Papa Francisco

El Papa que volvió a desaparecer a los desaparecidos

29 febrero, 2016 // Reportaje Especial

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- “Buen día, señor Papa Francisco, para saludarlo y decirle que usted a de saber lo que nos sucedió a cada uno de los niños y a mi y a pesar de que mi papá y mi hermano desapareció hace 5 años yo sigo teniendo Fé en que vamos a encontrar vivo y que un día va a volver. Siempre le pido a Dios quiero darle las gracias por aver tomado su tiempo en ler mi carta y muchas. Buenas tardes. Atte. Kaiitlin”.

El Papa Francisco tuvo en sus manos una docena de cartas y algunos dibujos escritos por niños y niñas de Chihuahua. Son hijos, hermanos, sobrinos o nietos de hombres que fueron desaparecidos en años recientes. En esas misivas le piden ayuda, advierten sobre la inseguridad en su estado y en el país, y manifiestan su tristeza y deseo de encontrar a sus familiares.

Las cartas iban acompañadas de un dibujo colectivo donde se pintaron ellos mismos con el corazón partido a la mitad y pegado con una curita. En dos de las cartas los pequeños autores trazaron pistolas y en otra un niño plasmó el momento en que unas camionetas “levantaron” a su hermano.

“Sufrimos por no tener una persona especial a nuestro lado, y que el gobierno no aga nada”… “estamos cansados de que nadie nos ayude”… “querido Papa quiero que le pidas a diosito que me traigas a papá”…”no es cierto que hay seguridad en méxico el gobierno solo esta de adorno”… “dibujé esta pistola porque nos matan”… “nesesito que me ayudes a encontrarlo y mi abuelita se siente mal”…“e pasado 6 años sin el cariño de un papá”.

Esas fueron algunas de las frases escritas en las cartas donde 13 niños y niñas de seis a 12 años plasmaron, con letras infantiles e inmadura ortografía, su tristeza, enojo, impotencia y esperanza.

Jorge Bergoglio las recibió el martes 14 de febrero, durante su visita a Ciudad Juárez, antes de empezar la reunión con “el mundo del trabajo”, cuando una mujer vestida con traje sastre blanco, en cuya espalda estaba bordada una mujer crucificada junto a la frase “Ni una muerta más”, se coló hasta donde estaba el máximo jerarca de la Iglesia católica y le puso en la mano un paquetes con tres cartas: una donde los campesinos de El Barzón le informaban sobre la dura situación de los campesinos; otra escrita por ella, donde lo alertaba sobre los feminicidios, y la última con los mensajes y dibujos de los infantes.

“Hágame la promesa de que va a leerlas”, le pidió ella en un intercambio casi telegráfico donde escuetamente le explicó el contenido del paquete.

“Lo prometo”, contestó él.

La mujer que llegó hasta el Papa era Lucha Castro, la presidenta del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (CEDEHM), organización que de la violencia contra las mujeres a partir de la “narcoguerra”, pasó a atender casos de desplazamiento forzado, tortura, asesinatos y desapariciones de personas en Chihuahua. Las cartas eran de los pequeños integrantes de las familias que atienden en ese centro.

El Papa, al ver que ella se retiraba de prisa, la llamó de nuevo para que se acercara a tomar un rosario de regalo. De inmediato pasó las cartas a un asistente. Unas eran anónimas, escritas por menores que tienen miedo a las represalias de quienes se llevaron a sus familiares (la mayoría policías). Otras sí llevaban firma, como la de Fátima Chávez, quien escribió: “El día de hoy yo le quiero pedir que me allude a buscar a mi papá que ya tiene casi 6 años desaparecido. La gente mala no sabe el dolor que una niña o niño siente al que le quitan a su papá pero en fin yo quiero que me alluden a buscar a mi papa y a mi abuelo porque e pasado 6 años sin el cariño de un papá o un abraso de un abuelo no tengo a quien darle un abrazo por el dia del padre por fabor alludeme a encontrarlos.”

El encuentro con la teóloga y abogada Lucha Castro fue quizás el momento en que el representante de la Iglesia católica estuvo más cerca al tema de los desaparecidos durante su viaje a México.

Ese y la noche del domingo anterior, cuando los representantes de la Provincia mexicana de la Compañía de Jesús le entregaron en la Nunciatura Apostólica la carta de las familias de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, quienes siempre pidieron audiencia.

El episodio de la entrega de la carta lo narró así el jesuita Pedro Reyes a Apro: “El Papa la tomó y nos dijo: ‘A nosotros en Argentina también nos pasó, eso es terrible, sufrimos mucho’. En ese momento se le ensombreció el rostro. Siguió hablando sobre el tema: que esto no sólo pasa aquí, es algo mundial, que vas a cualquier parte del mundo y encuentras historias de muerte, por eso se tiene que actuar mundialmente. Esa fue la referencia que hizo”.

A su vez, la abogada Castro interpretó en entrevista que quizá un milagro le permitió acercarse al Papa, o la intercesión de algunos sacerdotes y obispos progresistas que posiblemente le aseguraron un lugar en primera fila para que el Papa no se fuera de México sin enterarse de lo que las víctimas de la violencia querían decirle, a contracorriente de los esfuerzos del gobierno y del ala conservadora de la Iglesia que controlaron la visita.

Silencio sobre las víctimas

El Papa Francisco eludió hablar durante toda su visita a México sobre las personas desaparecidas.

No atendió, antes de llegar a México, ninguna de las cartas enviadas por las organizaciones de defensa de los derechos humanos o de familias rotas por las desapariciones, como Cedehm, Cadhac o Fundem, entre muchas otras, ni se manifestó sobre la información que le dejó en El vaticano el obispo Raúl Vera sobre el caso Ayotzinapa.

En México no consoló ni envió mensajes de aliento a las 100 madres con hijos desaparecidas que, después de muchos esfuerzos, obtuvieron lugar en la misa multitudinaria en Ciudad Juárez, su última actividad antes de volver a Roma.

Las 100 mujeres se uniformaron con el trapo blanco en la cabeza –a la usanza de las Madres de la Plaza de Mayo que usan un pañal de tela para protestar por los hijos que les arrebataron y que era una segura referencia para que el Papa argentino las distinguiera de entre los miles de fieles.

Pero a las familias no les guardaron los lugares que les habían prometido los organizadores, pues de 200 boletos que prometieron lo redujeron a 100 (que se dividieron entre una decena de organizaciones de víctimas de todo el país) y los ubicaron a más de un kilómetro de distancia del Pontífice, lamenta Castro en entrevista.

En su visita a México el Papa argentino volvió a desaparecer a los desaparecidos. El drama de más de 27 mil personas no fue mencionado por el jefe de la Iglesia católica. No lo hizo a pesar de que él proviene de un país donde la desaparición causó un trauma que ha durado más de tres décadas y que es referente mundial en el tema.

No lo hizo a pesar de que los centros de derechos humanos diocesanos, de grupos religiosos o de inspiración católica, así como curas, religiosas, teólogas o exmiembros de comunidades eclesiales de base, son los principales acompañantes de las víctimas de la violencia en México, especialmente de los migrantes y de las familias con desaparecidos.

La Iglesia de los pobres se reactivó para atender el drama de miles de personas.

En el avión que lo llevaba de regreso a casa, el argentino explicó la razón por la cual no se encontró con los familiares de los 43 normalistas, pero nunca explicó su silencio ante el drama de las más de 27 mil familias.

“En mis mensajes hice continua referencia a los asesinatos, a las muertes, a la vida cobrada por todas estas bandas del narcotráfico y traficantes de personas. O sea que de ese problema hablé, de las llagas que están sufriendo en México”, dijo en la conferencia en la que se le cuestionó al respecto.

“Hubo algún intento de personas de recibir y había muchos grupos, incluso contrapuestos entre ellos, con luchas internas. Entonces yo preferí decir que en la misa los iba a ver todos, en la misa de Juárez, o si preferían en alguna otra, pero que habría esa disponibilidad”, agregó.

Lo cierto es que el Papa nunca mencionó la palabra “desaparecidos” y tampoco se reunió con los familiares. Ni de Ayotzinapa ni de ninguno de los miles de casos.

Diosito, trae a mi papi

Dos de las cartas de los niños al Papa tienen el dibujo de una pistola. En una se lee: “Querido papa mi papa esta desaparesido por favor nesesito que me ayudes a encontrarlo y mi abuelita se siente mal”. En otra: “Papa nosotros pedimos que nos ayude a encontrar a nuestras familias y no es serio que México está bonito, son mentiras y está mui feo ay muchos secuestros y en México es el pais que ai mas secuestros y los gobiernos estan de adorno tienen miedo de los matan y poreso le pido ayuda. Dibuje esto porque nos matan”. Y a un lado el arma.

Otra, con violencia más explícita, muestra unas camionetas y unos muñecos. El autor explica su dibujo: “Asi fue como se yevaron a mi hermano lo ivan corretiando”. Y antes: “Querido papa me siento mal porque mi hermano esta desaparesido y todos queremos que nos devuelvan a los que estan desaparesidos queremos que leas estas cartas y que nos digas”.

Las cartas surgieron en el taller de acompañamiento psicosocial a menores de edad que psicólogas del Cedhem realizaron en diciembre en ciudad Cuauhtémoc –a una hora de la capital del estado–, donde varios de los niños eran de la familia Muñoz Veleta y presenciaron cómo unos hombres armados irrumpieron en al festejo del día del padre y se llevaron para siempre al abuelo, cuatro de sus hijos, su yerno y dos sobrinos. Ocho hombres de una misma familia. Ese fue el castigo por haber discutido con policías municipales.

Desde hace tres años el Cedehm atiende en grupo a niños y adolescentes con el método psicosocial que permite trabajar el dolor de los infantes, encontrar las fortalezas individuales y colectivas y de apoyo mutuo, así como técnicas para salir de la confusión y la culpa que causa un problema como la desaparición, para incorporarlos al proceso de la búsqueda de justicia y verdad, en lugar de negarles lo que ocurre.

Una de las primeras actividades consistió en que los sobrevivientes de esas familias (adultos y niños incluidos) dibujaran un mural colectivo donde plasmaron el momento en que se llevaban a sus familiares, su tristeza, su lucha y su esperanza de encontrarlos.

La psicóloga Andrea Cristina Cárdenas Domínguez quien coordinó la actividad de la escritura de cartas, explicó en entrevista que los niños y niñas sabían que sus familiares buscaban acercarse al Papa en Juárez, y como una forma de colaborar escribieron esas cartas. Los más chiquitos, quienes no saben escribir, hicieron dibujos.

Ella notó que en el grupo los sentimientos que prevalecían eran el enojo (porque los sacerdotes y mucha gente cree que si se los llevaron fue porque “en algo malo andaban”), el miedo a las represalias (algunos no firmaron las cartas, especialmente cuando policías fueron los victimarios), la tristeza y la esperanza del reencuentro. Algunos no quisieron escribir, y son quienes se sienten traicionados por la iglesia y culpabilizados por sacerdotes.

“Son muy devotos, el Papa representa a Dios para ellos”, explicó.

Estos fueron los mensajes que esos niños y niñas enviaron al Papa Francisco:

“Hola buen día: Le escibimos esta carta para desirle que no es cierto que hay seguridad en méxico el gobierno solo esta de adorno no nos apoyan solo ven la inseguridad que hay en nuestro país y no hacen nada para que ya no aya tanta inseguridad. De Magaly Mtz.

*
Querido Papa yo creo en Dios y en ti nosotros queremos encontrar a nuestros desaparecidos porque se los llevaron injustamente el dia de los padres cuando estaba terminando el dia y yo los extraño mucho y quiero que regrecen te lo digo para que nos ayudes a encontrarlos te lo ruego. Atte. Anonima.

*
Papa: quiero que me ayudes a encontrar a todos mis desaparecidos. Kareli Sofia Marques Muñoz.

*
Señor papa: Le pido de la manera mas atenta que nos escuche, le pedimos que uste de alguna forma nos pueda ayudar a poner un alto las desapariciones porque muchas personas al igual que yo sufrimos por no tener una persona especial a nuestro lado, y que el gobierno no aga nada.

Solo queremos que este mensaje tan especial llege a otras personas y esto sea algo muy importante porque estamos cansados de que nadie nos ayude, q nos sierren las puertas eso no es el trabajo del gobierno!! solo queremos que valer la justicia y la verdad…. GRACIAS!! espero y nos ayude 🙁 Atte: Yazmin y Valeria)

*
Papa te pedimos que hagas justicia por nuestros familiares desaparesidos y nos brindes de tus bendiciones

*
Querido Papa quiero que le pidas a diosito que me traigas a papa y bendigas mi casa y cuidas mi familia

*
Nesesitamos alluda porque nuestras familia los nesesitamos a que regrese co nosotros

*
De: Jiapsi Para: El Papa. Este día yo te pido que ayudes a todas las personas que estan desaparecidas y en la busca de mi hermano que ya tiene 2 años de desaparecido… porque el gobierno no hace nada…

*
Querido Papa quiero que rescaten a los niños desaparesidos porfavor y tambien creo en dios y en la virgen.

*
Hola papa como estas quiero que busques a mi familia y cuidala y protejela por favor que lo pido a dios y gracias bay.

“Se cuelan” los casos Ayotzinapa y Pasta de Conchos en charla del Papa con jesuitas

17 febrero, 2016 // Publicado en APRO

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En el encuentro que el Papa Francisco sostuvo con una representación de jesuitas en la Nunciatura Apostólica, el domingo 14, charlaron sobre los recuerdos del pontífice sobre el México de los años 70, el trabajo de los jesuitas en México y las desapariciones de personas.
Una leve mención tuvieron los casos de los 43 normalistas de Ayotzinapa y de los cinco jóvenes de Tierra Blanca, así como la lucha de las familias de los mineros atrapados en Pasta de Conchos en febrero de 2006.
Pedro Antonio Reyes, asistente para la formación de nuevos jesuitas, contó a esta reportera los detalles de ese encuentro con el Papa jesuita o “entre hermanos”, como lo describió el vocero Federico Lombardi. Posteriormente, Antonio Spadaro hizo pública la reunión al tuitear la fotografía.
Al terminar el encuentro, Pedro Reyes también subió una imagen en la que Jorge Bergoglio, acompañado de seis jesuitas mexicanos vestidos de riguroso negro y con alzacuellos, posan junto a él ante un cuadro de la Virgen de Guadalupe.

“El Papa me dijo que hace oración por las familias de los mineros atrapados en Pasta de Conchos y la zona carbonífera. Sigan adelante, dijo, y dio su bendición”, escribió este sacerdote filósofo que durante años acompañó las luchas obreras desde el Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal).

Reyes personifica en la película “Padre Pro” al mártir y beato jesuita asesinado durante la guerra cristera y actualmente da clases en el ITESO, la universidad jesuita de Guadalajara.

La Provincia de la Compañía de Jesús en México recibió la confirmación de la cita con el Papa apenas dos días antes de su llegada, y se llevó a cabo el domingo 14, después de la misa multitudinaria en Ecatepec, el encuentro con seminaristas y la visita del líder católico a niños enfermos. En una sala privada de la Nunciatura Apostólica, la reunión inició alrededor de las 18:40 y duró aproximadamente 40 minutos.
El Papa Francisco llegó acompañado de dos jesuitas: el vocero Lombardi y Antonio Spadaro (el director de la revista del Vaticano, ‘Civiltá Cattólica’). En la sala lo esperaban el provincial José Francisco Magaña, provincial; el socio del Provincial, Carlos Cervantes, y los asistentes de Educación, Pastoral, de lo Social y de Formación, Juan Luis Orozco, José Luis Serra, Leonel de los Santos y Pedro Antonio Reyes, respectivamente.
Esta es la entrevista con Reyes, a la que se le omitieron las preguntas para volverla relato:
El Papa puso el tono del encuentro. Nosotros no sabíamos cómo iba a ser. Cuando llegó saludó a todos. Lo esperamos parados, dudosos de qué sillón iba a elegir. Cuando nos pidió que nos sentáramos, le dijimos que eligiera, y él dijo que en un sillón o en una silla (como que le daba lo mismo) y nos reímos.
Empezó a platicar de cuando vino por primera vez a México, en 1970, cuando lo nombraron maestro de novicios y vino a conocer el Colegio Máximo (que entonces era la facultad de Teología de jesuitas, donde ahora está el ITAM).
También contó la experiencia que había tenido de la Congregación 32 –en el año 74, cuando el padre (Pedro) Arrupe era prepósito general–, que es la reunión de los jesuitas del mundo para la elección de padre general o para revisar aspectos de la Compañía. En ese tiempo él viajó representando a la Provincia de Argentina.
La Congregación 32 se propuso repensar la misión de los jesuitas en este tiempo, y un postulado que llegó de la Provincia Mexicana lo proponía como “el servicio a la fe y la promoción de la justicia que la misma fe exige”. Y así se acordó. El Papa dijo que sintió esto como un regalo de México porque, aunque estaba en la Biblia, en ese tiempo no lo habían leído así, la teología iba por otros lados. “En ese tiempo era atrevido”, nos dijo, y de ahí en adelante fue aprender a buscar esa fe y justicia como inseparables siempre.
El provincial le preguntó qué era lo que más le estaba impresionando de su visita a México, y respondió que la gratuidad de la gente que está en las calles, esperando. A Ecatepec acudieron 300 mil personas a su misa, pero según los medios, un millón más esperaba en las calles. La gente no tiene por qué estar ahí, es puro cariño y es gratuito, y estaba impresionado de ese volcarse, de ver rostros de gente trabajadora que se esforzaba mucho. Eso le impresionaba mucho: ver la alegría, pero también gente de mucho trabajo.
El Papa hizo también algunos comentarios que ya ha venido haciendo. Puso especial énfasis en la riqueza cultural y de la historia de México y en su interés de que pudiéramos tener una visión más comprensiva de nuestra historia e identidad. Nos encargó a los jesuitas, cuando le hablábamos de nuestro trabajo en la educación, que ayudáramos a reconstruir esa historia para incluir muchas historias que ahora estaban ausentes, las de los pueblos indígenas, por ejemplo, para que se pudiese ver esa riqueza cultural y de fe del pueblo.
Sentí que cuando nos invitaba a reconstruir así la historia se trataba de que todos nos pudiéramos sentir responsables e iguales, no como a veces nos pasa que nos sentimos diferentes y pensamos que la historia es sólo la nuestra particular. Y eso me recordó sus palabras a los obispos en Catedral y cómo esos mensajes nos tocan a todos los que tenemos una responsabilidad de servicio, que es necesario que nos sintamos y vivamos como pueblo.
Desapariciones y padre Pro
Le dimos una reliquia del padre Pro. Él la beso con reverencia. Nos contó de su cariño por Pro, porque de novicio le animaban contándole su historia. Nos dijo que tenía un interés personal en su canonización. Nos encargó mucho que nos moviéramos para que se pudiera dar pronto.
Le contaron entonces sobre la película “Padre Pro” que se había hecho para dar a conocer su vida (Paco, el provincial, le dijo que yo actué; él se río, me hizo un gesto simpático). El provincial prometió dársela al día siguiente, en San Cristóbal de las Casas, para que la viera.

“Entonces le hablaron del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez y cómo ahora atiende a situaciones en respuesta a la realidad de violencia y desintegración del tejido social, producto de la desigualdad en el país, y que está acompañando a los familiares de desaparecidos, como los 43 estudiantes de Ayotzinapa y otros casos en su demanda de búsqueda, esclarecimiento y justicia. También se hizo una mención dela reciente desaparición de los jóvenes de Tierra Blanca”.
Fue entonces cuando el Provincial le dio la carta de los padres de Ayotzinapa. El Papa la tomó y nos dijo: “A nosotros en Argentina también nos pasó, eso es terrible, sufrimos mucho”. En ese momento se le ensombreció el rostro. Siguió hablando sobre el tema: que esto no sólo pasa aquí, es algo mundial, que vas a cualquier parte del mundo y encuentras historias de muerte, por eso se tiene que actuar mundialmente. Esa fue la referencia que hizo.
Entonces comenzó a hablar de la desigualdad insultante, de que el 20% de personas tiene el 80% de riqueza, y que esa es la raíz que permite todo tipo de violencia, discriminación, muertos, desaparecidos, migración. Que las condiciones vienen de esa desigualdad, no se puede resolver por pedazos, tenemos que resolverlas como mundo.
Después nos contó del resto de su agenda, que quería visitar San Cristóbal de las Casas y tenía muchas ganas de estar con los indígenas, esos olvidados y no recordados en la historia. Nos dijo que después iba a Morelia. Le dije que allá estarían los escolares (jesuitas). Fue cuando se río con ternura, creo que le recordó sus tiempos de formador.
En la reunión se le contó del trabajo de la Compañía a través de las parroquias, misiones, escuelas, universidades y centros sociales. Nos animó a seguir haciendo lo que hacemos.
Le interesó el proyecto que le mencionamos para la reconstrucción del tejido social buscando oportunidades para la paz. Este es un proyecto que se está iniciando en algunas regiones de Chiapas, Tamaulipas y Michoacán, para que cada comunidad imagine su camino hacia la paz y diseñe actividades para confluir en esa dirección, donde cada comunidad le da su propio estilo, impronta, y viene de cada uno de nosotros y de lo que nos comprometamos. Nos dijo que eso es muy importante, buscar la reconciliación. Y, como ha repetido en sus mensajes en México, no sólo de las víctimas, también con los que se han convertido en victimarios de sus hermanos.
Esa es una notoria preocupación del Papa: ¿Cómo rescatas a los que se han convertido en victimarios de otros? ¿Cómo? ¿Cómo volver a construir algo que permita que ellos también puedan entrar en la reconciliación? Que ese contexto de exclusión y desigualdad era caldo de cultivo para quedar atrapado en esas redes. ¿Y cómo rescatar a quien ha tomado decisiones de convertirse en victimario de sus hermanos?
Le entregamos un libro y un CD con todas las participaciones de la iniciativa #venfrancisco.org que a propósito de su visita lanzó nuestra Provincia, y nos lo agradeció.
Al final le pedimos que grabara un mensaje a los jesuitas de la Provincia mexicana, en el que nos confirmó nuestra misión. Nos dijo que siguiéramos trabajando por la dignidad de Jesús que está en cada hombre y mujer, que México tenía rostro joven, que México sufre pero es grande y tiene una riqueza impresionante y una historia original y casi única en América Latina. Nos dijo que rezaba por nosotros y nos pidió que rezáramos por él. “Tengan fe, no negocien al crucificado para que vivan mejor los que crucifican, manténgase trabajando, hagan oración, confíen en la Virgen de Guadalupe”. En una palabra: ‘métanle’, como un échenle ganas. Nos recordó que trabajáramos por la causa del Padre Pro y nos deseó que la Virgen de Guadalupe nos protegiera.
Una persona de la Nunciatura entró y con un gesto le avisó que era hora de cenar. Él le contestó con otro gesto, y se rieron. Entonces nos dijo de broma que ese era el lenguaje de sordomudos que usaban entre ellos.
Cuando nos tomamos la foto él decidió que fuera con la Virgen de Guadalupe en el centro. Cuando salíamos de regreso le dije, a pedido de las familias de los mineros de Pasta de Conchos, que al siguiente día conmemorarían los 10 años de la explosión, le expliqué rápido de su lucha por el rescate de los cuerpos de los mineros atrapados y le pedí que orara por ellos. Él se detuvo, me miró y me dijo que sí, que lo prometía y que les dijera que sigan haciendo lo que estaban haciendo y que Dios los bendiga.
Nos dio un rosario a cada uno y nos despidió.
Una reunión “como de hermanos”
Fue un encuentro más como de hermanos, fue como estar con un hermano mayor y con mucha experiencia y ternura platicar con él y sentir su cercanía, apoyo, fue muy bonito. Terminamos como a las 7:20 o 7:15. Duró poco más de media hora.
La impresión que me dejó fue que era un hombre muy cercano, muy humano, una persona muy lúcida, muy consciente de sus límites, de la realidad de su vida, de su misión y su encargo.
Es un hombre que sabe observar, que sabe escuchar. Cuando lo miras su voz está llena de recuerdos, y muy concretos, de personas muy concretas, que han hablado con él o se han cruzado con él. Me recordó un poema de (Pedro) Casaldáliga retomando un poema de San Juan de la Cruz que dice que en el crepúsculo de la vida nos examinarán por el amor, y Casaldáliga decía que entonces mostrará su corazón y estará lleno de nombres. Me parece que el corazón del Papa está lleno de nombres.
No es alguien que sabe de antemano, sino alguien que reflexiona, que va pensando las cosas, y hay cosas que ha reflexionado. Es un hombre que ha aprendido de la vida, es un hombre con experiencia de vida.
También se nota que es un hombre sencillo que relaja el ambiente en lugar de ponerlo tenso. Cuando llegó a la Nunciatura de inmediato provocó que se distensara el ambiente, les dijo algo, los hizo reír. Es algo característico de él. Nosotros mismos estábamos tensos, no sabíamos cómo iba a ser la reunión y él se encargo de hacernos sentir como en casa, de conversar como hermanos de cosas que a él y a nosotros nos interesan, y hablar de eso. No imaginaba un encuentro así, pensé que tal vez sólo él iba a hablar, que íbamos a escuchar, pero no fue así. Fue una conversación y bastante fluida.

Carta a Francisco*

13 febrero, 2016 // Publicado en APRO

 

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Estimado Papa Francisco:

No tengo el gusto de conocerlo personalmente, pero lo he seguido atenta desde su designación y encuentro noticias sobre usted casi a diario. Ahora que llega a México quisiera darle unos consejos que pueden servirle de guía.

La primera es que cuando asista a Palacio Nacional cuide su cartera. Desde hace tiempo ese lugar es una cueva de ladrones. Con tantas reformas estructurales si se descuida podrían cambiarle el ADN y someterlo a subasta con reglas no siempre claras.

No crea que le escribe una atea. Hasta la adolescencia quería ser monja y alimentar a niños hambrientos en la India, iba a misa a los domingos y marchaba contra el aborto. El periodismo me salvó del camino piadoso. Digamos que acercarme a cubrir a cardenales y obispos me hizo ver la luz, la cual estaba en otra parte.

Conocí a administradores de la Basílica de Guadalupe que no creían en la existencia de la Virgen, pero recibían las limosnas de sus peregrinos, constaté el lucro de las otras visitas papales y los golpes bajos en el Episcopado.

Obvio, entré en conflicto de fe. Era tan piadosa que me parecía de infieles entrevistar al cardenal Rivera al terminar su misa dominical, hasta que me acostumbré a mirarlo de cerca, lo que no gustó a uno de sus escoltas que me aplicó un toque eléctrico en una pierna. Ya ve, las trampas de la fe. Rivera era amigo del padre Maciel y es émulo del cardenal de Boston. Él también protegió a curas pederastas cambiándolos de destino. Pregúntele por el padre Nicolás, a ver qué cara pone, y en seguida pídale detalles de la boda de Peña y la Gaviota.

A pesar de la iglesia mi fe sigue viva gracias a curas, monjas, teólogos y laicos comprometidos que se juegan el pellejo en la Tarahumara, o viven con obreros que siempre pierden la partida, o comparten la suerte de los indígenas en los cafetales chiapanecos o con los despojados del mundo en las vías del tren.

Continúo entonces. Quizás no se dio cuenta, pero a los desaparecidos los desaparecieron de su agenda. Hubo polémica en los medios por esa decisión a contracorriente de las palabras de Jesús del “Dejad que se acerquen a mí”, pero los organizadores no dejaron ni primera fila a las miles de familias que viven el viacrucis cotidiano de buscar a un hijo. Usted conoce muchas, Argentina era nuestra referencia, pero hoy México es el foco de la epidemia con más de 27 mil personas que extrañamos.

Sé que irá a Ecatepec, territorio comanche ahora reconocido por la inseguridad y la desaparición y asesinato de niñas y adolescentes. En San Cristóbal de las Casas, por si no se enteró, hubo un intento de sentarlo con indígenas postizos y no con los catequistas que desde tiempos de Don Samuel sembraron la conciencia rebelde, y abrieron los ojos a otros de que pobreza no significa santidad y que no hay que esperar ser saciado en la Vida Eterna sino a construir la justicia en esta.

Encontrará a teólogos de la Liberación entre la tropa de la iglesia, como los curas villeros que conocía en Argentina, pero a pocos obispos con esa ideología, pues casi ni uno sobrevivió a la purga que hizo un nuncio amigo del poder y de varios poderosos.

No sé si le hablen de los sacerdotes y monjas que sufren, son perseguidos, y viven bajo amenaza en territorios donde el narco ordena y manda matar con facilidad. Seguro sabe que México es el país con más curas asesinados (nota: también existe una cacería en contra de periodistas; apenas ayer asesinaron a una reportera, se llamaba Anabel, era de Veracruz y mamá de dos niños).

Ciudad Juárez llegó a ser el epicentro del horror durante el inicio de nuestra “narcoguerra” y es el falso emblema de la reconstrucción. Aunque bajaron los homicidios aún no se reconstruyen los corazones.

Michoacán era un lugar pintoresco hasta el granadazo en una fiesta patria. Es cuna de los enfrentamientos de autodefensas contra narcotraficantes y lugar de la traición gubernamental porque, aunque a los primeros se les pidió volver a la vida civil, luego se les masacró.

Conociendo a los diplomáticos mexicanos sé que presionaron mucho para que usted vea el México maquillado. Pero como usted le encanta romper protocolos, por favor, hágase el perdedizo, meta reversa al Papamóvil, olvídese de su agenda, camine, coma tacos en alguna esquina (cuidado con el picante), métase a una cantina, recorra sin guías.

No se conforme con el México hospitalario de los mariachis, la piedad popular y los bailables. Este no es más el país de las cintas de Cantinflas, ahora se parece más a la película El Infierno, donde cadáveres dan la bienvenida en los puentes. Usted llega a un país donde la guerra no ha acabado porque no cambia la estrategia quesque “antidrogas” que causa tantas víctimas.

Cuando se vaya, por favor, hable de este país secuestrado por sus gobernantes y las mafias que cogobiernan. Y rece por nosotros.

*Texto publicado originalmente en máspormás

Carta a Francisco

10/02/2016 // Columna publicada en MásporMás

 

Estimado Papa Francisco:

No tengo el gusto de conocerlo personalmente, pero lo he seguido atenta desde su designación y encuentro noticias sobre usted casi a diario. Ahora que llega a México quisiera darle unos consejos que pueden servirle de guía.

La primera es que cuando asista a Palacio Nacional cuide su cartera. Desde hace tiempo ese lugar es una cueva de ladrones. Con tantas reformas estructurales si se descuida podrían cambiarle el ADN y someterlo a subasta con reglas no siempre claras.

No crea que le escribe una atea. Hasta la adolescencia quería ser monja y alimentar a niños hambrientos en la India, iba a misa a los domingos y marchaba contra el aborto. El periodismo me salvó del camino piadoso. Digamos que acercarme a cubrir a cardenales y obispos me hizo ver la luz, la cual estaba en otra parte.

Conocí a administradores de la Basílica de Guadalupe que no creían en la existencia de la Virgen, pero recibían las limosnas de sus peregrinos, constaté el lucro de las otras visitas papales y los golpes bajos en el Episcopado.

Obvio, entré en conflicto de fe. Era tan piadosa que me parecía de infieles entrevistar al cardenal Rivera al terminar su misa dominical, hasta que me acostumbré a mirarlo de cerca, lo que no gustó a uno de sus escoltas que me aplicó un toque eléctrico en una pierna. Ya ve, las trampas de la fe. Rivera era amigo del padre Maciel y es émulo del cardenal de Boston. Él también protegió a curas pederastas cambiándolos de destino. Pregúntele por el padre Nicolás, a ver qué cara pone, y en seguida pídale detalles de la boda de Peña y la Gaviota.

A pesar de la iglesia mi fe sigue viva gracias a curas, monjas, teólogos y laicos comprometidos que se juegan el pellejo en la Tarahumara, o viven con obreros que siempre pierden la partida, o comparten la suerte de los indígenas en los cafetales chiapanecos o con los despojados del mundo en las vías del tren.

Continúo entonces. Quizás no se dio cuenta, pero a los desaparecidos los desaparecieron de su agenda. Hubo polémica en los medios por esa decisión a contracorriente de las palabras de Jesús del “Dejad que se acerquen a mí”, pero los organizadores no dejaron ni primera fila a las miles de familias que viven el viacrucis cotidiano de buscar a un hijo. Usted conoce muchas, Argentina era nuestra referencia, pero hoy México es el foco de la epidemia con más de 27 mil personas que extrañamos.

Sé que irá a Ecatepec, territorio comanche ahora reconocido por la inseguridad y la desaparición y asesinato de niñas y adolescentes. En San Cristóbal de las Casas, por si no se enteró, hubo un intento de sentarlo con indígenas postizos y no con los catequistas que desde tiempos de Don Samuel sembraron la conciencia rebelde, y abrieron los ojos a otros de que pobreza no significa santidad y que no hay que esperar ser saciado en la Vida Eterna sino a construir la justicia en esta.

Encontrará a teólogos de la Liberación entre la tropa de la iglesia, como los curas villeros que conocía en Argentina, pero a pocos obispos con esa ideología, pues casi ni uno sobrevivió a la purga que hizo un nuncio amigo del poder y de varios poderosos.

No sé si le hablen de los sacerdotes y monjas que sufren, son perseguidos, y viven bajo amenaza en territorios donde el narco ordena y manda matar con facilidad. Seguro sabe que México es el país con más curas asesinados (nota: también existe una cacería en contra de periodistas; apenas ayer asesinaron a una reportera, se llamaba Anabel, era de Veracruz y mamá de dos niños).

Ciudad Juárez llegó a ser el epicentro del horror durante el inicio de nuestra “narcoguerra” y es el falso emblema de la reconstrucción. Aunque bajaron los homicidios aún no se reconstruyen los corazones.

Michoacán era un lugar pintoresco hasta el granadazo en una fiesta patria. Es cuna de los enfrentamientos de autodefensas contra narcotraficantes y lugar de la traición gubernamental porque, aunque a los primeros se les pidió volver a la vida civil, luego se les masacró.

Conociendo a los diplomáticos mexicanos sé que presionaron mucho para que usted vea el México maquillado. Pero como usted le encanta romper protocolos, por favor, hágase el perdedizo, meta reversa al Papamóvil, olvídese de su agenda, camine, coma tacos en alguna esquina (cuidado con el picante), métase a una cantina, recorra sin guías.

No se conforme con el México hospitalario de los mariachis, la piedad popular y los bailables. Este no es más el país de las cintas de Cantinflas, ahora se parece más a la película El Infierno, donde cadáveres dan la bienvenida en los puentes. Usted llega a un país donde la guerra no ha acabado porque no cambia la estrategia quesque “antidrogas” que causa tantas víctimas.

Cuando se vaya, por favor, hable de este país secuestrado por sus gobernantes y las mafias que cogobiernan. Y rece por nosotros.