Libros

Compila libro historias sobre narcotráfico

“La ley del cuerno”
El Heraldo de Chihuahua
12 de febrero de 2012

 

De la redacción

Chihuahua, Chihuahua.- Una compilación de vidas que se arriesgaron a la partida de ajedrez que el hombre imagina ganarle a la muerte que cobija a la subcultura del narcotráfico son las historias que aparecen en el libro La Ley del Cuerno, publicado por la venezolana Ediciones Puntocero, recuperando escritos de periodistas como el chihuahuense Edgar David Piñón Balderrama que invitan a reflexionar sobre la violencia en México.

De la calle a la redacción de la noticia, la obra reúne siete textos que reseñan la existencia de quienes por voluntad o coerción están envueltos en el crimen organizado. Un fenómeno social que se expandió por la nación como secuela del éxito colombiano para provocar la caída de las cabezas de los cárteles de las drogas, provocándose luego una evolución de las bandas delincuenciales que se fortalecieron al romper la delgada línea de lo que resulta ético para vivir o morir.

Así lo narran los periodistas que aparecen en este libro que retoma el artículo “Mi Vida con el Narco”, mismo que fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo 2009, a fin de reconocer el trabajo de quien actualmente ocupa la Jefatura de Información de El Heraldo de Chihuahua.

Este último, una crónica sobre la manera en que las redes criminales observan la utilidad de tomar el control de las redacciones de los periódicos para triunfar en su empresa de adherirse a la dinámica cotidiana de la sociedad, según puede observarse en el relato que comparte Piñón Balderrama.

“Licenciado, un gusto saludarle, licenciado. Me recomendaron que hablara con usted para platicar de… Bueno, es que, mire, pues nosotros no queremos problemas con ustedes, ¿sí me entiende, patrón? Es que queremos que nos echen la mano porque son chin… lo que están haciendo con nosotros y pues no queremos actuar a la mala”, redactó el periodista, citando un primer contacto telefónico a su persona.

Expone que a la familiaridad con que quisieron involucrarlo siguieron reclamos a su negativa de ser partícipe de acciones ilegales desde las páginas del periódico.

“Las bandas tenían agentes de relaciones públicas que, igual que lo hacen los partidos políticos, llamaban a los medios de comunicación para pedir neutralidad”, refirió.

“Valerse de los medios como estrategia política eso fue lo que hicieron los narcos al avanzar en su lucha contra las pocas corporaciones oficiales que los combatían en serio. Siguieron también sus planes de relacionarse con reporteros, darles información y hacerlos cómplices aunque fuera de manera forzada”, añadió.

Concluye indicando que ser periodista en los peores días de la guerra contra el crimen organizado en el país puede volverse asfixiante.

“La incertidumbre te mata. Es pelear contra nada y luego detenerte a escuchar la voz de tu conciencia. Es temblar cuando suena el teléfono y despertar por la noche con la frente llena de sudor…”, concluye el texto.

Al hablar sobre cómo la cobertura de un hecho policiaco sufrió en su persona un gran giro, recordó que la propia peligrosidad causada por el trabajo de investigación generó que las noticias fueran más limitadas y se prefiriera sólo dar a conocer el “hecho en sí”, sin más pormenores de las víctimas o responsables de algún delito.

“Las ofertas eran tentadoras. Había muchos dólares por hacer nada, por callarte, por escribir mal del bando rival en algunas ocasiones o por echarle la mano a los jefes que, me decían, personalmente, se paseaban por Juárez o El Paso haciendo negocios que dejaban millones”, argumentó.

Relató entonces que el libro se plasmó primero en la nota de ocho columnas, cuando era más factible conseguir adueñarse del encabezado principal por testimoniar el homicidio de una persona, ya que todavía resultaba inusual informar que las bandas delictivas hubiesen privado de la vida a un individuo.

La Ley del Cuerno expone también los trabajos de Juan Villoro, quien por su trabajo denominado “La alfombra roja, el imperio del narcoterrorismo”, fue premiado con el premio Rey de España, desvelando cómo la semilla del narcotráfico germinó desde una política mexicana que se desvirtuó tanto que acabaron por llamarle “La Tenebra”.

Igualmente recopila los escritos de Pablo Ordaz, Alejandro Almazán, Diego Osorno, Óscar Martínez y Marcela Turati, quienes reflejan al mundo del narcotráfico desde otros ángulos, como la manera en que los policías federales patrullan las calles de Ciudad Juárez, la manera en que sus mujeres por necesidad de dinero se convierten en asesinas a sueldo, los peligros que existen para los migrantes que cruzan la frontera sur del país para acabar a veces en fosas clandestinas, donde familiares de las personas muertas buscan desenterrar alivio para la incertidumbre que provoca desconocer quién disparó la bala que los privó de la existencia.

De ahí que la obra exhorte a comenzar a observar el problema del narcotráfico con mayor seriedad por parte de los mexicanos y, en general, por un mundo entero que sucumbe a la presencia de una subcultura que modifica la vida en las entidades, cuestionando que ahora sin menor temor se observe a la muerte y se siga caminando con la tranquilidad de quien expresa: Que los narcos hagan lo que quieran, siempre que lo hagan lejos de mi familia.

“No te puedes caer ante la presión de una persona que te llama y te amenaza que no saques la información de la ejecución de su familiar o te matará. Si el periodista guarda silencio y evade reflejar la realidad: abre la puerta al dominio sobre su propia vida”, argumentó Piñón Balderrama.

El libro “72 migrantes” recuerda la matanza de centroamericanos en Tamaulipas

72 MigrantesA poco más de un año de la masacre de 72 migrantes centroamericanos en San Fernando Tamaulipas, 13 permanecen en una morgue del Estado de México aún sin identificar, pero además las familias se ven obligadas a pagar a los polleros, asegura la periodista del semanario Proceso y ganadora del premio de periodismo alemán, Marcela Turati.
“La otra es, las familias allá siguen pagando las cuotas de lo que los polleros, los polleros pusieron un precio a esos viajes…”.
Marcela Turati forma parte del colectivo de periodistas convocado por Alma Guillermo Prieto para escribir el libro “72 migrantes”, el cual narra la historia de estos centroamericanos asesinados por el narco en México.
La venta del libro se destinará al albergue de migrantes en Oaxaca del padre Alejandro Solalinde

Fuego Cruzado: Retrato de una sociedad sumergida en la violencia

 Columnista Margarita Rosa Silva.

Reseña sobre el libro de Marcela Turati Fuego cruzado.

Como el más fino bisturí que disecciona un cuerpo y lo explora hasta el fondo de sus entrañas, así se sumerge Marcela Turati en la realidad actual de la violencia en México con su libro Fuego Cruzado. Las víctimas atrapadas en la guerra del narco.(Editorial Grijalbo, enero de 2011).

Esta mexicana, reportera de la revista Proceso y finalista del Premio de Periodismo Narrativo de la FNPI y Cemex, dedicó más de un año a la investigación de la llamada “guerra contra el narco” en México, durante el sexenio del presidente Felipe Calderón. Habla sobre un gobierno que ha desatado la violencia en todo el país, donde las principales víctimas son los civiles.

Así, este libro escrito a manera de crónica se centra en las historias de unas víctimas que, (como ella misma afirma) tan sólo esperan ser escuchadas. Por eso, Turati decidió escribir sobre esas víctimas que reflejan el verdadero conflicto de la violencia en México: el involucrar inocentes en una guerra que está desintegrando la sociedad y dejando huellas imborrables en cada rincón del país. …

Reportaje completo: Estudiantes Doxa

 

 

MILENIO

Marchar Urbi et Orbi Sara Noemí Mata 2011-05-09•Acentos

Cuando Usted se encuentre leyendo este artículo la Marcha Nacional por la Paz será, quizás, una nota no muy destacada en los periódicos locales. En contraparte, si ya es medio día y Usted escucha los noticieros de la Ciudad de México encontrará resonancia de esta manifestación: crónicas más extensas y contabilidad más abultadas de participantes; incluso habrá algunas repercusiones, declaraciones de políticos y si la fortuna acompaña al gobierno, el anuncio de captura de algún buscado delincuente.

En León no sé si la Marcha habrá convocado a un puñado o a varios cientos. Si acumulamos los pocos de aquí y los muchos de allá, o a los que se sumaron desde el extranjero, quizá podamos llegar a ser uno a uno de los más de 40 mil muertos que el combate a la delincuencia organizada ha dejado en este sexenio.

Yo habré estado en la marcha, no tengo duda. Voy contra mi propio gusto de participar en congregaciones masivas si no se trata de observar y registrar. En esta ocasión no sólo voy de mirona. Quiero sumar mi silencio y luego –ahora- mi voz. También mis miedos y todas las incertidumbres y preguntas que tengo como mexicana para salir de donde estamos.

Primeramente entiendo mi asistencia a esta Marcha como una muestra de solidaridad hacia las familias de los muertos en este conflicto. Son tantos que ni remotamente los conocemos a todos, pero hay casos emblemáticos que nos han estremecido y otros cientos a cuyas familias se les ha obligado a callar su desgracia y su legítima demanda de justicia posándose sobre ellos la sospecha de estar con “los malos”.

También vi mi participación en la Marcha como ocasión de revisar otros registros y crónicas de la violencia que trasciendan la numeralia de muertos hecha noticia cotidiana, que de tan plana transitamos por ella sin detenernos mucho. Considero indispensable la lectura del libro “Fuego Cruzado: Las víctimas atrapadas en la guerra del narco” de la joven periodista Marcela Turati, en el sello Grijalbo…

TEXTO COMPLETO

LA JORNADA JALISCO

Los medios normalizan el número de víctimas de laguerra contra el narco: Marcela Turati

Para la autora de Fuego cruzado, hace falta ahondar en las repercusiones de la violencia en la sociedad

ANÍBAL VIVAR GALVÁN

Marcela Turati, autora de Fuego cruzado, las víctimas atrapadas en la guerra del narco

Lupa
Marcela Turati, autora de Fuego cruzado, las víctimas atrapadas en la guerra del narco Foto: FOTO ARTURO CAMPOS CEDILLO

En México muchos medios de comunicación se quedan sólo en elejecutómetro sin tomar en cuenta que quienes mueren no son sólo números fríos pues muchos de ellos representan el sustento económico de las familias además de que sufren un estigma después de fallecer gracias al discurso oficial que asegura que “si lo mataron fue porque andaba metido en algo” lo que hace que se culpabilice a quien estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, aseguró la periodista Marcela Turati, autora del libro Fuego cruzado, las víctimas atrapadas en la guerra del narco, en el que recaba algunas de las historias de las muertes “colaterales” más conocidas que se han presentado en esta lucha encabezada por el presidente de la república Felipe Calderón.

Agregó que muchos de los muertos circunstanciales o colaterales son personas en edad productiva, por lo que ante su ausencia la dinámica de las familias se transforma debido a que las mujeres son quienes tienen que salir de casa para trabajar, por lo que los hijos de las familias sufren “un doble duelo” al perder físicamente al padre de familia y al “perder” el tiempo que antes pasaba en casa su madre, situación que repercute también en los aspectos sociales.

“Pierden a toda la familia porque toda la dinámica cambia, los niños lo viven con enfermedades, con mucho miedo, con los adolescentes lo que vemos es que muchos están dejando las escuelas y todo esto multiplicado por estos miles (de casos) es algo terrible”, dijo la autora quien refirió que muchos medios de comunicación “normalizan” la información al mencionar las cifras de las muertes como si fuera una cuestión habitual.

“(Los medios) nos estamos quedando nada más en la anécdota, en lo doloroso, en lo terrible y no estamos viendo que es un proceso, que no es nada más de una sola persona que está viviendo esto, sino de un colectivo, y qué pasa con esto, pues ya son fenómenos sociales”, dijo Turati quien mencionó que no han existido reportajes sobre los muchos huérfanos o los ancianos y lo que se ha tenido que enfrentar a partir de la muerte de algún familiar ajeno a hechos derivados del crimen organizado.

La reportera del semanario Proceso aseguró, de visita en Guadalajara en donde presentó su libro ante alumnos de la Universidad de Guadalajara, que muchos de estos grupos que viven circunstancias similares han comenzado a organizarse para afrontar de manera conjunta su situación, como el caso de personas que tienen familiares desaparecidos y que han comenzado a capacitarse para realizar ellos mismos la investigación.

“Uno empieza a ver que esto es algo muy doloroso pero también ve que es muy esperanzador y empiezas a ver cómo se mueven como colectivo y a ver que no siempre el miedo es el que vence y a ver que muchas veces hay familias muy valientes tratando de hacer justicia. Si uno las visibiliza creo que sirve para que la demás gente se entere y traten de ayudar”; consideró además que a los medios de comunicación les ha faltado darles voz a estas personas que han comenzado a organizarse ante la falta de apoyo por parte del gobierno.

Junto con el incremento de las muertes colaterales cambia mucho de la percepción que tiene la gente hacia la lucha contra el narco pues la gran mayoría de quienes han perdido a un familiar o al algún conocido pensaban que no les podría ocurrir algo así pues todo mundo se siente “blindado, a salvo, en una burbuja”.

“Tenemos que saber que todos somos secuestrables, todos somos extorsionables por el nivel de violencia que estamos viviendo, todos somos ejecutables incluso, y sabiendo eso, sabiendo que cualquiera puede morir porque traes placas de Jalisco y te vas a Michoacán y creen que eres del cártel tal o porque te pasas un retén del Ejército que no viste y los soldados se asustaron y activaron las armas, porque estas en un Starbucks y junto a ti está un testigo protegido, porque sales a la tienda y a dos niñas les toca la balacera. Creo que tenemos que pensar, que a cualquiera le puede pasar que no es nada más buenos contra malos”, dijo la periodista.

Agregó que este tipo de organización ciudadana, que también incluye a quienes acuden a zonas marginadas o afectadas por la violencia para fomentar entre los niños el concepto de ciudadanía y el rescate de los espacios públicos, hace un contrapeso al interés que pueden tener algunos porque la gente en algunas zonas del país viva con miedo, sin salir de sus casas o dejando pueblos fantasma.

“Viendo las cosas así ya no ves tan monstruosa la violencia y empiezas a ver cómo meterte: si eres psicólogo, cómo ayudar, si eres periodista también, ver en qué cosas tienes que capacitarte para comenzar a delimitar el miedo y de ahí ver qué construimos y qué hacemos distinto”, dijo Turati.

NOTICIAS CANAL 22

Quehacer periodístcio de una mujer en México: Debate en Claustro

DISTRITO FEDERAL, México, 09/03, (N22).- La editorial Random House Mondadori celebró el Día Internacional de la Mujer con un evento en el auditorio Divino Narciso de la Universidad del Claustro de Sor Juana, donde las periodistas Anabel Hernández, Marcela Turati y Ana Lilia Pérez hablaron sobre las experiencias y retos que enfrentan por ser mujeres periodistas…

…Por su parte, Marcela Turati, reportera de la revista Proceso, cuenta que se acercó al periodismo debido a que le gustaba escribir, y que al ser una persona tímida, la escritura era su forma de comunicarse y expresarse.

Los temas sociales son los que le interesaron desde un principio, “conectar estos dos mundos, el de los tomadores de decisiones y el de la gente, que los primeros se den cuenta de ciertas realidades de la comunidad”, comentó, y agregó que los caminos son los que te van llevando al tema nuevo…

Para bailar suavecito y volver a mirarnos

EL UNIVERSAL /Sandra Lorenzano

…¿Qué hace que más de cien mil mexicanos compremos un disco con nuestra música? Quizás haya más de cien mil respuestas a esta pregunta, pero creo que sí hay un denominador común. Además, claro, del encanto de Alondra, y de su propuesta de música para todos, sin almidón, sin rigideces, sin traje de noche. Marcela Turati, la autora del desgarrador libro Fuegocruzado sobre las víctimas de la violencia dice, al hablar de su trabajo periodístico, que ella sabe que tiene la responsabilidad de investigar y denunciar, pero también de dejar una “ventana abierta a la esperanza”. Y siento que hoy el disco de Alondra de la Parra es una de nuestras ventanas abiertas a la esperanza…

“En México hemos dejado que los violentos hablen”

Marcela Turati

FUEGO CRUZADO

LAS VICTIMAS ATRAPADAS EN LA GUERRA DEL NARCO

El libro consta de 12 capítulos en los que relato historias que reflejan la herida social generada por estos cuatro años de guerra y narcoviolencia, y junto piezas para reconstruir las causas de esta epidemia asesina y anticipar lo que viene si no atendemos la emergencia social. Es un intento por recuperar a nuestros más de 30 mil muertos de la fosa común a la que han sido condenados –ya sea por la resignación de los ciudadanos a la violencia, por el miedo inoculado por los matones o por el discurso oficial que culpa a los fallecidos de su destino y hasta festeja que “se matan entre ellos”– para devolverles su identidad.

Fuego Cruzado surgió de mis asignaciones periodísticas a las regiones impactadas por la violencia en las que me propuse no quedarme con la mera crónica del horror sino ponerle nombre y rostro a los afectados y seguir documentando lo que vivieron después para esbozar lo que ocurre puertas adentro de los hogares enlutecidos y en las comunidades que cargan encima con el peso de una masacre o viven bajo la dictadura del miedo.

El proyecto nació de la urgencia por dejar constancia de los efectos de la guerra que desde hace cuatro años ocurre en México, y para rebelarme a que los violentos acaparen los espacios en los medios de comunicación y a sus víctimas se les trate como invisibles.

En sus páginas tejo sobre fenómenos emergentes como el juvenicidio; los levantones; los colectivos de huérfanos, de viudas, de lisiados, de desplazados, de familias estigmatizadas; los pueblos fantasmas; la floreciente industria de la muerte; la autocensura periodística o la ruta de las familias con desaparecidos.

Seguí esos temas durante más de un año porque estoy convencida de que hasta que nos atrevamos a mirarnos en el espejo de la realidad, escuchemos las voces de las víctimas, nos sacudamos el miedo o la resignación inmovilizante y guardemos luto por nuestros muertos podremos construir un país distinto.

Los invito, por todo ello, a leerlo y a discutirlo.

BLOG http://librofuegocruzado.wordpress.com/

Desde 2008, ciudad Juárez, Chihuahua, vecina de El Paso, Texas, se ha convertido en el epicentro de la narcoviolencia mexicana porque dos de los carteles de la droga se disputan el control de la ciudad para traficar a Estados Unidos.

La estrategia del presidente de México, Felipe Calderón, para contener la violencia fue enviar a Juárez a 7 mil 500 soldados y 2 mil 500 policías federales pero esa medida sólo incrementó la violencia y disparó las muertes de civiles no involucrados en el conflicto y las violaciones a los derechos humanos. Además, se teme que estén operando también grupos paramilitares ‘de limpieza’.

A Juárez se le conoce como la capital mundial de los asesinatos (con aproximadamente 165 muertes cada 100 mil habitantes), con más muertos que en Bagdad. Si en 2008, en esa ciudad con millón y medio de habitantes fueron asesinadas más de mil 600 personas, en 2009 fueron 2 mil 500, y la violencia continúa.

El libro “La guerra por Juárez / El sangriento corazón de la tragedia nacional” (Editorial Planeta, 2009) es un compendio con 24 historias escritas por periodistas de Chihuahua, que presenta una visión crítica sobre la estrategia gubernamental para enfrentar a los carteles de la droga, expone los orígenes del narcotráfico en esa región y narra la tragedia que viven los juarenses atrapados entre varios fuegos.

Los autores son los periodistas Alejandro Páez Varela (coordinador), Marcela Turati, José Pérez Espino, Sandra Rodríguez Nieto, Miguel Ángel Chávez Díaz, Ignacio Alvarado y Enrique Lomas Urista, quienes realizan coberturas sobre narcotráfico en la zona.

* Descargue el capitulo “JUÁREZ, DONDE COLAPSÓ LA MORGUE”, de Marcela Turati.

http://ciperchile.cl/wp-content/uploads/dondecolapsolamorgueok.pdf

http://ciperchile.cl/2010/02/04/la-guerra-por-juarez/

JUAREZ, DONDE COLAPSÓ LA MORGUE

Por Marcela Turati

*****

n esta temporada en que la costumbre es morir rafagueado, Perches, la

empresa funeraria más famosa de Juárez, bien podría acuñar un lema

publicitario:

reconstruimos

Cumplir el reto de dejar a los muertos como vivos es toda una proeza, aunque Rogelio

Guerrero, el gerente nocturno de la funeraria, asegura que sí lo han hecho: “Hace una

semana vino un señor a agradecernos porque aunque el cuerpo de su familiar, un

joven de 32 años, venía totalmente destrozado, le pudimos reconstruir el rostro y se lo

tuvimos dos horas antes de lo prometido”.

Lo dijo en mayo de 2008, cuando Juárez aún no se convertía oficialmente en la

maquiladora nacional de muertos.

Desde esa fecha, sin embargo, Guerrero ya notaba el desquiciamiento de las

costumbres mortuorias. Sus principales clientes ya no eran ancianos o ancianas

muertos por vejez, sino jóvenes, casi unánimemente varones, perforados por decenas

de balazos; 80 en promedio. Las funerarias llenas de padres que entierran a sus hijos.

“Si está totalmente lastimado o desfigurado y no hay forma de reconstruir

recomendamos que el ataúd esté cerrado para que no lo vean y conserven una buena

impresión del difunto”, explicó en la oficina iluminada con luz ambarina que comparte

con una veintena de ataúdes en exhibición. Féretros confeccionados con caoba o

mármol, forradas de tela rosa o hechos de metal truqueado para imitar la madera, y

para todo presupuesto: desde 20 mil pesos hasta 25 mil dólares para quien prefiere un

ataúd chapeado en oro.

Los diseños que más solicitan a Guerrero son los ataúdes de madera clara con figuras

religiosas labradas en la tapa como escudos protectores, en las que Karol Wojtyla y la

Virgen de Guadalupe ganan en popularidad.

Y aunque en gustos hay variedad, entre los deudos parece haber consenso en dos

detalles: desprecian las cajas sin un vidrio protector del rostro del ser querido al

momento del último vistazo y nadie quiere que el indio Juan Diego sea quien

acompañe al bienamado por toda la Eternidad.

En Juárez la industria de la muerte floreció en 2008 al mismo ritmo que se levantaron

edificios funerarios de varios pisos, tan amplios como hospitales. El negocio se hizo

evidente con el transcurso del año: si para el día de Reyes moría asesinada una

persona al día, según las bitácoras judiciales, para Navidad eran ocho y para La

Candelaria del 2009 eran 12 los caídos cada 24 horas.

Uno de cada cuatro narcoasesinatos del país sucedieron en el estado de Chihuahua;

casi todos en Juárez.

Muchos, por supuesto, olieron el negocio. En las escenas del crimen pronto

aparecieron vendedores de sodas y frituras para alimentar a los infaltables mirones

Traiga el cadáver de su ser querido y una fotografía, nosotros se lo.E

2

(algunos niños tienen grabados ‘ejecutados’ en sus celulares) o vendedores de

camisetas con el lema “Visite Juárez” y un cadáver estampado.

El registro fúnebre juarense cerró 2008 con mil 607 homicidios –entre ellos el del

reportero que llevaba la cuenta de los muertos– y apuntaló a la ciudad como la más

violenta del continente. Ese amontonadero de cuerpos en una ciudad de 1 millón 300

mil habitantes equivaldría, según demógrafos locales, a que en el DF hubieran

baleado a 35 mil personas.

Tanta estúpida masacre hizo indispensables a personajes como el embalsamador

Juan López, que bien podría asegurarse un papel en películas tipo

espectador tiene que cubrirse para que la sangre no le salpique.

López trabaja en otra sucursal de Perches, no muy lejos de la oficina de Guerrero,

escondido de la vista de los dolientes, en una sala a la que se entra por atrás de la

recepción pasando por un laberíntico pasillo mal iluminado y un patio donde entran

carrozas.

Es el embellecedor de cadáveres más rápido de la funeraria y de todo Juárez, según

presumió sin modestia, y la noche que lo conocí me dijo que tenía tanto trabajo que no

había podido tomar descansos.

Su molestia no era la acumulación, porque recibe paga por cuerpo, sino las nuevas

complicaciones del oficio. Si antes tardaba una hora en reparar un difunto cualquiera,

cada rafagueado le podía demorar el doble y a las manos inexpertas llevarles medio

día. Si antes arreglaba dos ejecutados por semana ahora recibía hasta seis por día y

algunos, como una mujer policía que reparó, atravesados hasta por 120 balas.

La violencia agregó complejidad a su trabajo. Ya no se trata sólo de vaciar

meticulosamente las venas antes de que la sangre descomponga el cuerpo, ni de

coser con sus manos de cirujano plástico de muertos cada herida, ni de inyectar formol

por la carótida para luego bañar, peinar, maquillar y vestir al difunto. Durante las

velaciones, él y su equipo además tienen que colarse a las capillas a mitad del velorio

para revisar, de manera discreta, que el cuerpo no escurra por las destrozadas venas

el líquido inyectado.

En ocasiones recibe muertos tan estropeadas que sin foto no puede adivinar cómo

tenía la nariz o si acostumbraba el bigote. Pero, como buen profesional, sabe que la

ropa se encarga de cubrir las heridas imposibles y que en los casos perdidos debe

enfocarse en reconstruir rostros. Se esmera mucho en su trabajo porque sabe que la

última impresión que la gente se lleva del difunto depende de su habilidad para

reconstruirlo.

Eso sí, como en todo oficio hay límites, él se declara incompetente para arreglar a

decapitados o calcinados.

“La familia me habla y me pregunta: ‘Oiga, ¿se va a poder ver mi familiar?’, y un 90%

de veces se puede pero la reconstrucción necesita mucho tiempo”, dijo esa noche de

inusual ocio, no por falta de material de trabajo sino porque la morgue estaba

sobresaturada y sus clientes detenidos en el embotellamiento.

No sería la última vez que tomaría un respiro así. Durante 2008 cuatro veces la

morgue colapsó y los cadáveres tuvieron que esperar turno para autopsia.

“Kill Bill”, donde el3

La epidemia de rafagueados que abarrotaron las funerarias aumentó a pesar de que

ese año el gobierno federal envió 2 mil 500 soldados y policías federales a materializar

el Operativo Conjunto Chihuahua antimaleantes, y que para 2009 lanzó la versión

reloaded,

desbocadas).

Ese año, la ciudad engendró toda suerte de relatos aterradores, todos ellos verídicos.

Está, por ejemplo, la historia del hombre de la calle Champotón que, cansado de

encontrar por las mañanas un tiradero de muertos afuera de su negocio colocó un

macabro letrero: “Prohibido arrojar cadáveres o basura”. En noviembre, uno de los

cadáveres tirados en el terreno fue el de su hija, el hombre no lo vio porque ya había

sido asesinado.

Está la de la mujer del Valle de Juárez que miró pasar un perro con una extraña pelota

entre los dientes y descubrió que la maraña redonda, pegajosa, color carne, era la

cabeza de un hombre. O la de los bachilleres que descubrieron, colgado de una reja

cerca de la escuela, un cadáver con máscara de cerdo. O la de los puentes en los que

amanecen hombres sin cabeza. O la de la niña sacrificada cuando un hombre en fuga

la utilizó como escudo antibalas.

Aunque cuando conocí a López eso apenas estaba por ocurrir, el embalsamador ya

estaba inquieto por la facilidad con la que en esta ciudad se aprietan los gatillos. Decía

molesto que los sicarios ya se estaban “excediendo” en las ejecuciones.

Ningún juarense salió intacto del reguero de sangre. Para diciembre, miles de familias

se habían mudado de ciudad, cientos de negocios trabajaban a cortina cerrada y luz

apagada, los jóvenes habían abandonado la vida nocturna, los parques quedaron en

desuso, las escuelas adelantaron vacaciones, los maestros tomaron cursos para evitar

extorsiones, los reporteros estrenaron chalecos antibalas y todo el que pudo hizo su

vida a reja cerrada.

“Queda uno traumado de ver tantos de esos muertos. Cuando trabajo pienso en mis

hijos en que estas personas no se vayan a confundir”, dijo López preocupado aquella

noche en la que, al final de la entrevista, me pidió que tachara su nombre verdadero y

que simulara que se llamaba Juan López. Le parecía que había hablado de más y que

había que cuidarse de los vivos y no de los muertos.

En la calle pasó una camioneta con un narcocorrido a todo volumen.

Cuando confesó sus nervios por la muerte que rondaba cercana, más cerca en la calle

que en la funeraria, se quedó pensativo, moviendo inquieto sus manos hábiles de

ilusionista que reconstruye personas en esta ciudad que bien necesita una

reconstruida profunda, no sólo de rostro.

Las capillas velatorias estaban en penumbras. Los muertos no habían llegado.

Seguían atorados.

con 7 mil 500 militares más, porque las muertes no cesaban (y siguen*****

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