, Guerrero y Sinaloa”.

La conclusión era clara: “Los perfiles genéticos de las muestras (…) que corresponden a la familia 115 de El Salvador (…) presentan relación de parentesco biológico con el perfil genético de las muestras, ‘piezas dentales’ extraídas del cuerpo número 3 fosa número 3, con clave NN 527, remitido por Tamaulipas”, según firmó el biólogo Adrián Bautista Rivas.

El 24 de octubre de 2012, ya con la conclusión en la mesa, se turna un acuerdo que instruye a Fernando Reséndiz Wong, director general de Procedimientos Internacionales de la PGR, mandar un oficio a El Salvador para informar que los perfiles genéticos de la familia 115 presentaban “relación de parentesco, biológico y de las dentales” extraídas al cuerpo 3 fosa 3, con clave NN 527, inhumado en el panteón municipal de la Cruz.

En el oficio, Judith Janet Rueda Fuentes, agente del Ministerio Público estatal, exhorta a Reséndiz Wong, director de Procedimientos Internacionales de la PGR, a establecer “contacto con dicho país y estar en posibilidad de solicitar los requisitos indispensables para la exhumación y entrega de los restos de los cuerpos”.

Pasó noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo, abril, sin respuesta. Fueron los meses en que Bertila estuvo protestando y cuando el amparo ya había sido interpuesto. Casi a mediados de mayo, el expediente tuvo un salto.

El 14 de mayo de 2013, el oficio DAPE/292/2013, firmado por el director de Averiguaciones Previas de Tamaulipas, Pedro Efraín González Aranda, requiere a Guillermo Meneses, entonces coordinador de Asesores del subprocurador de la SEIDO, su “colaboración” y “apoyo” para que realice las gestiones necesarias con el fin de obtener los datos que correspondían a la familia número 115, por ser pariente del cuerpo 3 de la fosa 3.

Durante otros ocho meses el expediente no presentó movimientos.

El 19 de enero de 2015 otro oficio informaba que el 19 noviembre de 2014 la Comisión Forense por fin exhumó los restos varados en Tamaulipas, los cuales llegaron el 21 a la capital del país; 33 de esos cuerpos habían sido exhumados en 2011 y otros 37 en 2014. Entre ellos iba el de Carlos Alberto.

A finales de enero de 2015 se lo entregaron.

Últimas noticias

El amparo de Bertila fue aprobado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la cual reconoce, por primera vez, el derecho de familias migrantes a ser aceptadas como víctimas ante la justicia mexicana, a conocer la verdad y a acceder a las indagatorias sobre violaciones graves a los derechos humanos donde perdieron la vida sus parientes, como es el caso de San Fernando. Ella confía en que esta resolución abra la puerta para que las familias de migrantes encuentren a sus hijos que quedaron en cementerios clandestinos mexicanos.

El pasado miércoles 2, en la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ella lloraba mientras escuchaba la resolución de los cinco magistrados al mismo tiempo que alzaba la foto de su Carlos Alberto.

“Mi hijo estuvo ahí, sentado conmigo –dice llorando–, y ¡ganamos, ganamos, ganamos! Está más cerca la justicia, para mí y para todos.”

Sonríe al recordar un sueño que tuvo los primeros meses en que su hijo desapareció. Estaba ella frente a cinco hombres vestidos de negro, ante una mesa redonda, cada uno de los cuales portaba un cartel con la palabra “justicia”. Recordó ese sueño al entrar a la Suprema Corte.

La Fundación para la Justicia espera que en la sentencia final se reconozca la calidad de migrantes de las víctimas, se analice el caso como una grave violación a los derechos humanos, se reconozca también a las víctimas de desaparición, se analice la obstaculización a la justicia que representa dividir los casos entre PGR y procuradurías estatales –como en la historia de Bertila– y que se revise el trabajo de Servicios Periciales.

“Siempre quise saber la verdad, siempre he pedido justicia. Que la muerte de mi hijo no quede impune. Yo quiero saber, porque siento que un día habrá justicia”, señala Bertila confiada. l

*Este reportaje forma parte de la serie “Másde72”, con el apoyo de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, un proyecto del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ) en alianza con CONNECTAS.

 

El Papa que volvió a desaparecer a los desaparecidos

29 febrero, 2016 // Reportaje Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- “Buen día, señor Papa Francisco, para saludarlo y decirle que usted a de saber lo que nos sucedió a cada uno de los niños y a mi y a pesar de que mi papá y mi hermano desapareció hace 5 años yo sigo teniendo Fé en que vamos a encontrar vivo y que un día va a volver. Siempre le pido a Dios quiero darle las gracias por aver tomado su tiempo en ler mi carta y muchas. Buenas tardes. Atte. Kaiitlin”.

El Papa Francisco tuvo en sus manos una docena de cartas y algunos dibujos escritos por niños y niñas de Chihuahua. Son hijos, hermanos, sobrinos o nietos de hombres que fueron desaparecidos en años recientes. En esas misivas le piden ayuda, advierten sobre la inseguridad en su estado y en el país, y manifiestan su tristeza y deseo de encontrar a sus familiares.

Las cartas iban acompañadas de un dibujo colectivo donde se pintaron ellos mismos con el corazón partido a la mitad y pegado con una curita. En dos de las cartas los pequeños autores trazaron pistolas y en otra un niño plasmó el momento en que unas camionetas “levantaron” a su hermano.

“Sufrimos por no tener una persona especial a nuestro lado, y que el gobierno no aga nada”… “estamos cansados de que nadie nos ayude”… “querido Papa quiero que le pidas a diosito que me traigas a papá”…”no es cierto que hay seguridad en méxico el gobierno solo esta de adorno”… “dibujé esta pistola porque nos matan”… “nesesito que me ayudes a encontrarlo y mi abuelita se siente mal”…“e pasado 6 años sin el cariño de un papá”.

Esas fueron algunas de las frases escritas en las cartas donde 13 niños y niñas de seis a 12 años plasmaron, con letras infantiles e inmadura ortografía, su tristeza, enojo, impotencia y esperanza.

Jorge Bergoglio las recibió el martes 14 de febrero, durante su visita a Ciudad Juárez, antes de empezar la reunión con “el mundo del trabajo”, cuando una mujer vestida con traje sastre blanco, en cuya espalda estaba bordada una mujer crucificada junto a la frase “Ni una muerta más”, se coló hasta donde estaba el máximo jerarca de la Iglesia católica y le puso en la mano un paquetes con tres cartas: una donde los campesinos de El Barzón le informaban sobre la dura situación de los campesinos; otra escrita por ella, donde lo alertaba sobre los feminicidios, y la última con los mensajes y dibujos de los infantes.

“Hágame la promesa de que va a leerlas”, le pidió ella en un intercambio casi telegráfico donde escuetamente le explicó el contenido del paquete.

“Lo prometo”, contestó él.

La mujer que llegó hasta el Papa era Lucha Castro, la presidenta del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM), organización que de la violencia contra las mujeres a partir de la “narcoguerra”, pasó a atender casos de desplazamiento forzado, tortura, asesinatos y desapariciones de personas en Chihuahua. Las cartas eran de los pequeños integrantes de las familias que atienden en ese centro.

El Papa, al ver que ella se retiraba de prisa, la llamó de nuevo para que se acercara a tomar un rosario de regalo. De inmediato pasó las cartas a un asistente. Unas eran anónimas, escritas por menores que tienen miedo a las represalias de quienes se llevaron a sus familiares (la mayoría policías). Otras sí llevaban firma, como la de Fátima Chávez, quien escribió: “El día de hoy yo le quiero pedir que me allude a buscar a mi papá que ya tiene casi 6 años desaparecido. La gente mala no sabe el dolor que una niña o niño siente al que le quitan a su papá pero en fin yo quiero que me alluden a buscar a mi papa y a mi abuelo porque e pasado 6 años sin el cariño de un papá o un abraso de un abuelo no tengo a quien darle un abrazo por el dia del padre por fabor alludeme a encontrarlos.”

El encuentro con la teóloga y abogada Lucha Castro fue quizás el momento en que el representante de la Iglesia católica estuvo más cerca al tema de los desaparecidos durante su viaje a México.

Ese y la noche del domingo anterior, cuando los representantes de la Provincia mexicana de la Compañía de Jesús le entregaron en la Nunciatura Apostólica la carta de las familias de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, quienes siempre pidieron audiencia.

El episodio de la entrega de la carta lo narró así el jesuita Pedro Reyes a Apro: “El Papa la tomó y nos dijo: ‘A nosotros en Argentina también nos pasó, eso es terrible, sufrimos mucho’. En ese momento se le ensombreció el rostro. Siguió hablando sobre el tema: que esto no sólo pasa aquí, es algo mundial, que vas a cualquier parte del mundo y encuentras historias de muerte, por eso se tiene que actuar mundialmente. Esa fue la referencia que hizo”.

A su vez, la abogada Castro interpretó en entrevista que quizá un milagro le permitió acercarse al Papa, o la intercesión de algunos sacerdotes y obispos progresistas que posiblemente le aseguraron un lugar en primera fila para que el Papa no se fuera de México sin enterarse de lo que las víctimas de la violencia querían decirle, a contracorriente de los esfuerzos del gobierno y del ala conservadora de la Iglesia que controlaron la visita.

Silencio sobre las víctimas

El Papa Francisco eludió hablar durante toda su visita a México sobre las personas desaparecidas.

No atendió, antes de llegar a México, ninguna de las cartas enviadas por las organizaciones de defensa de los derechos humanos o de familias rotas por las desapariciones, como Cedehm, Cadhac o Fundem, entre muchas otras, ni se manifestó sobre la información que le dejó en El vaticano el obispo Raúl Vera sobre el caso Ayotzinapa.

En México no consoló ni envió mensajes de aliento a las 100 madres con hijos desaparecidas que, después de muchos esfuerzos, obtuvieron lugar en la misa multitudinaria en Ciudad Juárez, su última actividad antes de volver a Roma.

Las 100 mujeres se uniformaron con el trapo blanco en la cabeza –a la usanza de las Madres de la Plaza de Mayo que usan un pañal de tela para protestar por los hijos que les arrebataron y que era una segura referencia para que el Papa argentino las distinguiera de entre los miles de fieles.

Pero a las familias no les guardaron los lugares que les habían prometido los organizadores, pues de 200 boletos que prometieron lo redujeron a 100 (que se dividieron entre una decena de organizaciones de víctimas de todo el país) y los ubicaron a más de un kilómetro de distancia del Pontífice, lamenta Castro en entrevista.

En su visita a México el Papa argentino volvió a desaparecer a los desaparecidos. El drama de más de 27 mil personas no fue mencionado por el jefe de la Iglesia católica. No lo hizo a pesar de que él proviene de un país donde la desaparición causó un trauma que ha durado más de tres décadas y que es referente mundial en el tema.

No lo hizo a pesar de que los centros de derechos humanos diocesanos, de grupos religiosos o de inspiración católica, así como curas, religiosas, teólogas o exmiembros de comunidades eclesiales de base, son los principales acompañantes de las víctimas de la violencia en México, especialmente de los migrantes y de las familias con desaparecidos.

La Iglesia de los pobres se reactivó para atender el drama de miles de personas.

En el avión que lo llevaba de regreso a casa, el argentino explicó la razón por la cual no se encontró con los familiares de los 43 normalistas, pero nunca explicó su silencio ante el drama de las más de 27 mil familias.

“En mis mensajes hice continua referencia a los asesinatos, a las muertes, a la vida cobrada por todas estas bandas del narcotráfico y traficantes de personas. O sea que de ese problema hablé, de las llagas que están sufriendo en México”, dijo en la conferencia en la que se le cuestionó al respecto.

“Hubo algún intento de personas de recibir y había muchos grupos, incluso contrapuestos entre ellos, con luchas internas. Entonces yo preferí decir que en la misa los iba a ver todos, en la misa de Juárez, o si preferían en alguna otra, pero que habría esa disponibilidad”, agregó.

Lo cierto es que el Papa nunca mencionó la palabra “desaparecidos” y tampoco se reunió con los familiares. Ni de Ayotzinapa ni de ninguno de los miles de casos.

Diosito, trae a mi papi

Dos de las cartas de los niños al Papa tienen el dibujo de una pistola. En una se lee: “Querido papa mi papa esta desaparesido por favor nesesito que me ayudes a encontrarlo y mi abuelita se siente mal”. En otra: “Papa nosotros pedimos que nos ayude a encontrar a nuestras familias y no es serio que México está bonito, son mentiras y está mui feo ay muchos secuestros y en México es el pais que ai mas secuestros y los gobiernos estan de adorno tienen miedo de los matan y poreso le pido ayuda. Dibuje esto porque nos matan”. Y a un lado el arma.

Otra, con violencia más explícita, muestra unas camionetas y unos muñecos. El autor explica su dibujo: “Asi fue como se yevaron a mi hermano lo ivan corretiando”. Y antes: “Querido papa me siento mal porque mi hermano esta desaparesido y todos queremos que nos devuelvan a los que estan desaparesidos queremos que leas estas cartas y que nos digas”.

Las cartas surgieron en el taller de acompañamiento psicosocial a menores de edad que psicólogas del Cedhem realizaron en diciembre en ciudad Cuauhtémoc –a una hora de la capital del estado–, donde varios de los niños eran de la familia Muñoz Veleta y presenciaron cómo unos hombres armados irrumpieron en al festejo del día del padre y se llevaron para siempre al abuelo, cuatro de sus hijos, su yerno y dos sobrinos. Ocho hombres de una misma familia. Ese fue el castigo por haber discutido con policías municipales.

Desde hace tres años el Cedehm atiende en grupo a niños y adolescentes con el método psicosocial que permite trabajar el dolor de los infantes, encontrar las fortalezas individuales y colectivas y de apoyo mutuo, así como técnicas para salir de la confusión y la culpa que causa un problema como la desaparición, para incorporarlos al proceso de la búsqueda de justicia y verdad, en lugar de negarles lo que ocurre.

Una de las primeras actividades consistió en que los sobrevivientes de esas familias (adultos y niños incluidos) dibujaran un mural colectivo donde plasmaron el momento en que se llevaban a sus familiares, su tristeza, su lucha y su esperanza de encontrarlos.

La psicóloga Andrea Cristina Cárdenas Domínguez quien coordinó la actividad de la escritura de cartas, explicó en entrevista que los niños y niñas sabían que sus familiares buscaban acercarse al Papa en Juárez, y como una forma de colaborar escribieron esas cartas. Los más chiquitos, quienes no saben escribir, hicieron dibujos.

Ella notó que en el grupo los sentimientos que prevalecían eran el enojo (porque los sacerdotes y mucha gente cree que si se los llevaron fue porque “en algo malo andaban”), el miedo a las represalias (algunos no firmaron las cartas, especialmente cuando policías fueron los victimarios), la tristeza y la esperanza del reencuentro. Algunos no quisieron escribir, y son quienes se sienten traicionados por la iglesia y culpabilizados por sacerdotes.

“Son muy devotos, el Papa representa a Dios para ellos”, explicó.

Estos fueron los mensajes que esos niños y niñas enviaron al Papa Francisco:

“Hola buen día: Le escibimos esta carta para desirle que no es cierto que hay seguridad en méxico el gobierno solo esta de adorno no nos apoyan solo ven la inseguridad que hay en nuestro país y no hacen nada para que ya no aya tanta inseguridad. De Magaly Mtz.

*
Querido Papa yo creo en Dios y en ti nosotros queremos encontrar a nuestros desaparecidos porque se los llevaron injustamente el dia de los padres cuando estaba terminando el dia y yo los extraño mucho y quiero que regrecen te lo digo para que nos ayudes a encontrarlos te lo ruego. Atte. Anonima.

*
Papa: quiero que me ayudes a encontrar a todos mis desaparecidos. Kareli Sofia Marques Muñoz.

*
Señor papa: Le pido de la manera mas atenta que nos escuche, le pedimos que uste de alguna forma nos pueda ayudar a poner un alto las desapariciones porque muchas personas al igual que yo sufrimos por no tener una persona especial a nuestro lado, y que el gobierno no aga nada.

Solo queremos que este mensaje tan especial llege a otras personas y esto sea algo muy importante porque estamos cansados de que nadie nos ayude, q nos sierren las puertas eso no es el trabajo del gobierno!! solo queremos que valer la justicia y la verdad…. GRACIAS!! espero y nos ayude 🙁 Atte: Yazmin y Valeria)

*
Papa te pedimos que hagas justicia por nuestros familiares desaparesidos y nos brindes de tus bendiciones

*
Querido Papa quiero que le pidas a diosito que me traigas a papa y bendigas mi casa y cuidas mi familia

*
Nesesitamos alluda porque nuestras familia los nesesitamos a que regrese co nosotros

*
De: Jiapsi Para: El Papa. Este día yo te pido que ayudes a todas las personas que estan desaparecidas y en la busca de mi hermano que ya tiene 2 años de desaparecido… porque el gobierno no hace nada…

*
Querido Papa quiero que rescaten a los niños desaparesidos porfavor y tambien creo en dios y en la virgen.

*
Hola papa como estas quiero que busques a mi familia y cuidala y protejela por favor que lo pido a dios y gracias bay.

“Se cuelan” los casos Ayotzinapa y Pasta de Conchos en charla del Papa con jesuitas

17 febrero, 2016 // Publicado en APRO

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En el encuentro que el Papa Francisco sostuvo con una representación de jesuitas en la Nunciatura Apostólica, el domingo 14, charlaron sobre los recuerdos del pontífice sobre el México de los años 70, el trabajo de los jesuitas en México y las desapariciones de personas.
Una leve mención tuvieron los casos de los 43 normalistas de Ayotzinapa y de los cinco jóvenes de Tierra Blanca, así como la lucha de las familias de los mineros atrapados en Pasta de Conchos en febrero de 2006.
Pedro Antonio Reyes, asistente para la formación de nuevos jesuitas, contó a esta reportera los detalles de ese encuentro con el Papa jesuita o “entre hermanos”, como lo describió el vocero Federico Lombardi. Posteriormente, Antonio Spadaro hizo pública la reunión al tuitear la fotografía.
Al terminar el encuentro, Pedro Reyes también subió una imagen en la que Jorge Bergoglio, acompañado de seis jesuitas mexicanos vestidos de riguroso negro y con alzacuellos, posan junto a él ante un cuadro de la Virgen de Guadalupe.

“El Papa me dijo que hace oración por las familias de los mineros atrapados en Pasta de Conchos y la zona carbonífera. Sigan adelante, dijo, y dio su bendición”, escribió este sacerdote filósofo que durante años acompañó las luchas obreras desde el Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal).

Reyes personifica en la película “Padre Pro” al mártir y beato jesuita asesinado durante la guerra cristera y actualmente da clases en el ITESO, la universidad jesuita de Guadalajara.

La Provincia de la Compañía de Jesús en México recibió la confirmación de la cita con el Papa apenas dos días antes de su llegada, y se llevó a cabo el domingo 14, después de la misa multitudinaria en Ecatepec, el encuentro con seminaristas y la visita del líder católico a niños enfermos. En una sala privada de la Nunciatura Apostólica, la reunión inició alrededor de las 18:40 y duró aproximadamente 40 minutos.
El Papa Francisco llegó acompañado de dos jesuitas: el vocero Lombardi y Antonio Spadaro (el director de la revista del Vaticano, ‘Civiltá Cattólica’). En la sala lo esperaban el provincial José Francisco Magaña, provincial; el socio del Provincial, Carlos Cervantes, y los asistentes de Educación, Pastoral, de lo Social y de Formación, Juan Luis Orozco, José Luis Serra, Leonel de los Santos y Pedro Antonio Reyes, respectivamente.
Esta es la entrevista con Reyes, a la que se le omitieron las preguntas para volverla relato:
El Papa puso el tono del encuentro. Nosotros no sabíamos cómo iba a ser. Cuando llegó saludó a todos. Lo esperamos parados, dudosos de qué sillón iba a elegir. Cuando nos pidió que nos sentáramos, le dijimos que eligiera, y él dijo que en un sillón o en una silla (como que le daba lo mismo) y nos reímos.
Empezó a platicar de cuando vino por primera vez a México, en 1970, cuando lo nombraron maestro de novicios y vino a conocer el Colegio Máximo (que entonces era la facultad de Teología de jesuitas, donde ahora está el ITAM).
También contó la experiencia que había tenido de la Congregación 32 –en el año 74, cuando el padre (Pedro) Arrupe era prepósito general–, que es la reunión de los jesuitas del mundo para la elección de padre general o para revisar aspectos de la Compañía. En ese tiempo él viajó representando a la Provincia de Argentina.
La Congregación 32 se propuso repensar la misión de los jesuitas en este tiempo, y un postulado que llegó de la Provincia Mexicana lo proponía como “el servicio a la fe y la promoción de la justicia que la misma fe exige”. Y así se acordó. El Papa dijo que sintió esto como un regalo de México porque, aunque estaba en la Biblia, en ese tiempo no lo habían leído así, la teología iba por otros lados. “En ese tiempo era atrevido”, nos dijo, y de ahí en adelante fue aprender a buscar esa fe y justicia como inseparables siempre.
El provincial le preguntó qué era lo que más le estaba impresionando de su visita a México, y respondió que la gratuidad de la gente que está en las calles, esperando. A Ecatepec acudieron 300 mil personas a su misa, pero según los medios, un millón más esperaba en las calles. La gente no tiene por qué estar ahí, es puro cariño y es gratuito, y estaba impresionado de ese volcarse, de ver rostros de gente trabajadora que se esforzaba mucho. Eso le impresionaba mucho: ver la alegría, pero también gente de mucho trabajo.
El Papa hizo también algunos comentarios que ya ha venido haciendo. Puso especial énfasis en la riqueza cultural y de la historia de México y en su interés de que pudiéramos tener una visión más comprensiva de nuestra historia e identidad. Nos encargó a los jesuitas, cuando le hablábamos de nuestro trabajo en la educación, que ayudáramos a reconstruir esa historia para incluir muchas historias que ahora estaban ausentes, las de los pueblos indígenas, por ejemplo, para que se pudiese ver esa riqueza cultural y de fe del pueblo.
Sentí que cuando nos invitaba a reconstruir así la historia se trataba de que todos nos pudiéramos sentir responsables e iguales, no como a veces nos pasa que nos sentimos diferentes y pensamos que la historia es sólo la nuestra particular. Y eso me recordó sus palabras a los obispos en Catedral y cómo esos mensajes nos tocan a todos los que tenemos una responsabilidad de servicio, que es necesario que nos sintamos y vivamos como pueblo.
Desapariciones y padre Pro
Le dimos una reliquia del padre Pro. Él la beso con reverencia. Nos contó de su cariño por Pro, porque de novicio le animaban contándole su historia. Nos dijo que tenía un interés personal en su canonización. Nos encargó mucho que nos moviéramos para que se pudiera dar pronto.
Le contaron entonces sobre la película “Padre Pro” que se había hecho para dar a conocer su vida (Paco, el provincial, le dijo que yo actué; él se río, me hizo un gesto simpático). El provincial prometió dársela al día siguiente, en San Cristóbal de las Casas, para que la viera.

“Entonces le hablaron del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez y cómo ahora atiende a situaciones en respuesta a la realidad de violencia y desintegración del tejido social, producto de la desigualdad en el país, y que está acompañando a los familiares de desaparecidos, como los 43 estudiantes de Ayotzinapa y otros casos en su demanda de búsqueda, esclarecimiento y justicia. También se hizo una mención dela reciente desaparición de los jóvenes de Tierra Blanca”.
Fue entonces cuando el Provincial le dio la carta de los padres de Ayotzinapa. El Papa la tomó y nos dijo: “A nosotros en Argentina también nos pasó, eso es terrible, sufrimos mucho”. En ese momento se le ensombreció el rostro. Siguió hablando sobre el tema: que esto no sólo pasa aquí, es algo mundial, que vas a cualquier parte del mundo y encuentras historias de muerte, por eso se tiene que actuar mundialmente. Esa fue la referencia que hizo.
Entonces comenzó a hablar de la desigualdad insultante, de que el 20% de personas tiene el 80% de riqueza, y que esa es la raíz que permite todo tipo de violencia, discriminación, muertos, desaparecidos, migración. Que las condiciones vienen de esa desigualdad, no se puede resolver por pedazos, tenemos que resolverlas como mundo.
Después nos contó del resto de su agenda, que quería visitar San Cristóbal de las Casas y tenía muchas ganas de estar con los indígenas, esos olvidados y no recordados en la historia. Nos dijo que después iba a Morelia. Le dije que allá estarían los escolares (jesuitas). Fue cuando se río con ternura, creo que le recordó sus tiempos de formador.
En la reunión se le contó del trabajo de la Compañía a través de las parroquias, misiones, escuelas, universidades y centros sociales. Nos animó a seguir haciendo lo que hacemos.
Le interesó el proyecto que le mencionamos para la reconstrucción del tejido social buscando oportunidades para la paz. Este es un proyecto que se está iniciando en algunas regiones de Chiapas, Tamaulipas y Michoacán, para que cada comunidad imagine su camino hacia la paz y diseñe actividades para confluir en esa dirección, donde cada comunidad le da su propio estilo, impronta, y viene de cada uno de nosotros y de lo que nos comprometamos. Nos dijo que eso es muy importante, buscar la reconciliación. Y, como ha repetido en sus mensajes en México, no sólo de las víctimas, también con los que se han convertido en victimarios de sus hermanos.
Esa es una notoria preocupación del Papa: ¿Cómo rescatas a los que se han convertido en victimarios de otros? ¿Cómo? ¿Cómo volver a construir algo que permita que ellos también puedan entrar en la reconciliación? Que ese contexto de exclusión y desigualdad era caldo de cultivo para quedar atrapado en esas redes. ¿Y cómo rescatar a quien ha tomado decisiones de convertirse en victimario de sus hermanos?
Le entregamos un libro y un CD con todas las participaciones de la iniciativa #venfrancisco.org que a propósito de su visita lanzó nuestra Provincia, y nos lo agradeció.
Al final le pedimos que grabara un mensaje a los jesuitas de la Provincia mexicana, en el que nos confirmó nuestra misión. Nos dijo que siguiéramos trabajando por la dignidad de Jesús que está en cada hombre y mujer, que México tenía rostro joven, que México sufre pero es grande y tiene una riqueza impresionante y una historia original y casi única en América Latina. Nos dijo que rezaba por nosotros y nos pidió que rezáramos por él. “Tengan fe, no negocien al crucificado para que vivan mejor los que crucifican, manténgase trabajando, hagan oración, confíen en la Virgen de Guadalupe”. En una palabra: ‘métanle’, como un échenle ganas. Nos recordó que trabajáramos por la causa del Padre Pro y nos deseó que la Virgen de Guadalupe nos protegiera.
Una persona de la Nunciatura entró y con un gesto le avisó que era hora de cenar. Él le contestó con otro gesto, y se rieron. Entonces nos dijo de broma que ese era el lenguaje de sordomudos que usaban entre ellos.
Cuando nos tomamos la foto él decidió que fuera con la Virgen de Guadalupe en el centro. Cuando salíamos de regreso le dije, a pedido de las familias de los mineros de Pasta de Conchos, que al siguiente día conmemorarían los 10 años de la explosión, le expliqué rápido de su lucha por el rescate de los cuerpos de los mineros atrapados y le pedí que orara por ellos. Él se detuvo, me miró y me dijo que sí, que lo prometía y que les dijera que sigan haciendo lo que estaban haciendo y que Dios los bendiga.
Nos dio un rosario a cada uno y nos despidió.
Una reunión “como de hermanos”
Fue un encuentro más como de hermanos, fue como estar con un hermano mayor y con mucha experiencia y ternura platicar con él y sentir su cercanía, apoyo, fue muy bonito. Terminamos como a las 7:20 o 7:15. Duró poco más de media hora.
La impresión que me dejó fue que era un hombre muy cercano, muy humano, una persona muy lúcida, muy consciente de sus límites, de la realidad de su vida, de su misión y su encargo.
Es un hombre que sabe observar, que sabe escuchar. Cuando lo miras su voz está llena de recuerdos, y muy concretos, de personas muy concretas, que han hablado con él o se han cruzado con él. Me recordó un poema de (Pedro) Casaldáliga retomando un poema de San Juan de la Cruz que dice que en el crepúsculo de la vida nos examinarán por el amor, y Casaldáliga decía que entonces mostrará su corazón y estará lleno de nombres. Me parece que el corazón del Papa está lleno de nombres.
No es alguien que sabe de antemano, sino alguien que reflexiona, que va pensando las cosas, y hay cosas que ha reflexionado. Es un hombre que ha aprendido de la vida, es un hombre con experiencia de vida.
También se nota que es un hombre sencillo que relaja el ambiente en lugar de ponerlo tenso. Cuando llegó a la Nunciatura de inmediato provocó que se distensara el ambiente, les dijo algo, los hizo reír. Es algo característico de él. Nosotros mismos estábamos tensos, no sabíamos cómo iba a ser la reunión y él se encargo de hacernos sentir como en casa, de conversar como hermanos de cosas que a él y a nosotros nos interesan, y hablar de eso. No imaginaba un encuentro así, pensé que tal vez sólo él iba a hablar, que íbamos a escuchar, pero no fue así. Fue una conversación y bastante fluida.

Ayotzinapa: es hora de buscar a los desaparecidos con nuevas tecnologías

16 febrero, 2016 // Reportaje Especial

Mercedes Doretti y Miguel Nieva, del Equipo Argentino de Antropología Forense, reiteran que sus estudios coinciden plenamente con los de los especialistas del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes: es imposible que los normalistas de Ayotzinapa hayan sido incinerados en el basurero de Cocula y es muy improbable que el hueso por el que se identificó a Alexander Mora pertenezca a las cenizas que el entonces procurador Jesús Murillo Karam presentó como única evidencia de su “verdad histórica”. Por eso, dicen, es hora de comenzar a buscar en otros lugares con tecnología de probada eficacia.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Un par de horas después de la conferencia de prensa en la que enterraron la “verdad histórica” de la PGR atada al calcinamiento de los 43 normalistas de Ayotzinapa en el basurero de Cocula, los representantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), Mercedes Doretti y Miguel Nieva, señalan la urgencia de aplicar nuevas tecnologías para continuar la búsqueda en otros sitios.

Doretti propone traer gente especializada en usar “tecnología satelital, georradares y otros instrumentos” utilizados en la búsqueda de fosas en Los Balcanes, y Nieva sugiere métodos que este equipo independiente ha utilizado desde sus inicios, en 1984, en Argentina, cuando rastreaban entierros de personas en gigantescos campos militares.

“LiDAR es una tecnología láser que se pasa desde un avión, se va escaneando y te permite hacer imágenes que analizar, ver dónde hay fosas; también el georradar, tecnología que hemos ido usando desde hace cinco años, y hacer otro tipo de búsquedas. No es fácil encontrar algo en un terreno de estas características, menos en terrenos tan complicados, con muchos accidentes geográficos. No es una tarea sencilla y lleva tiempo”, explica Nieva.

“Hemos venido pidiendo LiDAR desde octubre de 2014. Y estamos proponiendo toda una batería de métodos, unos nuevos otros no tanto, combinados, para tener resultados. Combinar las hipótesis, testimonios, investigación, (información de) inteligencia que haya y cruzando datos y tecnología de modo interdisciplinarios; si no, es muy difícil”, agrega Doretti.

En la entrevista para Proceso los forenses argentinos lucen cansados pero a la vez relajados, como liberados de una carga pesada tras haber dicho en público que sus estudios científicos arrojan que esa versión es imposible. Horas antes se notaban tensos.

Lamentan el tiempo perdido de búsqueda de “los chicos” –así se refieren a los estudiantes– por el enfrascamiento de la búsqueda en Cocula…

Fragmento del reportaje que se publica en la edición 2050 de la revista Proceso.